Monotributo: cuánto deberían aumentar los aportes para financiar la jubilación mínima
Un informe del IERAL analiza los aportes de monotributistas, su capacidad para financiar una jubilación mínima y las alternativas para reformar el sistema SIPA.
El aporte del monotributo no cubre la jubilción del aportante según una simulación de la Fundación Mediterránea
Ningún aportante del monotributo, sin importar la categoría en la que esté inscripto, lograría reunir con sus aportes un fondo capaz de sostener una jubilación equivalente al haber mínimo vigente. Esa es la conclusión de una simulación que aplica, a los 2,2 millones de trabajadores independientes que hoy aportan al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) bajo este régimen, la lógica de un sistema de capitalización individual: cada persona cobra, en su etapa pasiva, exactamente lo que acumuló durante su vida activa.
La conclusión surge de una simulación del área fiscal del IERAL de la Fundación Mediterránea.
Un régimen pensado para simplificar, no para financiar
El Monotributo fue concebido como una herramienta de formalización para trabajadores independientes de bajos ingresos. Reemplaza el IVA, el impuesto a las Ganancias y los aportes previsionales y de obra social por una cuota fija mensual, dividida en tres componentes (impositivo, previsional y de salud) que se calculan según categorías que van de la "A" a la "K". El encuadre en cada una depende de los ingresos brutos, pero también de variables como la superficie del local, el consumo eléctrico o los alquileres devengados.
De los 4,8 millones de monotributistas registrados, 2,8 millones están activos en el SIPA y 2,2 millones efectivamente aportan. El régimen está fuertemente concentrado en la base de la pirámide: el 55% pertenece a la categoría A, y si se suman las categorías A, B y C, la proporción trepa al 78% de los activos.
La cuota fija, medida como porcentaje del ingreso, tiene un comportamiento particular. En servicios, representa el 9,9% del ingreso medio en la categoría A, baja hasta un piso del 3,7% en la D y vuelve a subir hasta el 16,7% en la K. En la venta de bienes muebles el recorrido es más moderado: del 9,9% inicial cae a 4,6% en la B y sube a 7,3% en la K. En las categorías bajas, el mayor peso corresponde a la obra social; en las altas, al componente impositivo, sobre todo por Ganancias.
El componente previsional resulta, en cambio, llamativamente bajo frente al de otros regímenes. Mientras un monotributista de las categorías A a G destina entre el 3,6% y el 1,0% de sus ingresos a la jubilación futura, un asalariado formal aporta el 11%. Recién en la categoría K la brecha se achica (1,6% contra 6%), porque entra en juego el tope al aporte personal del trabajador en relación de dependencia. En promedio, el aporte personal equivale al 11% del ingreso para un salario formal, al 5% para un autónomo y a apenas 1,1% para un monotributista.
Esa combinación (montos bajos por categoría y una fuerte concentración en los tramos inferiores, muchas veces asociada a la subfacturación) explica por qué el régimen aporta poco a las arcas públicas: 0,16% del PBI en 2026, contra un máximo de 0,22% en 2012 y un piso de 0,07% en 2023.
Un trabajo de la Fundación Mediterránea cuestiona la relación del monotributo con la jubilación de los futuros aportantes
Lo que dejaría la vida laboral en una cuenta individual
Para dimensionar el problema, el trabajo del IERAL simuló cuánto acumularía un monotributista de cada categoría a lo largo de su vida laboral y qué renta vitalicia podría financiar esa suma una vez jubilado, contemplando la esperanza de vida posterior al retiro: 15,9 años para los hombres desde los 65 y 23,8 años para las mujeres desde los 60, más 12,3 años de pensión para el cónyuge supérstite en caso de fallecimiento del titular. El ejercicio contempla dos escenarios de rendimiento: uno en el que el fondo solo se actualiza por inflación y otro en el que rinde dos puntos reales por encima de ella.
Los números, en el escenario más conservador, son elocuentes. Un hombre de la categoría A con 30 años de aportes acumularía apenas lo suficiente para cubrir el 7% de la jubilación mínima actual ($489.776 en agosto, bono incluido); con 40 años de aportes, el 9%. Si deja pensión a su cónyuge, ese fondo cubre el 5%. Una mujer de la misma categoría, que se jubila antes y vive más años, llega al 4% con 30 años de aportes y al 6% con 40.
La categoría K, la más alta de la escala, mejora el panorama sin resolverlo: un hombre con 30 años de aportes cubriría el 56% del haber mínimo, y el 75% con 40 años; con pensión al cónyuge, el 41%. Una mujer de categoría K alcanzaría el 38% con 30 años y el 50% con 40. En ningún caso, con ninguna combinación de categoría, sexo o años de aporte, el fondo acumulado alcanza siquiera para cubrir la Prestación Universal del Adulto Mayor, que en agosto fue de $405.821 con bono incluido.
Con el escenario más optimista (dos puntos reales de rendimiento anual), el panorama mejora, pero sigue siendo excepcional: solo los hombres de categoría K con 40 años de aportes superarían la jubilación mínima (138%, o 105% si dejan pensión), y las mujeres de esa misma categoría con igual cantidad de años llegarían al 99%. Para alcanzar la PUAM con ese rendimiento hacen falta, también, 40 años de aportes en la categoría K.
Lo que costaría cerrar la brecha
Según el informe, para que un monotributista de categoría A con 40 años de aportes y un rendimiento real del 2% anual acumule un fondo equivalente a la jubilación mínima, sus aportes previsionales mensuales deberían multiplicarse: un 778% en el caso de las mujeres (de $18.247 a $160.298) y un 725% en el de los hombres que dejan pensión (de $18.247 a $150.600).
El impacto fiscal de una corrección de ese tipo también es significativo. Hoy, los aportes de los monotributistas al SIPA representan apenas 0,04% del PBI. Si los montos se ajustaran para que cualquier categoría, con 40 años de aportes y un rendimiento real del 2%, garantice el haber mínimo, la recaudación treparía a 0,27% del PBI. Si el ajuste fuera gradual (de modo que la categoría A alcance la jubilación mínima y la K, el haber promedio actual), el resultado sería 0,29% del PBI.
Una reforma que ya no puede postergarse
Para la Fundación Mediterránea, el envejecimiento poblacional le pone fecha límite al debate. La caída sostenida de la natalidad de las últimas dos décadas hará que la población de entre 0 y 14 años, que representaba el 31% del total en 1991, se reduzca al 17% hacia 2030. Ese cambio demográfico presiona sobre cualquier esquema previsional que dependa del aporte de los trabajadores activos para financiar a los pasivos.
Cualquier reforma futura debería retomar un principio básico: el haber jubilatorio tiene que guardar relación con lo aportado durante la vida activa, incluido el rendimiento de esos fondos. Para quienes no llegan a un mínimo de aportes, la PUAM (financiada con impuestos generales) cumple el rol redistributivo. Pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización plena, como se intentó en los años noventa, implicaría costos fiscales de transición difíciles de sostener.
El esquema nocional como alternativa
Los autores del informe, Marcelo Capello y Martín Fiore, sostienen que una alternativa intermedia es el esquema "nocional": el Estado lleva una cuenta individual de los aportes de cada trabajador durante toda su vida laboral y les reconoce un rendimiento mínimo equivalente a la inflación. Al momento de jubilarse, el haber ya no se calcularía sobre los últimos salarios (fuente de frecuentes injusticias) sino sobre ese fondo acumulado y sus rendimientos. La administración seguiría siendo estatal; lo que cambiaría es el criterio para fijar el beneficio, atado estrictamente a lo aportado. Un esquema así expondría con claridad la relación entre lo que se aporta y lo que se puede cobrar, y de paso incentivaría la formalización y la declaración de ingresos reales.
(NdR: El informe no contempla como estan compuestos los fondos por los cuales se pagan las jubilaciones y pensiones. Los ciudadanos no solo aportan al sistema con su monotributo o aportes sino tambien con el pago de otros impuestos como el IVA por lo que calcular cuánto aporta cada ciudadano al sistema previsional a lo largo de su vida es un desafío casí imposible)