En un escenario agropecuario donde la optimización de los recursos hídricos es un imperativo, la adopción de nuevas tecnologías de riego en Mendoza enfrenta un obstáculo macroeconómico. A pesar del avance global de sistemas de alta eficiencia, la modernización del campo mendocino permanece estancada debido a los elevados costos operativos y la estrecha rentabilidad.
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Crisis de rentabilidad y falta de crédito: el freno al riego eficiente en Mendoza
La falta de rentabilidad y financiamiento frena la adopción de riego eficiente en Mendoza, pese al avance tecnológico y obras clave en ejecución.
Innovación disponible, pero fuera de alcance
El especialista Sebastián Halpern analiza, en diálogo con Sitio Andino, la realidad hídrica de la región y describe un escenario tan desafiante como estratégico. Si bien existen avances prometedores (como el riego por goteo subterráneo, que permite ahorrar hasta un 30% del recurso), los altos costos productivos y la escasez de financiamiento relegan la modernización de las fincas. En este contexto, las obras de infraestructura pública y la producción local de insumos aparecen como el puente indispensable para impulsar la transición tecnológica.
Sin rentabilidad, no hay inversión
El diagnóstico de Halpern, referente en gestión del agua e irrigación, es contundente al explicar por qué una región históricamente dependiente de la eficiencia hídrica no logra liderar la actualización tecnológica. “En Mendoza, con el precio actual de la hortaliza y de la uva, hay muy poco desarrollo nuevo”, advierte.
La raíz de esta parálisis es, según el especialista, una estructura de costos que deja sin margen para invertir. “El principal problema hoy es la rentabilidad de las producciones. El valor de lo que se produce no alcanza para invertir lo necesario en eficiencia de riego”, sostiene. A esto se suma la falta de financiamiento adecuado: si bien las tasas comienzan a descender, el proceso es lento y aún no logra dinamizar las inversiones.
El avance del riego inteligente en otras regiones
Paradójicamente, mientras la inversión privada se retrae en Cuyo, las soluciones tecnológicas avanzan con fuerza a nivel nacional. La vanguardia en irrigación está marcada por el goteo enterrado, una técnica que minimiza la evaporación y maximiza el aprovechamiento del agua.
“Lo más avanzado hoy es el goteo enterrado, que se utiliza en cultivos como pistachos, algo de viña y, sobre todo, en extensivos como trigo, maíz y soja”, explica Halpern. En Mendoza, su adopción aún se limita a cultivos de alto valor, como el nogal y el pistacho, pero su expansión es sostenida en el norte del país, en provincias como Córdoba y en la Pampa Húmeda, donde funciona como complemento de las lluvias.
Cómo funciona el goteo subterráneo
Desde el punto de vista técnico, el sistema introduce una transformación profunda en la lógica del riego. “Son goteros antisucción y autocompensados, enterrados entre 20 y 35 centímetros, que llevan el agua directamente a la raíz”, detalla. Al evitar el contacto con la superficie, elimina prácticamente las pérdidas por evaporación.
Los resultados son contundentes: el sistema permite ahorrar entre un 20% y un 30% más de agua respecto del goteo aéreo tradicional. Además, incorpora automatización y control remoto, con tecnologías que permiten gestionar válvulas, fertilización y filtrado desde un dispositivo móvil, monitoreando la finca en tiempo real.
El costo de dar el salto tecnológico
Sin embargo, este salto tecnológico exige una inversión significativa. Actualmente, el costo oscila entre 2.500 y 4.000 dólares por hectárea, incluyendo equipos, materiales, instalación y mano de obra. El monto final varía según el tipo de cultivo, la distancia entre hileras y las características del sistema elegido.
Infraestructura y Estado: la clave para destrabar inversiones
Frente a esta barrera, la intervención del Estado mediante obras de infraestructura aparece como un factor clave. Halpern señala que la recuperación del sector depende directamente del desarrollo de matrices principales de distribución. En ese sentido, destaca tres obras en ejecución en el Valle de Uco, financiadas con fondos de resarcimiento, que permitirán a los productores conectarse a sistemas presurizados desde acueductos ya operativos.
Este tipo de infraestructura no solo simplifica la implementación técnica (al evitar inversiones en transformadores, bombas y tableros), sino que también reduce significativamente los costos energéticos, mejorando la ecuación económica del productor.
Industria local y competitividad
La apuesta por la industria local se refleja en iniciativas como la producción de tubos de PVC, que permiten reducir costos logísticos y mejorar la competitividad. “Hoy es conveniente producir localmente; se ahorra mucho en flete y se logran productos competitivos en calidad y precio”, concluye Halpern al ser consultado sobre la competitividad de la fábrica de caños de PVC inaugurada por su empresa un par de años atrás.
Entre restricciones macroeconómicas y avances tecnológicos, el agro mendocino busca trazar un camino resiliente, donde la eficiencia hídrica, la inversión estratégica y el desarrollo industrial converjan para proteger su recurso más crítico: el agua.