Cada equipo posee una capacidad de cobertura estimada entre cinco y siete hectáreas, lo que amplía significativamente el área protegida sin necesidad de realizar instalaciones permanentes.
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Los ventiladores que dispersan el calor en varias hectáreas
Entre sus principales ventajas figura la movilidad. Al no requerir obras civiles ni estructuras fijas, el productor puede reorganizar el uso del predio o trasladar el equipo de acuerdo con las exigencias de cada temporada.
La tecnología también incorpora herramientas de gestión remota. A través del sistema Smart Connect, es posible controlar funciones como encendido, apagado, desplazamiento y regulación térmica desde dispositivos móviles. Incluso permite programar respuestas automáticas cuando la temperatura alcanza determinados umbrales críticos, reduciendo la necesidad de supervisión permanente durante la noche.
Otro aspecto destacado es la eficiencia energética. La optimización del consumo de combustible contribuye a disminuir los costos operativos y, al mismo tiempo, reduce el impacto ambiental asociado a las tareas de protección.
La experiencia acumulada en establecimientos del Valle de Uco evidencia un creciente interés por estas soluciones, especialmente en cultivos de alto valor agregado como la vid, aunque también se utilizan en manzanos, perales, ciruelos, nogales y diversas producciones hortícolas intensivas.
La búsqueda de mayor eficiencia también alcanza otras labores agrícolas. En ese sentido, Lucas Gilbert, gerente de Agrocosecha, destacó la versatilidad de los nuevos sistemas de intercepas.
“Este equipamiento dispone del sistema Fast Connection, una innovación que permite montar e intercambiar más de 40 herramientas agrícolas diferentes sobre un mismo chasis en un tiempo inferior a los cinco minutos. Con cabezales fabricados en materiales antidesgaste de alta resistencia y la posibilidad de acoplamiento tanto frontal como trasero, el sistema optimiza la labranza y el control de malezas sin recurrir a herbicidas químicos”, explicó.
El riego por aspersión como herramienta de defensa
Otra tecnología que gana protagonismo es el riego por aspersión antiheladas. Desde Grupo Halpern destacan que se trata de uno de los métodos más efectivos para mitigar los daños ocasionados por temperaturas extremas.
Su funcionamiento se basa en el principio físico conocido como calor latente de solidificación. Cuando el agua aplicada sobre la planta se congela, libera energía térmica que ayuda a mantener los tejidos vegetales cerca de los cero grados centígrados, evitando daños más severos.
Además, la capa de hielo que se forma sobre hojas, flores y frutos actúa como una barrera aislante que protege la estructura interna de la planta frente al congelamiento.
Según explican desde la empresa, esta tecnología puede brindar protección efectiva incluso ante temperaturas muy bajas y presenta la ventaja de adaptarse a sistemas de riego ya existentes en las fincas.
Entre sus beneficios sobresalen los menores costos energéticos y operativos en comparación con otros métodos activos de defensa. La automatización permite que el sistema se active únicamente cuando las condiciones climáticas lo requieren, optimizando recursos y reduciendo la intervención manual.
Asimismo, contribuye a prevenir tanto la deshidratación celular provocada por el congelamiento como las quemaduras por oxidación que suelen aparecer en los días posteriores a una helada intensa.
Los especialistas remarcan que cada proyecto debe diseñarse de manera específica según la topografía, la disponibilidad de agua, el tipo de cultivo y las condiciones meteorológicas locales.
“Las heladas representan una de las principales amenazas para la producción agrícola; contar con un sistema de mitigación adecuado permite resguardar la inversión del productor y asegurar la calidad y el volumen de la cosecha”, señalaron desde Grupo Halpern.
Mantas térmicas: una alternativa de protección pasiva
Junto con las soluciones mecánicas y los sistemas de riego, las mantas térmicas continúan consolidándose como una herramienta de protección pasiva frente a eventos climáticos extremos.
Las heladas tienen la particularidad de afectar simultáneamente grandes superficies productivas. En ese contexto, las coberturas agrícolas permiten reducir riesgos y mejorar la sustentabilidad de los cultivos.
Juan Ignacio Losada, gerente industrial de Agrinet, explicó que la adopción de esta tecnología ha crecido durante los últimos años debido a la mayor frecuencia de fenómenos climáticos adversos.
“Las mantas térmicas permiten generar una barrera física que reduce la pérdida del calor acumulado durante el día y ayuda a elevar algunos grados la temperatura alrededor de la planta durante la noche”, afirmó.
El sistema funciona reteniendo parte de la energía térmica acumulada durante las horas diurnas y creando un entorno más favorable para el cultivo en los momentos de mayor descenso térmico.
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Las mantas térmicas conservan el calor del suelo contra las heladas
Si bien su efectividad depende de la intensidad de la helada y del manejo agronómico aplicado en cada establecimiento, los especialistas coinciden en que puede resultar determinante para preservar la producción.
“En muchos casos, esta protección puede significar la diferencia entre conservar una producción o perderla por completo”, sostuvo Losada.
Además de su función antiheladas, estas coberturas aportan beneficios complementarios. Contribuyen a mejorar el crecimiento en etapas tempranas, reducen el estrés de las plantas y, en algunos cultivos, permiten adelantar cosechas.
Experiencias desarrolladas en distintas regiones de Chile, particularmente en arándanos, han mostrado resultados positivos en términos productivos y comerciales.
Una nueva lógica de inversión para el agro
La creciente recurrencia de fenómenos climáticos extremos está modificando la forma en que los productores evalúan las inversiones destinadas a la protección de los cultivos.
Para Losada, el escenario actual obliga a incorporar estas herramientas dentro de la planificación habitual de las explotaciones agrícolas.
“Hoy la agricultura enfrenta una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, ya sean sequías, inundaciones, heladas o granizos. Por eso, las soluciones de protección ya no deben considerarse un gasto extraordinario, sino una inversión necesaria para asegurar productividad, calidad y rentabilidad”, concluyó.
La protección frente a las heladas dejó de ser una respuesta ocasional ante contingencias climáticas para convertirse en un componente central de la gestión del riesgo agrícola. En Mendoza, donde el clima puede definir en pocas horas el resultado económico de toda una temporada, la incorporación de equipos móviles generadores de microclimas, sistemas de riego automatizados y mantas térmicas refleja una tendencia cada vez más consolidada: utilizar la innovación tecnológica como herramienta para preservar la producción, mejorar la competitividad y aportar mayor previsibilidad a la actividad agropecuaria.