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Mercados financieros

Dólar y tasas vuelven a bailar al ritmo de la política y sus vaivenes

La suba del dólar refleja la dolarización preelectoral, la incertidumbre política y el endurecimiento de encajes que golpea al crédito y la economía.

Por Marcelo López Álvarez

El mercado cambiario volvió a convertirse en el escenario central de las tensiones económicas. El dólar minorista escaló el lunes hasta los 1.370 pesos en el Banco Nación, con una suba de 40 pesos (2,2%) que reflejó tanto la demanda de cobertura preelectoral como el impacto de la incertidumbre política en un clima de volatilidad persistente.

Si bien hoy la divisa registró un leve retroceso a 1.365 pesos por dólar, la presión de fondo se mantiene y abre interrogantes sobre la capacidad del Gobierno para controlar la situación.

La presión de la dolarización electoral

La dolarización previa a las elecciones es un patrón habitual en la economía argentina, potenciado en estos días por la volatilidad política a partir de las denuncias de corrupción en el entorno más íntimo del Presidente y un equipo económico que no presta atención a la coyuntura y solo prioriza beneficiar a los actores del negocio financiero de hacer plata con plata.

El cierre de agosto parece marcado por la liquidación de posiciones en pesos para intentar dolarizarse, cubriéndose de cualquier riesgo en un clima político deteriorado y una economía que transita un estancamiento histórico que puede preanunciar una severa crisis social.

Ya lo decían las abuelas: “mejor pájaro en mano que cien volando”.

Lo cierto es que la situación parece ir más allá de la coyuntura con una política monetaria errática desde el desarme de las LEFI, pagando tasas exorbitantes y secando la plaza de pesos como único instrumento eficaz para frenar la corrida hacia el dólar.

bnco central

El Banco Central y Economía buscan por todos los métodos contener el valor del dólar

El factor político como disparador

El frente político aparece como un condicionante determinante. La cercanía de los comicios multiplica las dudas sobre el rumbo económico futuro, y en la City financiera crece la percepción de que el resultado en la provincia de Buenos Aires, en particular, funcionará como un verdadero termómetro. Si al oficialismo le fuera mal, estiman, la presión sobre el dólar se intensificaría, a lo que se suma un Banco Central con escaso poder de fuego para intervenir en el mercado y frenar la posible corrida hacia el dólar.

A este escenario se suman las denuncias de corrupción, que erosionan aún más la confianza y consolidan un terreno de inestabilidad crónica. Sin embargo, no deja de ser una cortina de humo para enmascarar el mayor —¿y único?— problema que tiene el Gobierno: un programa económico de timba financiera y abandono absoluto de los verdaderos motores de la economía, que son la producción, el trabajo y el consumo.

El endurecimiento de los encajes

En paralelo, en la previa de un nuevo vencimiento de deuda por 14 billones de pesos —de los cuales 9 están en manos de privados (sobre todo bancos)—, el Banco Central resolvió un aumento de los encajes bancarios hasta 53,5%, el nivel más alto en tres décadas. Buscando que mañana los pesos que no se renueven no vayan al dólar, el Gobierno sueña con seducirlos con las tasas y, si no, que tengan que quedar bloqueados en los bancos.

La novedad es que el Gobierno de Javier Milei quema una vez más sus libros y retoma la política de los últimos gobiernos al permitir a los bancos integrar los encajes con bonos de los que licitará este miércoles. De esta manera vuelven los encajes remunerados, es decir, los bancos prestando plata al Estado y no a la producción.

El endurecimiento de las condiciones financieras despertó un fuerte rechazo en el sistema bancario. Tesorerías y áreas de crédito advierten que la rentabilidad se ve erosionada y que la capacidad de prestar al sector privado se achica, lo que implica un nuevo golpe para la actividad económica, además de un viraje regulatorio sorpresivo y poco consensuado.

Una política monetaria a contramano

Los antecedentes históricos dan cuenta de lo riesgoso de esta estrategia. En los años de hiperinflación, los encajes superaron el 90%, y en la gestión de Mauricio Macri llegaron al 40%. El actual incremento revive la discusión sobre los límites del apretón monetario: contener el dólar a costa de estrangular el crédito. Si bien el Gobierno redujo marginalmente los encajes en efectivo, el alivio fue insuficiente para revertir el malestar de las entidades.

Al mismo tiempo, las tasas de interés se ubican en niveles que rozan lo insostenible: Lecaps al 60%, cauciones al 50% y bonos ajustados por CER con rendimientos que superan inflación más 30 puntos. Para muchos analistas, esa dinámica es incompatible con cualquier recuperación de la actividad y refleja el fracaso de los intentos oficiales por ordenar la política monetaria.

Expectativas inciertas

El resultado de la licitación de deuda del Tesoro, la evolución de las intervenciones en el mercado de futuros y, sobre todo, las señales electorales marcarán las próximas horas. Mientras tanto, los operadores reconocen que el dólar sigue siendo la variable que sintetiza las dudas: cada vez que la confianza política se resquebraja, la cotización salta y obliga a rediseñar estrategias.

El Gobierno confió en que el ajuste monetario y la administración de las tasas bastarían para atravesar la etapa preelectoral con relativa calma. Sin embargo, el episodio de esta semana demuestra que la combinación de fragilidad institucional y desconfianza financiera vuelve ineficaces las recetas tradicionales.

El mercado parece haber aprendido una lección que la política todavía resiste a aceptar: en la Argentina, el dólar no se subestima.

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