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Vitivinicultura

A enero de 2014, los precios del vino siguen planchados y se agudiza la crisis

No importa el pronóstico de cosecha, la fuerte devaluación con inflación y la decisión del Gobierno de salir a comprar vino. Trasladistas y bodegas siguen pagando lo mismo que hace un año por el vino.
Por Federico Manrique
El pesimismo sobre el futuro de la industria vitivinícola pesa más que el contexto. El precio del vino sigue planchado como si nada hubiera pasado en el último año, agudizándose el conflicto entre productores, bodegas y trasladistas; y poniendo en riesgo a futuro la continuidad en cantidad y calidad del eslabón más débil de la cadena: la producción de uvas.

El cóctel de caída en la producción de uvas, fuerte devaluación del peso con alta inflación y operativo de compra de uva por parte del Gobierno no logra reanimar a un mercado que sigue pagando lo mismo por el vino de lo que se pagaba hace exactamente un año.

Según datos de la Bolsa de Comercio de Mendoza, el único organismo que releva mensualmente los precios de compra y venta de vinos que se hacen en la provincia, el precio del vino está planchado.


En enero de 2013, el precio promedio mensual de venta de un litro de vino tino era de $2,53. A enero de 2014, el valor promedio mensual es de $2,49. Se está pagando menos por el vino tinto de lo que se pagaba hace exactamente un año.

Con el vino rosado pasa prácticamente lo mismo. En enero de 2013 el valor promedio mensual por litro era de $1,87, mientras que ahora es de $1,99. En cuanto a los blancos, en enero de 2013 se pagaba en promedio $1,94 y a enero de 2014 se pagan $2,09.

Incluso con los varietales la tendencia se repite. El caso emblemático es el Malbec. En enero de 2013 el precio promedio mensual por litro vendido era de $3,42, mientras que en enero de 2014 se pagó $3,68.

Lo crítico de esta situación es que el estancamiento del precio del vino a lo largo del último año choca de lleno contra un contexto económico marcado por la aceleración de la inflación, la suba constante en el costo de los insumos de producción, la devaluación del peso frente al dólar y hasta con la decisión del Gobierno de Mendoza, anunciada por el ministro de Agroindustria, Marcelo Barg, de salir a comprar vino a entre $2,70 y $3 el litro para tratar de hacer subir los precios (ver los mensajes en Twitter). 


Incluso el mercado del vino sigue al margen de un pronóstico 2014 que prevé una cosecha de 23,3 millones de quintales de uva, lo que representa una disminución del 19% con respecto a lo cosechado en 2013. Sólo para Mendoza, se espera una producción de 16,5 millones de  quintales lo que significa una caída del 17% con respecto a la cosecha 2013. Y estas no son cifras definitivas, ya que resta el ajuste de febrero en el pronóstico de cosecha y el impacto de eventuales accidentes climáticos sobre la producción de uvas 2014.

Como sea, en las bodegas y trasladistas de vinos está primando el pesimismo a la hora de hacer negocios. En la ecuación económica está pesando más la fuerte caída en las exportaciones y el temor a un estancamiento en el consumo interno (menor demanda) antes que un eventual recorte en la oferta. Por eso los precios del vino se mantienen estancados.

Basta mencionar un dato: El 2013 cerró con una baja en la comercialización de vinos (exportaciones más despachos al consumo interno) del 1,47% en volumen. Sólo las exportaciones cayeron 13,84% en volumen frente al total de 2012, según datos del INV.

La contracara de esto es el impacto que tiene el estancamiento de precios del vino (y por consiguiente de la uva) sobre el productor primario, ya que en el actual contexto económico esto genera desfinanciamiento, precarización, pérdida de calidad en la uva por la imposibilidad de realizar las labores correspondientes e, incluso, la posible desaparición de productores.

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