23 de junio de 2026
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Para tener en cuenta

¿Quién es Pepe Mujica?

El periodista uruguayo Walter Pernas logra un retrato insólito -por vívido, colorido- del actual presidente del país hermano.

Por Sección Cultura

El libro, publicado por la casa Aguilar, lleva una cita de Emiliano Zapata y un saludo del propio biografiado donde confiesa que abomina del tango y de la nostalgia, pero que la lectura de estas páginas lo conmovieron.
 
Pernas es licenciado en comunicación, y periodista del semanario Brecha y de las radios AM Libre y radio Uruguay. Publicó La caída. El dictador Bordaberry y su canciller preso y Amores y balazos en tiempos de Gardel y del primer campeón sudamericano de fútbol 1916.
 
T : ¿Cuál es la formación ideológica de Mujica?
P : Mujica fue antes que nada, un anarquista. Se hizo al influjo de las grandes luchas sindicales de los obreros de la carne, cuyos gremios en Uruguay eranautónomos -no pertenecían a ninguna central sindical de las que había a mitad del siglo XX- y de neta extracción ácrata. Él acompañaba las movilizaciones como un joven interesado en la lucha social. Aunque no era obrero de la carne, vivía en el Paso de la Arena, una zona junto con la del Cerro donde el trabajo en los frigoríficos marcaba una gran influencia en las economías de las familias lugareñas. Se hizo militante blanco -del tradicional Partido Nacional, cuyos máximos caudillos eran el revolucionario Aparicio Saravia, y el ya viejo Luis Alberto de Herrera-, pero siguiendo los lineamientos de un diputado outsider del mundo político clásico y de sus correligionarios nacionalistas como fue Enrique Erro, un defensor a ultranza de la clase obrera. Como secretario de la Juventud de Erro conoció Cuba, apenas el triunfo del 26 de Julio, y se enamoró de la revolución como el camino para la libertad de los pueblos latinoamericanos; y en la Unión Soviética vio y repudió la burocracia de un modelo anquilosado, pero se maravilló con las posibilidades y el empuje del pueblo chino, a una década del triunfo de Mao. Su ideología mezcla todos estos elementos para convertirse en un revolucionario de mente muy abierta, para nada ortodoxo, donde la lucha por el más pobre siempre está presente, pero sin descuidar el desarrollo de la industria. En esos momentos era un estudioso de las viejas acciones del grupo nacionalista, antiimperialista y antioligárquico FORJA, cuyo principal exponente era Arturo Jauretche, quien en los 40 alzaba una bandera con la consigna:Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre. Esa Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, de la cuál surgieron muchos peronistas, y luego antiperonistas, impulsaba un antiimperialismo concreto contra el avasallamiento de los ingleses. Mujica coincidía además con el llamado de Jauretche de 1955 a superar toda bandería y todo sectarismo para defender la industria y el agro nacional junto al poder de compra de las masas populares, porque de sucumbir esos dos sectores productivos ante el coloniaje, los trabajadores ya no tendrán ni para pagarse la comida. Varios conceptos de este argentino revisionista -que Pepe los ubicaba dentro de una lógica marxista- le parecían acertados, aunque en forma paradójica lo acusaran de derechista por ello. Así, Mujica concebía que la nación, y no sólo la clase trabajadora, debía enfrentar al imperio. Y que para ello es necesario una profunda crítica ideológica del viejo orden, destruir mitos que alejan a las clases medias de los trabajadores, y aglutinar a todos en una gran fuerza nacionalista contra la oligarquía y el imperialismo. Pero también entendía que no era sencillo lograr que la burguesía fuera progresista y se involucrara en esa lucha, sin pisar la cabeza a los trabajadores al menor descuido. Hoy, con la globalización y el avance feroz de las multinacionales, Mujica no puede quedar al margen de estos movimientos del mercado global. Se le cuestiona ceder ante ciertos grandes grupos internacionales, pero más allá de aciertos o errores en ese sentido, no puede decirse que su intención sea la de favorecer a los poderosos, sino la de moverse por el trabajo para la gente del pueblo uruguayo. Y quizás, como dice él, para ello se debe tragar sapos y culebras. Ya lleva unos cuántos en la panza…
 
T : ¿Qué hereda, desde ese punto de vista, de su familia, y cómo completa, en el contexto que le toca, su educación sentimental?
P : De su familia hereda la pujanza del trabajador del campo, de los Cordano, unos tanos piamonteses que llegaron con una parra bajo el brazo a la Colonia Estrella, muy cerca de la ciudad de Carmelo. Y también la agudeza de la mirada política. Su madre, doña Lucy, era una dirigente política de barrio, de gran capacidad para analizar la coyuntura política y prever situaciones. Blanca hasta la médula, seguidora de Erro, y dueña de la famosa frase Mi hijo va a ser presidente de la República. Lo decía en el barrio cuando Pepe tenía apenas 12 años. No sé si el sentimiento se educa. Mujica es un tipo muy sensible. Amante de la naturaleza, casi panteísta. Y con una sensibilidad especial por ayudar al ser humano, lo primero para él es el ser humano, su integridad. Luego todo lo demás.
 
T : El paso al MLN-Tupamaros, ¿estaba cantado, por decirlo así, para cierto sector de la izquierda uruguaya? ¿Cómo es ese proceso? ¿Y cómo soporta el actual presidente de tu país la impunidad (si es que es tal) de las fuerzas represoras, que si mal no recuerdo, no fueron juzgadas por delitos de lesa humanidad?
P : El proceso tupamaro está inscripto en el contexto de la revolución latinoamericana que comienza a ver la luz con Cuba, Fidel y el Che… La izquierda ortodoxa -Partido Socialista y Partido Comunista- contaba con muy pocos votos en Uruguay, y los jóvenes como Pepe no veían la posibilidad de cambio a través de las urnas. El enamoramiento de la revolución es preponderante en este proceso. Pero los tupamaros lo hacen con sello propio al pregonar e intentar, con éxito, la guerrilla urbana. Hubo un momento en que demasiados jóvenes querían ser tupamaros, y el crecimiento fue tan grande como incontrolable, y eso jugó muy en contra del triunfo revolucionario. En una carta desde la cárcel, Mujica le escribe al líder revolucionario Raúl Sendic que eran grandes pero no fuertes, como un elefante. Mujica valora en la cárcel que el odio no sirve para seguir adelante en política. Lo dice en el primer gran discurso que da al salir de la cárcel, en el club Platense Patín Club. Con ello trata de que no se tomen represalias contra los militares, porque eso no ayuda en el momento de una democracia floreciente. La lucha contra la impunidad de los militares, no tendrá a la mayoría de los tupamaros en primera línea. Los casos son aislados, es un tema filosófico.

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