A pesar del relato gubernamental difundido durante toda la semana por el mismo Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, que proyecta una imagen de crecimiento y estabilización apalancada en los sectores vinculados a las materias primas, la radiografía de la compleja trama socioeconómica argentina expone un diagnóstico bastante distinto para la economía cotidiana.
- Sitio Andino >
- Economía >
Las señales de la economía que Milei y Caputo niegan: Caída del consumo, cierre de empresas y más deuda
La caída del consumo, la crisis industrial, el aumento del endeudamiento y el deterioro del empleo exponen la fragilidad de la economía real.
Tras un breve período que insinuaba una incipiente recuperación, los indicadores demuestran que la actividad económica transita un comportamiento inestable de contracción, evidenciado por una caída del 4,7% frente al mes de marzo y un declive acumulado del 3,3% en lo que va del año.
Este escenario de recesión explica la desconexión actual entre la retórica oficial que celebra cifras macroeconómicas globales (muchas de ellas además sometidas a retoques inexplicables) y la realidad de una población que ha visto diezmada su capacidad de compra, fenómeno que tiene un correlato directo en la caída de la aprobación de la gestión presidencial.
El derrumbe del consumo en los hogares
El declive del consumo es generalizado y atraviesa todos los canales de comercialización, impactando con fuerza en las grandes cadenas de supermercados, farmacias y autoservicios independientes.
Los datos desagregados del último informe de la incuestionada consultora Scentia exponen la magnitud del ajuste en los hogares frente a un consumo que, hay que tener en cuenta, ya venía deprimido el año anterior.
Con la excepción de las bebidas, la venta general de alimentos registró una baja del 3,6% y las caídas más pronunciadas se observan en rubros de consumo diario: los productos perecederos se desplomaron un 7,8% y la categoría de desayuno y merienda retrocedió un 7,6%.
Asimismo, los artículos de limpieza del hogar mermaron un 5,9%, y las compras por impulso, que engloban aquellos bienes no estrictamente necesarios, sufrieron una contracción del 12%. Incluso la higiene y la cosmética registraron bajas del 0,3%.
Comercio electrónico y consumo masivo
Por su parte, el comercio electrónico, que el Gobierno suele destacar por exhibir un salto interanual del 40% debido a un cambio en los hábitos de la población, también ha comenzado a evidenciar un estancamiento. Al observar la variación mensual, el sector experimentó una leve caída del 0,1% en abril respecto a marzo.
Más allá de lo que relate Javier Milei, confundiendo los resultados de los balances de Mercado Libre con datos de consumo o cambios de hábitos de los consumidores, hay que recordar que, según los trabajos más recientes de diversas consultoras especializadas, la modalidad del comercio electrónico apenas roza el 10 por ciento de participación en el mercado de consumo general y, obviamente, no logra (ni logrará) compensar la retracción generalizada del consumo popular.
La crisis llega a la industria y al comercio
Esta parálisis en las góndolas se traslada de manera irremediable a la industria manufacturera y al comercio minorista. El sector del calzado ilustra de manera elocuente esta dinámica recesiva. Según empresarios del rubro, la falta de demanda es total: el mercado argentino, que históricamente sostenía una venta cercana a los cuatro pares de zapatos per cápita, ha visto reducida esa cifra a dos pares, equiparándose en la actualidad con los niveles de volumen de países como Perú y Bolivia.
Esta falta de ingresos desencadena una crisis en toda la cadena de oferta, provocando el cierre definitivo de locales comerciales ante la incapacidad de los comerciantes para renovar los contratos de alquiler.
Los números que presentó la propia Unión Industrial Argentina esta semana ratifican que la actividad solo arranca para nichos puntuales, pero los sectores manufactureros, grandes generadores de empleo, atraviesan una crisis que parece no encontrar piso.
Empleo, importaciones y cierre de empresas
El desplome en las ventas, la contracción del mercado interno, combinada con la apertura de importaciones y problemas financieros o gremiales, está provocando un severo deterioro en el ámbito del empleo.
El reciente cierre de la planta de la empresa avícola Granja Tres Arroyos dejó a cerca de mil trabajadores sin su fuente de ingresos y muestra que la crisis alcanza incluso a sectores que están aumentando sus ventas. Pero tiene una explicación en este modelo económico de Javier Milei: cada vez se consume más pollo en vez de carne vacuna, pero el problema es que cada vez se consume más pollo importado de Brasil y no de productores argentinos y plantas históricas como Tres Arroyos.
Este tipo de cierres, que se multiplican por las localidades de las provincias argentinas, genera un efecto cascada devastador en las economías locales: la desaparición abrupta de casi un millar de salarios deprime de manera automática el consumo en los comercios de proximidad de esas comunidades.
Endeudamiento y deterioro financiero
Detrás de lo que el discurso oficial define como un proceso de adaptación o reconversión del mercado, emerge una crisis marcada por testimonios de trabajadores que se ven forzados a limitar su acceso a la alimentación básica.
Ante la incapacidad de cubrir las necesidades de fin de mes con los ingresos corrientes, un segmento creciente de la población se ve empujado hacia el endeudamiento asfixiante.
La gravedad de la situación financiera queda en evidencia al observar que empleados de diversos sectores están optando por aceptar retiros voluntarios con el único propósito de utilizar esos fondos de indemnización para cancelar deudas acumuladas, mientras el sistema bancario formal ha comenzado a acusar el impacto del incremento en los índices de mora y los bancos comenzaron a diseñar líneas de refinanciación para absorber a clientes endeudados con otras entidades y billeteras virtuales.
Sin embargo, estos programas especiales contemplan tasas que triplican las expectativas de inflación más pesimistas, por arriba del 110 por ciento anual. El dato no es menor, ya que hace dudar de la efectividad de estos diseños de salvataje de los bancos oficiales y privados.
El contraste entre el discurso y la economía real
La realidad material del país se cruza de vereda del relato oficial y expone un profundo shock sobre la economía real.
Mientras ciertos enclaves económicos experimentan dinamismo, el grueso del entramado social transita una etapa de estricto ajuste y el derrumbe del consumo masivo, la destrucción de puestos de trabajo en la industria tradicional y la insostenible espiral de endeudamiento familiar configuran un escenario crítico que pone en crisis el triunfalismo discursivo de las esferas gubernamentales.
- Temas
- Economía
- Javier Milei
- Consumo