La Provincia de Mendoza proyecta para 2026 un crecimiento moderado que, según los principales diagnósticos oficiales y privados, oscilará entre el 2% y el 3%. Sin embargo, esa expansión no se distribuye de manera homogénea: se apoya en sectores emergentes mientras los pilares históricos de la matriz productiva provincial atraviesan una contracción de carácter estructural. El resultado es una economía en transición, donde las señales de recuperación conviven con crisis sectoriales cuyo alcance todavía resulta incierto.
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Mendoza frente a un nuevo escenario: qué sectores crecerán y cuáles enfrentan desafíos
Mendoza proyecta su crecimiento apoyada en energía, minería, shale y crédito, mientras vitivinicultura, petróleo tradicional y turismo atraviesan crisis.
El diagnóstico oficial del Gobierno lo sintetiza con claridad: “Aspiramos a que sea un año mejor que 2025. Si continúa bajando la tasa de interés y aparece el crédito, la economía puede empezar a crecer”. Esa expectativa descansa, en gran medida, sobre dos motores principales: la inversión pública en infraestructura, financiada con los fondos del histórico resarcimiento económico conocido como ex Portezuelo del Viento, y el repunte sostenido del crédito hipotecario. Ambos factores confluyen en un sector de la construcción que, tras años de retroceso, comienza a mostrar indicadores renovados.
Los motores de la expansión
El sector financiero lidera el crecimiento en términos cuantitativos. Durante 2025, los préstamos reales aumentaron un 26,7% en Mendoza, por encima del promedio nacional del 24%. Esa expansión crediticia actúa como un catalizador sobre el mercado inmobiliario, que registró un primer semestre positivo en 2026 y anticipa un mayor dinamismo hacia el cierre del año, impulsado por líneas hipotecarias que, en algunos bancos, ofrecen tasas desde el 6% anual más ajuste por UVA.
La energía renovable representa, sin embargo, el sector con mayor proyección estratégica. Mendoza ya superó los 700 megavatios de potencia solar instalada y pasó de 1.730 MW de capacidad total en 2015 a 2.500 MW en la actualidad. Para 2030, las proyecciones oficiales estiman alcanzar los 3.700 MW, con la energía fotovoltaica aportando el 40% del total.
Parques solares como El Quemado, Anchoris y Agua del Toro avanzan en distintas etapas de construcción y comenzarían a operar en el corto plazo. En paralelo, la empresa Genneia proyecta alcanzar una inversión acumulada de 400 millones de dólares en la provincia, con más de 300 puestos de trabajo directos generados únicamente durante la fase de obras.
A diferencia de otras provincias con características geológicas similares, Mendoza demoró su incorporación a la transición energética. No obstante, el salto reciente resulta significativo. La Ley Impositiva Provincial de 2025 eximió del impuesto a los Ingresos Brutos a las actividades de generación renovable, una señal de previsibilidad que el sector reclamaba para consolidar inversiones de largo plazo.
En esa misma línea, ProMendoza destaca que la provincia posee uno de los modelos exportadores más diversificados del país, con presencia sostenida en mercados internacionales gracias a la calidad y el valor agregado de sus productos.
Las crisis estructurales
La vitivinicultura, sector emblemático de la identidad económica mendocina, atraviesa su peor vendimia de la última década. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, la cosecha de 2026 registró una caída interanual del 26% hasta fines de febrero. En el sur provincial, el escenario es todavía más crítico: San Rafael reportó un descenso del 48% y General Alvear del 80%.
El único subsector que escapa parcialmente a la tendencia es el Valle de Uco, donde la producción creció un 47% y el malbec específicamente alcanzó un incremento del 60%.
El propio gobernador reconoció públicamente la gravedad de la situación durante la apertura de la Sitevinitech 2026: “La vitivinicultura atraviesa un momento desafiante, marcado por cambios en los hábitos de consumo, mercados más competitivos y mayores exigencias”.
La crisis excede lo climático y lo coyuntural. Los analistas advierten que el sector enfrenta un escenario de alta tensión comercial debido al exceso de stock vínico, la caída global del consumo de vino y un tipo de cambio que podría quedar rezagado frente a la inflación local, restando competitividad a las exportaciones.
El petróleo convencional suma otro capítulo crítico. Durante el primer trimestre de 2026, la producción provincial cayó entre el 10% y el 11%, perforando el piso histórico registrado en 2004. La mayoría de los pozos mendocinos acumula seis décadas de explotación, lo que genera una relación cada vez mayor entre agua extraída y volumen de crudo.
A ello se suma el denominado “efecto Vaca Muerta”. El auge del no convencional en Neuquén, donde la producción creció un 377% desde 2019, concentró las inversiones de las grandes compañías, incluida YPF, en territorio neuquino. La salida de la petrolera estatal de los yacimientos convencionales mendocinos dejó esas áreas en manos de operadoras de menor escala que, por el momento, no logran revertir la curva descendente.
El turismo internacional también integra el grupo de sectores bajo presión. Un tipo de cambio relativamente bajo encarece a Mendoza como destino para visitantes extranjeros de alto poder adquisitivo y, al mismo tiempo, incentiva la salida de turistas locales hacia el exterior. La situación afecta especialmente a segmentos como el enoturismo y el turismo de aventura, actividades que habían consolidado a la provincia como un destino premium dentro del mercado latinoamericano.
La apuesta estratégica: shale y minería
Mientras el petróleo convencional retrocede, el subsuelo del sur mendocino concentra las principales expectativas de largo plazo. La denominada “lengua mendocina” de la formación Vaca Muerta, ubicada en Malargüe cerca del límite con Neuquén, avanzó durante 2026 hacia una segunda etapa exploratoria con resultados que el sector considera alentadores.
YPF confirmó datos positivos en los primeros dos pozos perforados. El ensayo en Paso Bardas Norte arrojó petróleo de 38 grados API con caudales iniciales cercanos a los 100 metros cúbicos diarios, mientras que el pozo de Aguada Negra registró 43 grados API y 84 metros cúbicos diarios brutos.
Sobre esa base, YPF y la UTE Quintana-TSB ejecutarán durante 2026 un plan conjunto de cinco nuevos pozos, adelantando inversiones respecto de los cronogramas originales. Si los resultados confirman la continuidad geológica de la formación, el potencial es considerable: la compañía estatal podría realizar hasta 200 perforaciones en la zona, con inversiones estimadas en hasta 1.500 millones de dólares.
“Si estos pozos salen bien, el Norte se abre. Tenés a Continental, a Pluspetrol y a Tecpetrol en la zona”, señaló un directivo del sector citado por medios especializados.
En paralelo, la minería metalífera volvió a ocupar un lugar central en la agenda provincial tras un hito regulatorio relevante: el Comité Evaluador aprobó en mayo el ingreso al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) del proyecto cuprífero Minera San Jorge, en Uspallata, por 891 millones de dólares.
Se trata del primer emprendimiento minero mendocino incorporado al régimen y del potencial primer proyecto de cobre de escala industrial en la Argentina. El gobernador lo destacó en términos explícitos: “Estamos hablando del primer proyecto de cobre de la Argentina, en un contexto de enorme demanda mundial”.
La provincia apuesta fuerte a la minería metalífera a futuro a pesar de las restricciones de la Ley 7722, vigente desde 2007 yse multiplica las tareas exploratorias en un número importante de proyectos entusiasmados por las políticas oficiales a nivel nacional y provincial.
Un diagnóstico de fondo
Más allá de las variables sectoriales, el diagnóstico estructural es compartido por analistas privados e instituciones especializadas: Mendoza arrastra un estancamiento severo en la productividad total de los factores desde hace casi dos décadas.
Para que las proyecciones de crecimiento se traduzcan en mejoras concretas del bienestar, los economistas señalan la necesidad de reformas profundas, especialmente una reducción de impuestos distorsivos, con foco en Ingresos Brutos, y una modernización del Estado provincial.
Según la consultora Epyca, el crecimiento registrado durante el primer trimestre de 2026 todavía no se refleja de manera uniforme ni en el mercado laboral ni en el poder adquisitivo de la población. La inflación, proyectada entre el 25% y el 30% anual hacia finales del ciclo, ofrece un escenario de mayor previsibilidad respecto de años anteriores, aunque no garantiza por sí sola la recuperación del salario real ni la generación de empleo de calidad.
Mendoza enfrenta, en definitiva, un momento bisagra. Los sectores que hoy impulsan la actividad, energía limpia, crédito y obra pública, son relativamente nuevos dentro de la matriz económica provincial y todavía no compensan el peso histórico de aquellos que retroceden.
La apuesta por el shale en Malargüe y por la minería de cobre podría modificar esa ecuación en el mediano plazo, pero las definiciones cruciales aún dependen de pozos por perforar, leyes por revisar y mercados globales que no responden a la voluntad local. Por ahora, el nuevo escenario económico mendocino aparece tan prometedor como incierto.