En Argentina, en cambio, este nivel de crecimiento se dio en cada año, acumulando en toda la década un salto de 15 puntos del PBI. De un tamaño similar al de Uruguay y por debajo de Brasil, actualmente Argentina es el país con el sector público más grande del Cono Sur.
De todas formas, hay países muy avanzados, como los nórdicos, donde el tamaño del Estado es mayor que en Argentina. La gran diferencia es que en la Argentina el agigantamiento del sector público se dio junto con el empeoramiento en la gestión de los servicios que brinda el Estado. De allí la frustración y los legítimos reclamos de la población, señala el informe de IDESA.
Financiamiento inflacionario
Una de las manifestaciones del deterioro del Estado es la creciente apelación a la inflación como forma de financiamiento. Aunque la presión tributaria creció a niveles récords, no alcanza para financiar el gasto público total. Por eso se recurre a la emisión monetaria sin respaldo a la que se le sumarían las provincias emitiendo cuasi-monedas. La consecuencia es que desde hace 5 años las tasas de inflación de Argentina son superiores al 20% anual cuando en los países vecinos se ubican entre el 4% y el 8% anual.
Otra manifestación del deterioro es la mala calidad de los servicios que brinda el Estado. Los testimonios son generalizados y en muchos casos dramáticos. La huida de la educación pública es vertiginosa, al punto que 8 de cada 10 nuevos alumnos de primaria y secundaria optaron, en la última década, por establecimientos de gestión privada. En materia de seguridad sigue creciendo la contratación de servicios privados y parte de la población se arma para auto-defenderse de la inseguridad. La insuficiente inversión en infraestructura ha generalizado la auto-generación de electricidad, incluso para el consumo familiar. Lo más paradójico es la elevada proporción de la población que sigue viviendo en la pobreza, cuando el Estado maneja casi la mitad de los recursos de la sociedad.
El debate ideológico sobre el tamaño del Estado es estéril. No es por insuficiencia de recursos sino por insuficiencia de gestión que el Estado fracasa en ofrecer educación, seguridad e infraestructura y no logra eliminar la pobreza. Por eso, el debate relevante pasa por introducir inteligencia, transparencia y profesionalidad en la gestión pública.