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Antecedente

El primer RIGI: pros y contras de inversiones y marcas llegadas hace un siglo a Argentina

Cuál fue el primer régimen de atracción de inversiones que aplicó un Gobierno argentino. El incentivo a grandes capitales desde una perspectiva histórica.

Por estos días mucho se habla y se discute sobre los alcances del RIGI (Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones) que integra la ley Bases del gobierno de Javier Milei. Pero prácticamente nada se sabe acerca de que no es el primero de esas características. ¿Qué gobierno impulsó el primer RIGI que tuvo Argentina, y cómo resultó?

Hay que remontarse a casi un siglo atrás para rescatar ese antecedente. Fue durante la gestión de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-28), quien impulsó una política de atracción de inversiones con varias similitudes al régimen que pretende ahora Milei.

Proveniente de la UCR (Unión Cívica Radical) Alvear condujo un Gobierno de neto corte liberal, como el actual. En ese contexto, tiene lógica también que buscara radicar capitales para lograr un rápido despegue de la economía.

"Fueron medidas similares, en un contexto en el que también el país venía de una crisis muy grande. El Gobierno empezó a revertirla en parte con la inversión extranjera a partir de una discusión mucho más rápida en el Congreso", repasa el historiador y revisionista Carlos Campana, en una suerte de comparativa con la coyuntura en la que se inserta el RIGI, una pata fundamental de la ley Bases de Milei.

Inversiones y marcas

¿Cuál fue el "gancho" principal?

Como ahora, la gestión Alvear ofrecía ventajas fiscales a largo plazo (entre 25 y 30 años) léase, quita de impuestos y la exención al pago de regalías. A cambio, pocas exigencias más allá del trabajo: debían tomar mano de obra local, casi lógico en tiempos de elevada desocupación.

Para el momento económico que atravesaba la Argentina de entonces, la apuesta del Gobierno logró su cometido. Y en un par de años pudo ostentar un crecimiento del PBI (Producto Bruto Interno) que escaló 20% a un ritmo del 5% anual desde 1923.

Grandes compañías de Estados Unidos y Gran Bretaña, terminaron por decidir sus inversiones en el país. Industria, ferrocarriles, tecnología de punta para el hogar y las comunicaciones y alimentos fueron los rubros protagonistas de la oleada que generó ese "primer RIGI".

Según la reseña de Campana "si bien todas se instalaron en Buenos Aires, las marcas que llegaron a Mendoza y hoy son muy conocidas fueron varios. Entre otras, hojas de afeitar Gillette, General Electric y sus primeros ventiladores, Colgate, Westinghouse y Philips".

Sin duda, marcas que hoy son sinónimos de algunos productos que tenemos incorporados a nuestra vida cotidiana. Y que entonces le sirvieron al Gobierno a mostrar la primera sustitución de importaciones particularmente de manufacturas.

La lista se extendió poco después a la legendaria Kodak, y la automotriz General Motors. También atrajo a las primeras mineras, como la Saint Louis Minning Company, y de países limítrofes incluso, como Humahuaca, sociedad de capitales chileno-bolivianos.

Con el tiempo y el plan de atracción de inversiones en pleno rodaje, fueron subiéndose a la ola otras marcas y más rubros, como el de los alimentos. Entre otras, la clásica Knorr hoy sinónimo de sopas instantáneas, y la suiza Nestlé.

El costado negativo del RIGI

Víctor Molina, el ministro de Hacienda de Alvear, tenía para mostrar números que rápidamente conquistó el RIGI. Y que le dejó al Gobierno "cinco años de máxima prosperidad", como lo definió Campana.

Las exportaciones, en un par de años, que al principio rondaban los $700 millones anuales de la época, se incrementaron un 30%. Y se registró un crecimiento exponencial de los salarios (en algunos casos de hasta el 100%) para una incipiente clase media dispuesta a consumir.

Pero no todo fue color de rosa.

La otra cara del régimen de inversiones mostró, algunos años después, la falta de controles que devino en algunos casos de corrupción. Tal vez la causa más emblemática sería la del frigorífico británico Swift, símbolo de la "Década Infame".

Con un mapa y jurisdicciones sin la autonomía actual en materia legislativa, los fuertes estímulos fiscales también tuvieron un flanco desfavorable para una economía argentina que buscaba industrializarse y dejar de ser sólo "granero del mundo".

Para el historiador "las consecuencias negativas fueron especialmente la concentración de la industria y el comercio en Buenos Aires. Eso provocó la migración de muchos habitantes del interior a la Capital en busca de mejores condiciones laborales y un futuro prometedor, y perjudicó ampliamente a las provincias".

¿Puede repetirse esa situación ahora si el RIGI de Milei se promulga tal como salió la ley Bases del Senado? Es relativo, dado que hoy la mira está puesta en grandes sectores bien diferenciados, como la minería, con un potencial atado a la riqueza geológica de algunas provincias, y la tecnología, que si bien tiene un polo en Buenos Aires también tiene otros como el de Mendoza.

Pero tampoco estaban blindados ante crisis externas. Así fue que los Gobiernos posteriores tampoco pudieron sostener esa política luego del crack financiero de la Bolsa neoyorquina y la llamada Gran Depresión de 1929, que precedió al golpe de Estado de 1930.

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