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Banco Central de la República Argentina

Más exportaciones, menos importaciones: por qué el BCRA vuelve a comprar dólares

Con más dólares en el mercado, el Banco Central retoma compras y acumula reservas, en un contexto externo favorable pero con señales mixtas en la actividad.

Por Paula Pia Ariet

Con exportaciones en niveles elevados y un superávit comercial que se consolida, el Banco Central volvió a comprar dólares en el mercado cambiario. El contexto, a diferencia de otros momentos recientes, le permite recomponer reservas tras años marcados por la escasez de divisas.

Los últimos datos del INDEC reflejan un cambio claro en la dinámica del sector externo. En marzo de 2026, las exportaciones alcanzaron los USD 8.645 millones, con un crecimiento interanual del 30,1%. Más allá del número, lo relevante es la composición: el impulso provino principalmente de las cantidades exportadas (25,3%), y no de los precios.

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Más exportaciones y menos importaciones elevan la oferta de divisas.

Del lado de las importaciones, el movimiento fue mucho más moderado. Subieron apenas 1,7% interanual y exclusivamente por efecto de precios, mientras que las cantidades se redujeron. El resultado fue un superávit comercial de USD 2.523 millones, que extiende la racha de saldos positivos.

Más oferta de dólares y un BCRA comprador

Este desequilibrio a favor del sector externo se traduce en un mayor ingreso de divisas al mercado. En ese escenario, el Banco Central interviene como comprador: absorbe los dólares disponibles, fortalece reservas y, al mismo tiempo, evita una apreciación excesiva del tipo de cambio.

La lógica es sencilla: cuando la oferta de dólares supera a la demanda, la autoridad monetaria aprovecha para acumular reservas y recuperar margen de maniobra. En una economía históricamente limitada por la falta de divisas, este proceso no es menor.

A su vez, estas compras se vinculan con los compromisos asumidos con el FMI, que incluyen metas de acumulación de reservas. En ese marco, el buen desempeño del comercio exterior facilita -al menos en el corto plazo- el cumplimiento de esos objetivos.

El otro lado del superávit

Sin embargo, el resultado positivo tiene matices. El superávit no solo responde al dinamismo exportador, sino también a la caída de las importaciones.

Durante el primer trimestre de 2026, las cantidades importadas retrocedieron 10,6%, mientras que las exportadas crecieron 12,8%. En términos de valor, esto se tradujo en un aumento de 16,9% en las ventas externas y una caída de 7,3% en las compras.

En otras palabras, el saldo favorable no solo se explica por lo que el país vende más, sino también por lo que deja de comprar. Esto puede leerse como una mejora del frente externo, pero también como un reflejo de una economía con menor nivel de actividad, que demanda menos insumos y bienes del exterior.

Sin viento de cola en los precios

Otro punto relevante es que la mejora no responde a un contexto internacional especialmente favorable. Los términos del intercambio se mantuvieron prácticamente estables: los precios de exportación subieron 3,6% y los de importación, 3,7%.

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La caída de importaciones también explica el saldo positivo.

Esto refuerza la idea de que el motor del superávit es real -las cantidades- y no un shock externo de precios.

Un equilibrio que plantea dudas

La acumulación de reservas aparece, así, como una consecuencia directa del superávit comercial. Pero su sostenibilidad abre interrogantes. ¿Se trata de una mejora estructural del sector externo o de un resultado transitorio vinculado a la debilidad de la actividad?

Por ahora, los dólares ingresan y el Banco Central compra. La incógnita es si este proceso refleja un cambio más profundo o simplemente un equilibrio frágil. En Argentina, esa diferencia suele marcar cuánto dura el alivio.

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