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Donald Trump

Donald Trump en China: tecnología, negocios y la nueva dependencia entre Washington y Beijing

La visita de Trump a China reveló la creciente dependencia económica y tecnológica entre ambas potencias en plena disputa global.

Por Marcelo López Álvarez

La finalizada visita de Estado de Donald Trump a China, acompañado por algunos de los principales líderes corporativos y tecnológicos de Estados Unidos, muestra un nuevo paradigma geopolítico. Por detrás de la retórica de confrontación entre Washington y Beijing, son la urgencia comercial (en el marco del extendido conflicto con Irán) y la dependencia tecnológica las que hoy marcan el verdadero ritmo de la relación entre ambas potencias.

La escalinata del Gran Salón del Pueblo fue la escenografía que condensa la complejidad del escenario internacional actual. Durante los tres días de reuniones oficiales, Trump fue recibido por Xi Jinping en un contexto atravesado por una profunda contradicción estructural: mientras desde ambos gobiernos se multiplican las advertencias sobre seguridad nacional y competencia estratégica, junto al mandatario estadounidense desfilaban las figuras más influyentes del capitalismo global y el mundo tecnológico que hoy domina precisamente el mundo de la seguridad global.

El peso de las corporaciones tecnológicas

La delegación empresarial funcionó como un mapa de los intereses que Washington considera irrenunciables en China: microchips, automóviles eléctricos, finanzas y tecnología de consumo. Entre los dieciséis ejecutivos que integraron la comitiva se destacaron Jensen Huang, CEO de Nvidia; Elon Musk, al frente de Tesla; Tim Cook, CEO de Apple; y referentes de Wall Street como Larry Fink, de BlackRock, y Stephen Schwarzman, de Blackstone. En los primeros minutos del encuentro oficial, Trump elogió públicamente a sus acompañantes frente a Xi Jinping, definiéndolos como “los mejores empresarios del mundo” y subrayando que “respetan y valoran China”.

La escena resume la paradoja de la relación bilateral. Estados Unidos y China mantienen una disputa cada vez más intensa por el liderazgo global, pero al mismo tiempo sostienen un nivel de interdependencia económica que vuelve prácticamente imposible una ruptura total. Washington intenta contener el desarrollo tecnológico chino, aunque sus propias compañías dependen de manera crítica de fabricar, vender y financiarse dentro del mercado que la Casa Blanca identifica como su principal rival estratégico.

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La histórica y estratégica visita de Donald Trump a China duro tres días con eje en la tecnología.

La guerra tecnológica y los chips

El sector tecnológico y automotriz refleja con claridad esa tensión. La incorporación de último momento del chino-estadounidense Jensen Huang a la delegación confirmó hasta qué punto la denominada “guerra de los chips” se convirtió en uno de los ejes centrales de la disputa. Durante años, Nvidia dominó el mercado chino de semiconductores avanzados, hasta que las restricciones impuestas por Washington limitaron la exportación de tecnología sensible por razones de seguridad nacional. Hoy, la discusión gira alrededor de los procesadores H200: mientras Estados Unidos exige mecanismos de supervisión que Beijing considera inaceptables, firmas locales como Huawei aceleran sus planes de autonomía tecnológica.

En paralelo, el ídolo de los libertarios que defenestran el Estado, Elon Musk, intenta proteger con la ayuda del Estado norteamericano y las regulaciones y aranceles las operaciones de Tesla frente al crecimiento acelerado de fabricantes chinos como BYD. La gigafactoría de Shanghái se ha vuelto una pieza estratégica para sostener la producción global de la compañía.

El sucesor de Steve Jobs, Tim Cook, enfrenta un desafío similar: preservar la cadena de suministro de Apple en un mercado que continúa siendo decisivo para la empresa, incluso en medio de una desaceleración del consumo. De hecho, pese a la caída general de ventas, los envíos de iPhone crecieron un 20% durante el primer trimestre.

Wall Street tampoco quedó al margen. Los grandes fondos de inversión buscan ampliar su presencia en un sistema financiero chino todavía fuertemente regulado, apostando a vínculos personales y canales de diplomacia privada construidos durante décadas.

El pragmatismo político de Beijing

¿Qué mostró China frente a ese despliegue empresarial estadounidense? Su estructura de poder cerrada y orgánica. Junto a Xi Jinping participaron dirigentes clave del Partido Comunista, como Cai Qi, encargado de controlar la agenda presidencial y el flujo interno de información, y Wang Yi, histórico responsable de la política exterior china. Las negociaciones económicas quedaron bajo la conducción del viceprimer ministro He Lifeng.

Pese a su fama, Beijing mostró pragmatismo para administrar las tensiones diplomáticas. La autorización de ingreso al secretario de Estado Marco Rubio, sancionado por China desde 2020, fue justificada oficialmente bajo el argumento de que las sanciones recaían sobre su antiguo rol como senador y no sobre su función actual dentro del gobierno de Trump.

La visión de un ex embajador

Este contraste también revela un cambio profundo en la tradicional relación de fuerzas entre ambas potencias. El exembajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, desde Beijing, en declaraciones periodísticas aporta su lectura de que la visita dejó en evidencia las necesidades urgentes de la administración norteamericana para estabilizar varios de sus frentes abiertos. Incluso interpretó la presencia del empresariado estadounidense reclamando garantías comerciales como “casi un acto de rendición”.

Vaca Narvaja subraya además que, aun en un escenario de competencia estratégica explícita, más de 80.000 empresas estadounidenses continúan operando en territorio chino, lo que demuestra la magnitud de un entramado económico difícil de desarticular. China ya no ocupa únicamente el rol de fábrica global: se consolidó como un centro de innovación tecnológica y como uno de los mayores mercados de consumo del planeta, impulsado por una clase media estimada en más de 400 millones de personas.

En ese contexto, el exembajador sintetiza el cambio de paradigma con una definición contundente: “Estados Unidos necesita más de China de lo que China necesita a Estados Unidos”.

Un escenario global en transformación

La cumbre en el Gran Salón del Pueblo (la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años; el último precisamente había sido Trump en su primer mandato) no solo confirmó los límites del viejo esquema unipolar, sino que también dejó planteado el escenario de corto plazo para la relación entre ambas potencias. La imagen conjunta de la Casa Blanca y las grandes corporaciones norteamericanas en Pekín demuestra que la interdependencia económica sigue siendo el principal factor de estabilidad global.

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