La reciente revelación del diario The New York Times sobre la prolongada estadía del multimillonario tecnológico Peter Thiel en la Argentina y la idea del gobierno de Javier Milei de entregar un Pasaporte Dorado a magnates inversores ha puesto de manifiesto la idea libertaria de configurar el país como un potencial santuario para los grandes magnates del capital global.
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Peter Thiel, Milei y el Pasaporte Dorado: el debate sobre los ultrarricos en Argentina
Peter Thiel, Javier Milei y la idea del Pasaporte Dorado reabren el debate sobre ultrarricos, soberanía nacional y poder tecnológico en Argentina.
Este escenario local se enmarca en un debate internacional ineludible acerca del trato que las naciones deben dispensar a los ultrarricos.
En el ámbito doméstico, esta misma discusión encuentra su propio reflejo en la figura de Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre, consolidando una narrativa donde el poder económico desafía (¿o capta?) las estructuras estatales tradicionales.
Las razones de Peter Thiel para instalarse en el país
El caso de Thiel ilustra las motivaciones de una élite tecnológica que busca evadir tanto las presiones fiscales como los riesgos globales. Cofundador de PayPal y creador de Palantir, la empresa de seguridad y cruce de datos utilizada por estados como Estados Unidos e Israel, así como por agencias de control migratorio, Thiel llegó a la Argentina guiado por tres razones fundamentales, según el diario norteamericano.
En primer lugar, busca refugio ante el análisis de un nuevo impuesto a los ultrarricos en California, su lugar de residencia habitual.
En segundo término, considera al país sudamericano como un espacio seguro frente a la amenaza de una guerra nuclear y el eventual descontrol de la inteligencia artificial.
A estas motivaciones se suma una peculiar convicción personal: el magnate, poseedor de una fortuna estimada en 28.000 millones de dólares, está obsesionado con la posible llegada del Anticristo, de lo cual ha hablado más de una vez públicamente.
Reuniones con funcionarios y expansión patrimonial
Lejos de mantener un perfil bajo, Thiel ha organizado encuentros en su residencia comprada por más de 10 millones de dólares en Barrio Parque, con empresarios, economistas y funcionarios del gabinete nacional, como el ministro Federico Sturzenegger, quienes escuchan sus apocalípticas teorías sin plantear objeciones, aseguran los redactores del New York Times.
Su fascinación por el país es evidente; no solo asiste a partidos de fútbol y juega torneos de ajedrez en el club de Almagro, de donde salió Faustino Oro, además adquirió otra mansión en Bariloche y una residencia en Uruguay, y ya inscribió a sus hijas en un colegio local.
El “Pasaporte Dorado” y el Super RIGI
Frente a esta presencia estelar, han surgido versiones en el entorno del magnate que indican que el gobierno argentino analizaría otorgarle un "pasaporte dorado", una ciudadanía acelerada a cambio de inversiones, modelo que podría extenderse a otros inversores globales.
Desde el gobierno han desmentido un ofrecimiento directo, pero confirman que existe la posibilidad de implementar este tipo de políticas, enmarcadas en normativas de Naciones Unidas, lo que abre la puerta a futuras inversiones en centros de datos o contratos para el manejo de información oficial. Una idea que parece complementarse de maravillas con el anuncio del Super RIGI.
Riqueza, democracia y un debate abierto
Para Thiel, quien sostiene que la democracia y la libertad son incompatibles y que la tecnología debe imponerse sobre la política, Argentina representa hoy un terreno fértil, mientras el país y su dirigencia se encuentran ante una encrucijada estratégica: la necesidad de definir cómo el Estado debe relacionarse con los ultrarricos y los monopolios tecnológicos se perfila como uno de los desafíos políticos más complejos de la actualidad.
Ya sea celebrando el éxito de estas plataformas o exigiendo regulaciones estrictas para proteger a los ciudadanos, la presencia de figuras como Thiel, Galperín o tantos otros obliga a la Argentina a debatir, en el corto plazo, los límites entre la soberanía nacional y el poder irrestricto del capital global.
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