Super Niño: más agua y humedad para Mendoza
Martín sostuvo que los modelos permiten prever, al menos probabilísticamente, mayor humedad y un aumento de la frecuencia e intensidad de las precipitaciones hacia la primavera y el comienzo del verano.
De todas maneras, advirtió que los pronósticos presentan márgenes de error, especialmente cuando se trata de fenómenos de gran intensidad y baja frecuencia. El ingeniero agrónomo recordó lo ocurrido durante el denominado “Super Niño” de 2015-2016, cuando los modelos anticipaban abundantes lluvias que finalmente no se produjeron con la magnitud esperada.
David Martín, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo explicó el impacto que podría tener el Súper Niño en el agro mendocino.
Foto: Cristian Lozano
Por eso, aclaró que todavía no es posible determinar con precisión cuánto lloverá ni qué cultivos podrían resultar afectados.
Pero existe un primer aspecto favorable: Mendoza es una provincia árida y, en principio, una mayor cantidad de agua y humedad no representa una mala noticia para el agro.
“Podría traer un efecto positivo por mayor productividad, porque hay más disponibilidad de humedad y perfiles de suelo con mayor cantidad de agua. El tema es la cantidad y la intensidad”, explicó Martín.
Las nevadas registradas en la cordillera también permitirían contar con más agua durante la temporada de riego, incrementar las reservas en los embalses y favorecer la recarga temporal de los acuíferos.
Esto no significa, aclaró el decano, que una temporada húmeda vaya a resolver la crisis hídrica estructural de Mendoza ni que implique una recuperación permanente de los glaciares. Se trataría de una mayor disponibilidad de agua durante un período determinado.
Los riesgos para la vid y los frutales
El impacto sobre los cultivos dependerá principalmente de cuándo se produzcan las tormentas, el viento Zonda, el granizo o las variaciones bruscas de temperatura.
A diferencia de la Pampa Húmeda, donde predominan cultivos extensivos que dependen de la acumulación de agua en el suelo, Mendoza posee economías regionales con producciones más sensibles, como la vitivinicultura y la fruticultura.
Entre agosto y octubre, los frutales y la vid atraviesan etapas claves de su ciclo fenológico, como la floración, la polinización y el cuaje, que se produce cuando la flor es fecundada y comienza a formarse el fruto.
“Las flores son muy sensibles, especialmente durante la polinización y el cuaje”, explicó Martín. Un episodio de viento Zonda intenso en ese momento puede provocar deshidratación, caída de flores y una reducción en la cantidad de frutos.
El riesgo no será igual para toda la producción. Cada especie y cada variedad de durazno, cereza, manzana o vid tiene un calendario diferente. Por eso, una tormenta puede perjudicar a un cultivo que se encuentre en pleno cuaje y no afectar a otro que atraviese una etapa distinta.
En la vid, estas condiciones pueden generar el denominado corrimiento o escurrimiento del racimo, que ocurre cuando algunas flores o pequeñas bayas no prosperan. Como consecuencia, el racimo queda con una menor cantidad de uvas y pierde peso.
El riesgo para el agro es la cantidad y la intensidad de las lluvias que podría significar el Súper Niño.
“No se puede hablar hoy de un pronóstico de cosecha. Eso recién podrá comenzar a evaluarse hacia diciembre o enero”, advirtió el decano.
Enfermedades: el principal desafío de una temporada húmeda
Además de los eventos meteorológicos, una mayor humedad puede favorecer la aparición de enfermedades provocadas por hongos, especialmente en viñedos y frutales.
Entre las principales amenazas aparecen la peronóspora y la botritis, que pueden desarrollarse rápidamente cuando coinciden humedad y temperaturas elevadas.
El impacto sobre los cultivos dependerá principalmente del ciclo fenológico de las plantas cuando se produzcan los eventos.
El problema puede agravarse después de una lluvia intensa. Si el suelo queda saturado, los productores pueden pasar varios días sin poder ingresar a la finca con tractores y pulverizadoras para realizar los tratamientos. Por ese motivo, Martín remarcó que no se debe esperar a que aparezcan los síntomas.
“Hay que mejorar la planificación fitosanitaria, tener los insumos disponibles, las maquinarias preparadas y las pulverizadoras calibradas. Si había una planificación, hay que reforzarla”, indicó.
También recomendó evaluar herramientas alternativas, como las aplicaciones aéreas mediante drones, principalmente en aquellos establecimientos donde las condiciones económicas y productivas permitan acceder a esa tecnología.
Actualmente existen empresas mendocinas que ofrecen ese tipo de servicios. Aunque todavía se analiza su costo y efectividad para cada cultivo, los drones podrían permitir realizar aplicaciones en sitios de difícil acceso o cuando la maquinaria convencional no puede ingresar a la finca.
Prevención y alertas sanitarias
Para reducir los posibles daños, las medidas preventivas deberán comenzar tanto dentro como fuera de las fincas. En el ámbito público será necesario trabajar sobre la limpieza de cauces, el manejo de los embalses, la distribución del agua de riego y el mantenimiento de la infraestructura.
Dentro de cada establecimiento, los productores deberán revisar techos, galpones, sistemas de drenaje, canales internos, pulverizadoras y disponibilidad de productos fitosanitarios.
También será fundamental seguir las alertas emitidas por el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen) y otros organismos vinculados al pronóstico meteorológico y sanitario.
Martín consideró que las alertas existen, aunque reconoció que todavía hay desafíos relacionados con la forma en que esa información llega a los productores.
¿El Super Niño puede mejorar la producción?
Por el momento, no es posible afirmar que Mendoza tendrá una cosecha mayor o menor debido al fenómeno. El resultado dependerá de la intensidad de las precipitaciones, del momento en que se produzcan los eventos meteorológicos y de la capacidad de respuesta del sector productivo.
Sin embargo, si se excluyen los daños ocasionados por tormentas, granizo, viento Zonda y enfermedades, una mayor humedad en los suelos es positiva para los cultivos mendocinos.
“Si uno hace bien todo lo preventivo y lo paliativo, deberían existir mejores condiciones productivas”, aseguró Martín.
El Super Niño representa riesgos, pero también una oportunidad para una provincia que depende del agua de deshielo y atraviesa desde hace años una profunda crisis hídrica.
La clave será no esperar a que aparezcan los problemas: anticipar tratamientos, preparar la infraestructura, administrar eficientemente el agua y actuar rápidamente ante las alertas podría permitir que el agro mendocino aproveche los aspectos favorables de una temporada más húmeda.