28 de agosto de 2026
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El Niño

El Niño en Mendoza pone a las bodegas en alerta por el granizo y las enfermedades de la vid

El Niño promete más agua para Mendoza, pero también aumenta el riesgo de granizo, humedad y enfermedades. Cómo se preparan para combatirlo.

Por Marcelo López Álvarez

El Pacífico ecuatorial acumula calor desde hace meses y los organismos internacionales coinciden en el diagnóstico: El Niño avanza hacia una de sus versiones más intensas de las últimas décadas, con una probabilidad superior al 90 % (según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, NOAA) de alcanzar la categoría “muy fuerte” entre la primavera y el verano del hemisferio sur.

Las bodegas se preparan para afrontar las posibles complicaciones que traerá el fenómeno de El Niño recargado que se espera para este año.

Las bodegas se preparan para afrontar las posibles complicaciones que traerá el fenómeno de El Niño recargado que se espera para este año.

Dos caras de la misma moneda

“El Niño o el superniño que se nos avecina son, podemos verlo como dos caras de una misma moneda”, resume Matías Casagrande, ingeniero agrónomo de Bodega Antigal. Por un lado, explica, está “la parte linda, la parte buena”: más nieve en la cordillera, recarga de acuíferos y ríos con caudales superiores a la media, después de “los últimos 15 años de crisis hídrica”. Por el otro, admite, la mayor humedad relativa en el llano trae consigo “una presión sanitaria un poco mayor” y “una probabilidad de granizo superior”. Su síntesis resulta elocuente: “El Niño nos da agua en el río, lo cual es una excelente noticia, pero nos la cobra desde el cielo”.

Cristian Linares, ingeniero agrónomo de Trivento, coincide en el diagnóstico central sin necesidad de citar cifras. “La vid es particularmente sensible a determinadas enfermedades de origen fúngico”, advierte, y aclara que el problema no se limita a la botrytis: “existen otros hongos cuya incidencia aumenta cuando se combinan temperaturas más elevadas con altos niveles de humedad”. El clima desértico de Mendoza, agrega, es una de las grandes fortalezas de la región porque, “en general, limita la presión de enfermedades”. Pero un año más húmedo cambia el tablero: “la sanidad del viñedo pasa a ocupar un lugar central y requerirá una atención especial durante toda la temporada”.

Matías Casagrande, ingeniero agrónomo de la Bodega Antigal:

Matías Casagrande, ingeniero agrónomo de la Bodega Antigal: "El niño o el super niño podemos verlo como 2 caras de una misma moneda"

La regla de los tres dieces

La vulnerabilidad de la vid frente a la peronóspora tiene una explicación agronómica precisa, conocida entre los técnicos como la “regla de los tres dieces”: diez milímetros de agua, diez grados de temperatura mínima durante dos jornadas consecutivas y diez centímetros de brote. En Mendoza, la primera condición suele cumplirse por el propio riego; las otras dos, a partir de octubre. Cualquier excedente de humedad en ese mes, proveniente de lluvia o de un año con mayor caudal, puede activar la enfermedad, más allá de que el fenómeno termine o no alcanzando la categoría de superniño.

El antecedente más citado es la temporada 2015/2016, cuando las precipitaciones acumuladas en los oasis productivos treparon un 64,3 % por encima del promedio histórico, según documentó en su momento la Dirección de Contingencias Climáticas. El exceso de humedad favoreció entonces la proliferación de peronóspora y de podredumbres de racimo, mientras el granizo y las heladas completaban un cuadro que derivó en declaraciones de emergencia agropecuaria en varios departamentos mendocinos. Casagrande retoma esa memoria histórica al describir la lógica con la que trabajan los viticultores frente a cada nueva señal climática: “nosotros no nos preparamos para El Niño, nos preparamos para la variabilidad”. Y agrega: “podríamos linkear hacia una 2016 en cuanto a la presión sanitaria”.

Monitoreo antes que calendario

En ambas bodegas la respuesta pasa por la misma palabra: anticipación. Trivento cuenta con “una red de estaciones meteorológicas propias distribuidas en nuestras fincas”, detalla Linares, que permite monitorear en tiempo real temperatura, humedad y precipitaciones. Esa información se cruza, además, con un trabajo conjunto con la Universidad Nacional de Cuyo, orientado a un sistema de seguimiento de la peronóspora que permite “evaluar el nivel de riesgo y definir, de manera preventiva, las estrategias de manejo y las aplicaciones fitosanitarias que sean necesarias”.

Antigal apunta en la misma dirección, aunque con matices propios. Casagrande describe un esquema de tres capas de trabajo. La primera, y para él la más importante, es el manejo de la canopia, con “deshojes tempranos y desbrotes a tiempo” para lograr racimos más aireados y menos propensos a enfermedades. La segunda es el monitoreo de enfermedades y de las horas de agua libre a través de estaciones meteorológicas, que permite pasar de las curaciones “a calendario” a curaciones “precisas a momento de susceptibilidad”. La tercera combina logística y defensa física: flexibilidad para adelantar o atrasar la cosecha según las ventanas de lluvia, cobertura vegetal en el interfilar para evitar encharcamientos y mallas antigranizo. “Sería usar menos producto, pero mejor puesto, y en el momento justo de la aplicación”, resume el ingeniero, “para que esa presión sanitaria sea la menor posible”.

Cristian Linares,  ingeniero agrónomo de la Bodega Trivento:

Cristian Linares, ingeniero agrónomo de la Bodega Trivento: "Por la llegada de El Niño tendremos que reforzar el monitoreo y el manejo sanitario para prevenir posibles impactos en el cultivo"

El riesgo no es igual en toda la provincia

El impacto, coinciden ambos especialistas, no será homogéneo. “Históricamente, las áreas más cercanas a la cordillera, como el Valle de Uco y el sur de Mendoza, registran mayores precipitaciones que las regiones ubicadas hacia el este de la provincia, como San Martín, Rivadavia o Junín”, explica Linares, aunque aclara que un fenómeno más amplio podría generalizar el impacto “con distinta intensidad según cada región”. Casagrande aporta un ejemplo concreto de esa desigualdad territorial: en zonas de alta pendiente, como San Pablo, “el año pasado tuvimos una tormenta de 100 milímetros, donde la descarga en los arroyos naturales se notó y hizo alguna erosión”, motivo por el cual la bodega ya trabaja sobre esos desagües naturales.

El seguro sigue siendo, mientras tanto, la herramienta de mitigación económica más concreta frente al granizo. El Fondo Compensador Agrícola ofrece a los pequeños productores de hasta 30 hectáreas una indemnización máxima de 1,5 millón de pesos por hectárea con daño total, con inscripción abierta hasta el 20 de septiembre. La prima, sin embargo, expone la desigualdad territorial del riesgo: un productor del oasis Sur paga este año 218,75 % más que uno del Centro Norte por la misma cobertura contra granizo.

Prepararse para la variabilidad, no para un pronóstico

Entre la discusión académica sobre si la temporada 2026/2027 terminará clasificando o no como superniño y la certeza de un ciclo que ya viene condicionado por la humedad, el consenso entre los técnicos de las bodegas apunta menos a despejar la incertidumbre climática que a ajustar la respuesta productiva. Como sintetiza Casagrande, “que venga un año con más agua no significa que tengamos que aflojar con la eficiencia de riego, sino que, al año bueno, lo usás para recargar el perfil”. La consigna no es resistir un fenómeno puntual, sino perfeccionar, temporada tras temporada, la capacidad de anticipación frente a un clima cada vez más variable.

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