Apenas horas después del triunfo legislativo de La Libertad Avanza y Javier Milei, los mercados parecen calibrar y volver a la realidad con el riesgo país subiendo 200 puntos y el dólar rozando los 1500 pesos. En ese contexto, el sector empresario de las finanzas también recalibra y, mientras crece la morosidad de los ciudadanos, la fintech bancaria Ualá anunció el despido de 135 empleados, de los cuales 110 corresponden a la Argentina.
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Tras el triunfo de Milei, Ualá despide 110 trabajadores en Argentina
Ualá despidió 135 empleados en Argentina y México en busca de “eficiencia regional”, mientras crece la tensión entre innovación y empleo.
Un contexto de euforia financiera
Mientras los mercados salen de la borrachera y comienzan a calibrar la realidad política y económica de Argentina, el riesgo país recuperaba 200 puntos de los perdidos ayer, ubicándose al arranque en los 800 puntos básicos, y el dólar Banco Nación arañaba los 1500 pesos. El JP Morgan mejoró sus proyecciones para la Argentina. La contracara era la noticia de Ualá, que trajo dos lecturas rápidas: una, que comenzaba a primar la cautela; y la otra, que los empresarios ponían en marcha la reforma laboral de facto.
Una reestructuración “eficiente”
La empresa fundada por Pierpaolo Barbieri (uno de los aliados empresariales de Javier Milei) informó que la decisión responde a un proceso de “búsqueda de mayor eficiencia regional” y a la automatización de tareas en distintas áreas. En total, la reducción alcanzó al 8% de su plantilla y, según voceros de la firma, no habrá nuevas rondas de despidos. Los empleados afectados recibieron acuerdos por encima de los requisitos legales, según confirmaron fuentes empresarias.
La medida no es inédita. En mayo de 2024, la fintech ya había recortado un 9% de su personal, equivalente a 140 trabajadores, tras la compra e integración de Wilobank (que era propiedad de Eduardo Eurnekian y que gerencio en su creción Guillermo Francos) en Argentina y ABC Capital en México. Aquella reestructuración buscó eliminar duplicaciones de funciones y optimizar costos luego de un ciclo de expansión regional acelerada.
En esta oportunidad, Ualá insiste en que la decisión es transversal, sin concentrarse en áreas específicas, y que busca “lograr una estructura más ágil y eficiente para afrontar un mercado cada vez más dinámico”.
La paradoja del progreso
El caso de Ualá pone de relieve las tensiones propias del modelo fintech. Fundada con el propósito de democratizar el acceso financiero mediante tecnología digital, la empresa representa una de las historias de mayor éxito en el ecosistema emprendedor argentino. Desde su creación, ofreció a los sectores no bancarizados la posibilidad de obtener una tarjeta Mastercard prepaga vinculada a una aplicación móvil, sin necesidad de acudir a una sucursal bancaria.
El proyecto atrajo inversiones internacionales, entre ellas las del fondo de George Soros, y convirtió a Barbieri en una figura emblemática del nuevo capitalismo tecnológico argentino. Con operaciones en Argentina, México y Colombia, y una valuación que supera los 2.700 millones de dólares, Ualá forma parte del grupo de “unicornios” nacionales que impulsan la digitalización del dinero y la inclusión financiera.
Sin embargo, los recientes recortes exponen el contrapunto entre la innovación y el empleo, un dilema que atraviesa al sector. El avance de la automatización y la inteligencia artificial en los servicios financieros promete eficiencia, pero también genera desplazamientos laborales que reavivan el debate sobre el impacto social del progreso tecnológico.
Entre el discurso de Javier Milei y la realidad
En noviembre del año pasado, el presidente Javier Milei visitó las oficinas de Ualá y elogió a la empresa como “modelo para toda la región”, destacando su papel en la expansión del crédito y la digitalización de los ingresos populares. “Todo lo que queda por delante es para arriba”, aseguró entonces el mandatario, al anunciar la ronda Serie E de inversiones de la fintech por 300 millones de dólares.
No obstante, apenas unos meses después, el panorama muestra señales más ambiguas. La búsqueda de eficiencia y el ajuste de personal parecen poner a prueba la narrativa del crecimiento sin fricciones. En el fondo, la decisión de Ualá resume uno de los grandes desafíos de la economía contemporánea: cómo conciliar la competitividad tecnológica con la estabilidad laboral en un contexto donde el cambio ya no se mide por décadas, sino por algoritmos, a lo cual se le agrega el contexto argentino de caída del consumo, endeudamiento masivo de sus ciudadanos y una volatilidad financiera que muchas veces (como en este caso) es promovida por quienes después la terminan sufriendo.