Durante el desayuno vendimial de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), a comienzos de este mes, el gobernador de Mendoza propuso un proyecto conjunto con su par sanjuanino, Marcelo Orrego, orientado a que la legislación nacional autorice el uso de mosto y jugos de frutas naturales como endulzantes en bebidas y alimentos.
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Mendoza re impulsa ley para usar mosto y jugos naturales en alimentos: impacto económico y sanitario
Otro intento para usar mosto y jugos naturales como endulzantes naturales con alto impacto en la salud pública y economías regionales.
La iniciativa sería una ampliación del viejo proyecto de utilización del mosto de uva como endulzante natural a productos como manzana, pera o durazno con el objetivo de sustituir el azúcar refinado y el jarabe de alta fructosa derivado del maíz. De avanzar, podría introducir cambios relevantes en la matriz productiva de Cuyo y sobre todo la Patagonia.
Mosto: Un antecedente que no prosperó
La propuesta retoma un intento previo. En 2016, la propia Coviar impulsó un proyecto similar que el entonces diputado mendocino y ex titular del INV Luis Borsani llevó al Congreso, aunque nunca fue tratado. El diputado nacional Omar Félix, quien acompañó aquella iniciativa, explicó los motivos del fracaso: “No pudimos vencer el lobby de las provincias productoras de maíz y de las cerealeras”.
El jarabe de alta fructosa (un endulzante poco saludable y de bajo costo obtenido del maíz y ampliamente utilizado por la industria alimenticia) concentra intereses económicos de gran magnitud y junto a la industria azucarera colaboracionista de la última dictadura militar han logrado, hasta ahora, bloquear posibles avances legislativos en la búsqueda de la utilización de jugos concentrados de frutas naturales como endulzantes más saludables y protectores de la salud.
La diferencia actual, según los impulsores, radica en el respaldo político. El proyecto ya no depende de un legislador aislado: cuenta con el apoyo de los nueve legisladores radicales y libertarios de Mendoza, el bloque sanjuanino y, potencialmente, más de noventa legisladores libertarios a nivel nacional. Félix suma a una extraña alquimia una alianza interprovincial que podría incorporar a Río Negro, la Mesopotamia y las provincias citrícolas del noreste.
Fundamentos sanitarios y económicos
La iniciativa de Mendoza se enmarca en dos ejes complementarios: la salud pública y el desarrollo económico regional. En el plano sanitario, se sabe fehacientemente que reemplazar azúcares agregados por jugos naturales contribuye a desalentar el consumo excesivo de sustancias asociadas al sobrepeso, la obesidad y la diabetes, patologías de alta prevalencia en el país.
El ex presidente de Coviar, Mario González, coincidió en el acto vendimial en la necesidad de reimpulsar el proyecto con sustento técnico sólido. El jarabe de alta fructosa posee poder edulcorante, pero carece de valor nutricional adicional, mientras que los jugos concentrados de frutas aportan compuestos propios de la materia prima de origen.
El argumento económico también es relevante. En Argentina, el consumo de gaseosas supera los setenta litros per cápita anuales, uno de los más elevados de la región. Si una porción de ese mercado comenzara a incorporar endulzantes naturales de origen frutícola, el impacto sobre la producción regional podría ser significativo.
Un mercado global en expansión
El contexto internacional resulta favorable al proyecto. El mercado mundial de edulcorantes naturales fue valuado en 27.220 millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcanzará los 49.000 millones hacia 2034, con una tasa de crecimiento anual del 6,86%. Asia-Pacífico lidera la demanda, con una participación del 32,39%, impulsada en parte por políticas sanitarias como el plan chino “Salud 2030”.
En Estados Unidos (donde se estima un mercado de 5.180 millones de dólares para 2032) la presión social y regulatoria sobre el azúcar procesado ha favorecido el avance de alternativas naturales. Esta tendencia también se refleja en la aplicación de impuestos específicos al azúcar en países como México.
Argentina aparece como un proveedor con ventajas competitivas. Su participación en el mercado global de jugos concentrados aún es limitada (entre el 5% y el 10%), pero su condición de origen confiable cobra relevancia en un contexto en el que la trazabilidad se volvió un requisito central para el comercio de alimentos a nivel mundial.
Capacidad industrial y desafíos estructurales
Desde el punto de vista técnico, la producción de jugos concentrados se concentra en Río Negro, donde abundan manzanas y peras, y ya se elaboran jugos clarificados y concentrados a 65-70 grados Brix, aptos para su utilización en bebidas y alimentos. En Mendoza, referentes del sector descartan obstáculos técnicos, aunque reconocen que en la provincia la producción de estos jugos no forma parte del núcleo productivo: “No es el fuerte de nuestra industria, pero es posible”.
No obstante, persisten limitaciones estructurales relevantes. La producción de peras y manzanas en el Alto Valle cayó de cerca de dos millones de toneladas a poco más de 1,1 millones en las últimas décadas. Esta contracción impacta directamente en la industria del jugo concentrado, que depende en gran medida del descarte del mercado fresco.
Actualmente, según estimaciones privadas, la oferta exportable de jugos de pera y manzana oscila entre 40.000 y 60.000 toneladas anuales, con apenas cuatro plantas en actividad, cuando en el pasado operaba más de una decena.
El proyecto impulsado por Cornejo y Orrego podría contribuir a revertir esta tendencia al generar una demanda interna sostenida, pero primero deberá vencer el lobby azucarero y agropecuario.