10 de septiembre de 2026
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Inflación

Economía argentina: baja la inflación, pero crecen las señales de recesión

La inflación bajó al 1,7% en agosto, pero la industria y la construcción retroceden. Empresas bajo presión y señales de recesión cuestionan el discurso oficial.

Por Marcelo López Álvarez

Hay dos fotos de la Argentina económica que circulan hoy y ninguna desmiente a la otra. Ese es, justamente, el problema. La inflación marcó 1,7% en agosto, un número que Javier Milei y Luis Caputo exhiben como el mejor argumento a favor del rumbo elegido. A la par, el Indec informó que la construcción cayó 4,5% interanual y también respecto de julio, mientras que la industria retrocedió cerca del 5% en el mismo período. La pregunta que empieza a instalarse entre economistas de distinto signo ya no es si la desinflación y la caída productiva conviven, sino hasta cuándo.

El relato de los precios en baja

Para el Gobierno, el dato de agosto confirma que el repunte inflacionario de los meses previos, que había llevado la suba mensual por encima del 3%, quedó atrás. La comparación que más repiten los funcionarios contrapone el 30% anualizado actual con el 200% de hace dos años, una brecha que presentan como su principal activo de cara a las elecciones. Lo que esa lectura no explica es si la moderación de los precios se tradujo en una mejora concreta de los ingresos de la gente, algo que las cifras de actividad ponen en duda.

La inflación cae pero también se desploman a minimitos históricos construcción, industria y consumo.

La inflación cae pero también se desploman a minimitos históricos construcción, industria y consumo.

Fábricas que frenan, obras que se detienen

La construcción arrastra una dinámica errática, sin un piso claro, agravada por la llegada de viviendas prefabricadas importadas desde China. Es un fenómeno nuevo que complica aún más a la cadena de proveedores locales. La industria registró en julio una baja cercana al 5%, con impacto directo sobre el empleo registrado. Los primeros datos del tercer trimestre tampoco traen alivio: la industria y la construcción volvieron a caer más del 4%, tanto respecto del mes anterior como en la comparación interanual.

El economista Diego Coatz, de la consultora Industria y Desarrollo, señaló un matiz que ayuda a entender el fenómeno: los sectores que mejor están (agro, minería e hidrocarburos) apenas representan el 8% del empleo asalariado formal. Los que peor la pasan, en cambio, son los grandes empleadores. El resultado es lo que él mismo describe como "efecto sándwich": empresas que venden menos, con costos en alza y sin margen para trasladarlos a precios. Esta semana, Express Beer ofreció un ejemplo concreto: la empresa de logística que durante más de veinte años distribuyó y recuperó envases para la industria cervecera cerró y despidió a 220 trabajadores.

“Antes cazaban en el zoológico”

Consultado por el cierre de empresas, Caputo respondió en la Universidad Di Tella con una frase que resume el diagnóstico oficial: las compañías "antes cazaban en el zoológico" y ahora deben aprender a competir en la selva. Según su planteo, el Estado se limita a establecer las condiciones macroeconómicas correctas; el resto queda en manos de cada empresa. El ministro también fue categórico respecto del gasto público: si alguien le propusiera subirlo medio punto del PBI en un año electoral, dijo, "tendrían que cambiar de ministro, o tendrían que cambiar de presidente, y eso sí sería imposible".

El problema es que la cancha no está pareja. Los fabricantes locales compiten con productos chinos subsidiados en origen, cargan con un tipo de cambio que corre por detrás de la inflación, pagan tarifas de servicios en alza y afrontan tasas de interés cercanas al 70% anual, frente a una inflación que ronda el 30%. No son reglas neutrales: son incentivos que juegan en contra de la producción nacional, aun cuando los precios más bajos de las importaciones beneficien al consumidor en el corto plazo.

La recesión que empieza a tener nombre

Emmanuel Álvarez Agis, exviceministro de Economía y hoy al frente de la consultora B por Q, fue más allá: sostiene que la desinflación apoyada casi exclusivamente en el ancla fiscal llegó a un límite y que la caída conjunta de la industria y la construcción es compatible con una economía que entra en recesión. "No hablamos ya de dos velocidades", resumió, "hablamos de una economía que avanza poco y otra que da marcha atrás". Según su lectura, tampoco está resuelta la restricción externa que el Gobierno da por superada. Está enmascarada por el freno del mercado interno: los dólares disponibles alcanzan para cubrir deuda y ahorro, pero no para financiar el crecimiento.

A esa lista de reparos, Álvarez Agis suma lo que llama un "error no forzado": haber liberado el cepo cambiario para las personas antes que para las empresas, cuando la prioridad debería haber sido despejar el camino a la inversión corporativa.

Un dato de la Universidad de San Andrés terminó de inquietar al mercado: la economía habría caído 0,89% en el segundo trimestre, más del doble de lo previsto por el Relevamiento de Expectativas del Mercado. Según el mismo estudio, el empleo fue el factor que más empujó esa cifra a la baja, un deterioro que ninguna lectura optimista sobre la inflación alcanza a compensar.

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