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Guerra comercial

Donald Trump pone en marcha los aranceles: ¿Qué pasa con Argentina?

EE.UU. puso en marcha la política arancelaria de Donald Trump que afectan al acero, aluminio y otras exportaciones clave de la Argentina. Los riesgos latentes.

Por Marcelo López Álvarez

Este jueves entraron en vigor los nuevos aranceles anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que afectan a más de 90 países, incluidos Argentina y cinco más de América Latina. La medida, que marca un giro relevante en la política comercial de la Casa Blanca.

Tiene como objetivo declarado “hacer que las empresas manufactureras vuelvan a producir en Estados Unidos” y recuperar empleos que, según el mandatario, se han perdido por décadas de competencia desleal.

Poco antes de la implementación, Trump sostuvo que miles de millones de dólares, en su mayoría provenientes de países que se han aprovechado de Estados Unidos durante muchos años, comenzarían a ingresar a las arcas nacionales. El programa combina fines económicos, objetivos políticos y el uso de los aranceles como instrumento de negociación bilateral.

Si bien la administración norteamericana presenta la medida como un impulso a su industria, economistas advierten que parte del costo podría trasladarse a empresas y consumidores estadounidenses, encareciendo productos básicos y afectando sectores sensibles como el automotriz, la electrónica y los electrodomésticos.

El contexto de Donald Trump

Las nuevas tarifas alcanzan a exportaciones de más de 60 países y a la Unión Europea. Los aranceles varían entre un 10% y un 50%, este último aplicado a Brasil e India. En el caso indio, el incremento se implementa como represalia por la compra de petróleo ruso. En paralelo, China y México lograron prórrogas temporales para evitar un choque comercial inmediato, mientras que naciones como Reino Unido, Japón, Corea del Sur y la Unión Europea sellaron acuerdos para fijar tarifas reducidas.

En América Latina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Trinidad y Tobago afrontarán un 10% de gravamen; Brasil, el más alto, del 50%, en un contexto de tensiones políticas y acusaciones de Washington contra el gobierno brasileño.

Este cambio en la política arancelaria llevó la tasa efectiva de Estados Unidos a más del 17%, su mayor nivel desde la Gran Depresión. El incremento supone un desafío inédito para las cadenas globales de suministro, que dependen de múltiples cruces de frontera durante los procesos productivos.

mapa aranceles

El nuevo mapa de aranceles promovido por Donald Trump (NYT)

El frente argentino

En el caso argentino, el impacto directo es más acotado, pero no por ello irrelevante. Desde ahora, la mayor parte de las exportaciones hacia Estados Unidos pagará un arancel del 10%. Quedaron exentas las ventas de energía y oro —valuadas en unos 3.000 millones de dólares anuales—, mientras que el acero y el aluminio, por unos 600 millones, enfrentan desde marzo un gravamen del 25%.

Las cifras oficiales muestran que Estados Unidos es el tercer socio comercial de la Argentina, con una participación del 8% en el intercambio total de bienes. Según el INDEC, en el primer semestre de 2025 el país exportó a ese destino por 3.414 millones de dólares, un 17,6% más que en igual período de 2024. Las importaciones ascendieron a 3.303 millones, con un alza del 5,6%, dejando un superávit de apenas 98 millones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que el efecto de los nuevos aranceles provocaría una reducción de entre 300 y 500 millones de dólares anuales en las ventas argentinas, un recorte que, aunque moderado en términos macroeconómicos, afecta a sectores exportadores específicos.

Negociaciones en reserva

Ante este escenario, el Gobierno de Javier Milei mantiene aún negociaciones con Washington para morigerar el alcance de las tarifas. El canciller Gerardo Werthein reconoció que existe un acuerdo de confidencialidad que le impide brindar detalles, aunque aseguró que “las cosas van bien y va a ser bueno para la Argentina”.

Fuentes oficiales sostienen que las tratativas “marchan bien” y que solo restan “algunos detalles” para alcanzar un entendimiento. En ámbitos diplomáticos, se especula con que un anuncio podría coincidir con una reunión entre Milei y Trump en Washington, cuya fecha aún no ha sido confirmada pero que, según el propio Werthein, “va a ocurrir más pronto que lejos”.

El interés argentino pasa por mantener abiertas las condiciones de acceso a su tercer mercado de exportación, evitando un impacto mayor en industrias con capacidad de crecimiento y alto valor agregado. El acero, el aluminio y ciertos productos agroindustriales son parte del núcleo de la negociación.

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El canciller Gerardo Werthein con el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick

Un delicado equilibrio

El nuevo contexto comercial obliga a la Argentina a manejar con cuidado sus relaciones con Estados Unidos. La Casa Blanca combina la presión arancelaria con la oferta de acuerdos bilaterales, una estrategia que ya ha funcionado con otros socios y que podría replicarse en este caso.

Para el Gobierno argentino, el desafío es doble: proteger su inserción en el mercado estadounidense y, al mismo tiempo, no comprometer otros frentes comerciales estratégicos. Esto incluye mantener vínculos activos con la Unión Europea, China y Brasil, todos actores que también se ven afectados por la política arancelaria norteamericana y que, en algunos casos, rivalizan directamente con Washington. pero además buscar formas de defensa frente a la avalancha de productos que quedaran libres (sobre todo desde China) buscando mercados y con altas tasas de subsidio y fomento por parte de su gobierno.

Más allá del resultado, la nueva ofensiva arancelaria de Estados Unidos marca un cambio de escenario que obliga a la Argentina a reforzar su estrategia comercial y diplomática para no perder terreno en uno de los mercados más relevantes para sus exportaciones, algo que al Gobierno no se le suele dar con éxito.

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