27 de junio de 2026
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industria textil

La avalancha de ropa importada profundiza la crisis de la industria textil argentina

Las importaciones de indumentaria crecieron 73% y alcanzaron un récord desde 2018. La industria textil pierde producción, empleo y capacidad instalada.

Por Marcelo López Álvarez

Durante los primeros cinco meses de este año, Argentina fue testigo de una aceleración inédita en la importación de prendas de vestir, configurando un escenario que amenaza con el desmantelamiento final de la industria textil nacional. Entre enero y mayo, el ingreso de indumentaria extranjera alcanzó los 369 millones de dólares, lo que representa un salto interanual del 39% y agudiza la presión sobre un sector ya severamente castigado por el desplome de la producción local y el consumo.

Un crecimiento sin precedentes de las importaciones

Las cifras del inicio de año resultan alarmantes por su magnitud y su velocidad. Según los registros de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), el volumen de mercancía importada en los primeros cinco meses ascendió a 25.491 toneladas, marcando un abrumador incremento del 73% respecto al mismo período del año anterior. Esta desproporción entre el aumento del volumen físico y el de los valores medidos en dólares evidencia que el mercado local está absorbiendo una cantidad inusitada de mercadería a precios ínfimos. En perspectiva, las importaciones registradas han alcanzado su nivel más alto para este lapso desde el año 2018, superando aquella marca histórica en un 40%.

Si se desagregan los datos con base en el primer cuatrimestre, el salto es aún más dramático. En apenas cuatro meses se importaron 22.500 toneladas de ropa, lo que significa el doble de las 12.600 toneladas que habían ingresado durante la totalidad del año anterior, y multiplica por cinco los volúmenes totales registrados durante el año 2024.

Esta dinámica ha provocado un desplome en el precio unitario de las prendas importadas, el cual cayó un 19% interanual hasta promediar los 14,5 dólares.

En rubros específicos de alto volumen, como los abrigos, la importación alcanzó los 84 millones de dólares, seguidos por sweaters y pantalones con 69 millones cada uno, y remeras con 39 millones.

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Los datos de la industria textil preanuncian una crisis terminal

Los datos de la industria textil preanuncian una crisis terminal

La presión de la mercadería importada

Referentes de la Cámara y de la Fundación ProTejer coinciden en señalar que el precio unitario general ha llegado a perforar el piso de los 10 dólares, un verdadero abismo si se lo compara con los 17, 21 o casi 23 dólares que promediaba en los años previos.

Gran parte de este abaratamiento se explica por la irrupción masiva de indumentaria proveniente de China, que tracciona hacia abajo los promedios globales de valor. A esto se suma el ingreso de prendas de muy baja calidad, e incluso ropa usada o de descarte que termina en basurales textiles como los que existen en el norte de Chile.

Desde la industria local denuncian que detrás de estas cifras se esconde la importación de productos fabricados en regiones donde no se cumple ningún tipo de derecho laboral y se subsidia fuertemente la energía y la exportación de esos productos, lo que configura una competencia absolutamente asimétrica que empuja a las fábricas locales hacia lo que ya se describe como una "masacre industrial".

Producción en caída libre

Desde el gobierno, la justificación de esta política comercial parece centrarse en la búsqueda de una desinflación en el mercado de la vestimenta, presentándola como un beneficio directo para los consumidores. No obstante, el costo de esta estrategia recae íntegramente sobre el entramado productivo nacional. La fabricación de ropa experimentó una violenta caída del 15% interanual solo en el mes de abril, acumulando ya diez meses ininterrumpidos de retroceso.

Por su parte, informes de la Fundación ProTejer revelan que la actividad textil general se desplomó un 23,3% interanual en marzo, quedando un 31,3% por debajo de los niveles de 2023. Para la rama de indumentaria, cuero y calzado, el retroceso fue del 8,9%, situándose un 19% por debajo de las marcas de hace tres años.

Capacidad instalada y empleo

El paisaje en el interior de las fábricas es desolador. En la actualidad, la industria textil opera a un exiguo 40,2% de su capacidad instalada, perdiendo más de 12 puntos porcentuales en comparación con 2023. En términos concretos, durante el primer trimestre del año, siete de cada diez máquinas permanecieron completamente paradas en las plantas nacionales.

La consecuencia ineludible de esta parálisis ha sido un golpe devastador al empleo: entre marzo de 2025 y el mismo mes de 2026, la rama de la confección destruyó 4.371 puestos de trabajo registrados, lo que implica la desaparición del 11% de la fuerza laboral total de la actividad.

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La industria textil acelera su parálisis ante la avalancha importada

La industria textil acelera su parálisis ante la avalancha importada

El consumo tampoco reacciona

Paradójicamente, el consumo, lejos de dinamizarse por la presunta baja de precios, continúa exhibiendo una caída permanente. Las ventas de indumentaria en centros comerciales registraron en abril una caída real del 17% interanual, sumando un año completo de contracción, el mismo porcentaje de retroceso que se observó en los supermercados tras seis meses de bajas constantes.

Ni siquiera los eventos promocionales logran quebrar la tendencia. Según los datos de la propia industria, la última edición del Hot Sale de mayo concluyó con una disminución de las ventas cercana al 10% interanual en términos reales.

Atrapadas en este movimiento de pinzas comercial, las empresas se enfrentan a la imposibilidad de trasladar sus crecientes costos operativos a los mostradores. Los precios de la indumentaria apenas se incrementaron un 12% en los últimos doce meses, una cifra que quedó rezagada muy por debajo de la inflación general del 33% para el mismo período.

Exportaciones marginales y un escenario crítico

Para agravar el panorama, el rubro carece de inserción en el mercado externo que le permita amortiguar la crisis local. Frente al alud de importaciones, las ventas al exterior de prendas de vestir argentinas siguen siendo marginales, totalizando apenas 7,4 millones de dólares y 245 toneladas en el período analizado, teniendo a Uruguay como principal y casi excluyente destino.

La conjunción de una apertura indiscriminada y una recesión interna que aniquila las ventas dibuja un horizonte sumamente crítico. De no mediar un replanteo en esta ecuación, que sacrifica el empleo formal y el capital instalado en pos de una dudosa estrategia antiinflacionaria, la Argentina asistirá inexorablemente a la agonía final de su histórica industria textil.

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