La reapertura del mercado cambiario argentino, tras el levantamiento del cepo, reactivó un comportamiento tan arraigado como persistente en la economía nacional: la compra masiva de dólares por parte de ahorristas y empresas.
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Dólar: el regreso al colchón y la fuga de capitales
El plan para que los ahorristas usen sus dólares parece fracasar. Los argentinos siguen acumulando billetes bajo el colchón
El Gobierno había apostado a que, con mayor libertad cambiaria, los dólares atesorados por los argentinos se destinarían a monetizar y reactivar la economía. Sin embargo, los números revelan lo contrario: el Balance Cambiario de mayo del Banco Central confirma que gran parte de esas divisas no se volcaron al consumo ni al sistema financiero.
Plan Colchón: la apuesta que no funcionó
La estrategia oficial, promovida por Javier Milei y Luis Caputo, buscaba dinamizar la economía a partir del flujo de dólares de los ahorristas. Pero las cifras muestran que el resultado fue limitado.
En mayo, un millón de personas compraron 2.262 millones de dólares, un 10% más que en abril. Sin embargo, los depósitos privados en dólares crecieron apenas 25 millones, lo que evidencia que la mayor parte de esas divisas se mantiene fuera de los canales bancarios.
El dólar como refugio persistente
La tendencia no es nueva. La desconfianza en el sistema financiero empuja a que los dólares adquiridos circulen por circuitos informales o permanezcan atesorados.
En paralelo, persiste una operatoria más compleja. Desde la City advierten que, en un contexto en el que el cepo sigue restringiendo a las empresas el giro de utilidades al exterior, muchas operaciones se canalizan a nombre de personas físicas para esquivar los límites del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y el contado con liquidación (CCL).
Este mecanismo es utilizado, por ejemplo, por dueños de pymes para transferir fondos al exterior y cancelar deudas, mientras otros sectores destinan las divisas a bienes durables —automóviles, motocicletas o inmuebles—, sosteniendo así algunos nichos de consumo interno.
Turismo y dólar tarjeta: un gasto que no cede
El turismo y el uso del dólar tarjeta mantienen su peso incluso en meses de baja temporada. En mayo, los egresos netos por consumos en el exterior sumaron 770 millones de dólares, y las proyecciones indican que el año podría cerrar con salidas cercanas a 10.000 millones bajo este concepto.
Este flujo se combina con el giro de utilidades y el pago de dividendos, operaciones que siguen bajo supervisión pero que alimentan la fuga de divisas.
Formación de activos externos: más dólares fuera del sistema
La preferencia por el “dólar colchón” volvió con fuerza. Pese a las medidas del Gobierno, una porción significativa de las divisas se atesora en efectivo como cobertura y otra se transfiere al exterior por vías alternativas.
En mayo, la formación de activos externos -término que en lenguaje técnico describe la salida de capitales- trepó a 3.226 millones de dólares, un 60% más que en abril. Esta dinámica confirma que la dolarización privada continúa al margen del sistema financiero formal.
El levantamiento del cepo para personas humanas impulsó la compra de dólares a niveles que no se veían desde 2019. Simultáneamente, la cuenta corriente cerró mayo con un déficit de 149 millones de dólares, por debajo del promedio de 1.000 millones del primer trimestre.
Un desafío para la política económica
El alivio temporal en las cuentas externas obedece al ingreso estacional de dólares de la exportación agrícola, favorecido por la reducción transitoria de retenciones. Pero las proyecciones para el segundo semestre anticipan un escenario más complejo: se esperan meses con saldo negativo en la balanza comercial, en un contexto de exportaciones en baja del 7,4% interanual e importaciones en alza del 29,4%, con predominio de bienes de consumo y automotores.
El regreso de la compra masiva de dólares, la persistencia de la fuga de capitales y la escasa bancarización de divisas confirman que la confianza en la estabilidad cambiaria sigue siendo débil.
Por ahora, no se vislumbra un riesgo inminente de crisis cambiaria, pero el verdadero desafío para el Gobierno será demostrar que la apertura cambiaria puede sostenerse sin que los dólares vuelvan, una vez más, al colchón o a cuentas en el exterior.