Arturo Pérez Reverte narra el accionar de los artistas de grafiti en una trama que, si bien entreteje elementos ficcionales, es el resultado de un trabajo de investigación de más de un año.
El autor de "Las aventuras del capitán Alatriste" se lanza al retrato de esos escritores de paredes obsesionados por dejar su impronta en muros y sitios visibles desde una perspectiva que antepone la comprensión por sobre la condena de una modalidad catalogada a veces de vandálica.
La novela está centrada en Lex, una especialista en arte urbano a quien le encomiendan localizar a un grafitero muy famoso para proponerle una exposición que le dará dinero y prestigio en el mundo del arte.
Sniper, el artista en cuestión, mantiene su rostro en absoluto anonimato y ha tenido algún que otro tema con la ley desde la muerte accidental de uno de sus seguidores, cuyo padre lo acusa de ser el responsable.
En ese punto "El francotirador paciente", editado por Alfaguara, entreleza dos pesquisas simultáneas, la de la experta que debe hallar a Sniper y la de un sicario contratado por el padre del joven muerto con la finalidad de "ajusticiar" al genio del graffiti.
La búsqueda le depará a la protagonista un destino itinerante que la llevará de Madrid a Lisboa y de Verona a Nápoles, en su intento por descifrar los móviles del artista solitario.
Como buen corresponsal de guerra -oficio que abandonó formalmente pero cuyas estrategias no olvida a la hora de encarar una nueva obra-, Pérez Reverte se internó durante meses en este universo singular hasta dar con los hábitos y secretos de los artistas callejeros, a los que describe como meticulosos y con una planificación estricta a la hora de encarar sus trabajos.
"En algunos grafitis he encontrado un arte más auténtico y sincero, más respetable a veces que el de ciertas galerías", aseguró en una entrevista reciente el autor de "La tabla de Flandes" a propósito del mundo que retrata en su nuevo libro, lanzado apenas un año después de la novela "El tango de la Guardia Vieja".
El escritor considera que la práctica del grafiti está tan asociada al vandalismo como al arte, pero lo que más le interesa es su condición de mundo fascinante y portador de una épica retorcida y singular.
Así, "El francotirador paciente" equipara el mundo del grafiti como el de la guerrilla urbana: "la parte más radical del grafiti linda con la guerrilla urbana -explica-. Ese sector más agresivo ve sus acciones como una batalla contra la sociedad y emplea palabras como bombardeo, ataque, misión Moviéndome con ellos, con esos grafiteros, he recordado mi época de corresponsal de guerra.