Esta situación se agudizó sustancialmente en lo que va del 2013, debido a que la asistencia al Tesoro ($46.715 millones a octubre) representó un 108% más que la expansión total de la base monetaria y un 98% de la emisión para el fisco de todo el 2012 ($47.495 millones). Esto implica que para llevar la base monetaria al nivel que se observa en la actualidad, el Banco Central tuvo que recurrir a mecanismos para absorber los pesos creados para el Sector Público.
Es necesario remarcar, advierten los economistas del IARAF, que la principal diferencia que posee la emisión para asistir al Sector Público respecto de la emisión para comprar divisas, es que el primero no tiene respaldo en dólares. En efecto, se produce una combinación claramente negativa: se emiten cada vez más pesos sin respaldo para financiar al Sector Público y, a la vez, se usan reservas para varios fines, entre otros para pagar servicios de la deuda.
En consecuencia cada vez hay más pesos por cada dólar de reserva, lo que acrecienta la expectativa de devaluación del peso, presiona sobre el dólar paralelo y además sobre todos los bienes que son hoy sustitutos del dólar como los autos importados y el turismo. Esto actúa negativamente sobre el saldo de balanza comercial y reactiva el problema de flujo de dólares genuinos.
Sin ninguna duda, el problema de fondo es el abultado déficit fiscal, que conjuntamente con la presión tributaria más alta de la historia argentina también requiere de una emisión de dinero cada vez más relevante. Desde el punto de vista de la estabilidad económica, la evidencia existente en nuestro país demuestra que no es en absoluto un tema indiferente emitir para financiar al fisco. Y menos aún cuando paralelamente se usan reservas (y caen) para financiar pagos de deuda del mismo fisco.