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Construcción

Construcción en crisis: Mendoza resiste mejor que el país, pero no logra recuperarse

La construcción sigue estancada. Mendoza perdió menos empleos que el país, pero la recuperación depende de la obra pública y del crédito hipotecario.

Por Marcelo López Álvarez

La construcción argentina no logra recuperarse de la profunda caída que sufrió en 2024. Durante 2026, la actividad mostró señales de estancamiento e incluso registró un nuevo retroceso a mediados de año. La provincia de Mendoza presenta un panorama algo más favorable que el conjunto del país, aunque también permanece por debajo de los niveles anteriores a la crisis. La diferencia está, fundamentalmente, en la mayor resistencia del empleo y en la inversión pública provincial.

El diagnóstico surge del último informe de coyuntura regional del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), elaborado por los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day. El trabajo advierte que la construcción atraviesa una recuperación inusualmente débil para un sector que, históricamente, crece por encima del promedio de la economía cuando comienza a revertirse una recesión.

Los datos del empleo reflejan esa disparidad. Mientras que a nivel nacional los puestos formales de la construcción se encuentran aproximadamente un 16% por debajo de noviembre de 2023, en Mendoza la reducción ronda el 2%. La provincia logró recuperar buena parte del terreno perdido, aunque sin alcanzar todavía los registros previos al ajuste.

La situación responde a una combinación de factores que afecta de manera diferente a la actividad privada y a la obra pública. Por un lado, construir se volvió considerablemente más caro en dólares, sin una recuperación equivalente de los precios inmobiliarios. Por otro, el Gobierno nacional mantiene niveles reducidos de inversión en infraestructura, mientras algunas provincias comenzaron a recomponer sus presupuestos de obras.

Construir cuesta más, pero las propiedades no acompañan

La construcción privada representa alrededor del 90% de la actividad sectorial. Su evolución depende, en buena medida, de la rentabilidad que esperan obtener quienes desarrollan emprendimientos inmobiliarios y de la capacidad de compra de las familias.

Durante varios años, la elevada brecha cambiaria permitió construir a costos relativamente bajos medidos en dólares paralelos. Esa ventaja desapareció con la desaceleración inflacionaria y un tipo de cambio que aumentó bastante menos que los precios internos.

El resultado fue un encarecimiento significativo de los materiales, la mano de obra y otros componentes de la construcción expresados en dólares.

El problema para los desarrolladores es que los valores de venta de los inmuebles no crecieron en la misma proporción. La diferencia redujo los márgenes de rentabilidad y volvió menos atractiva la puesta en marcha de nuevos proyectos.

El informe del IERAL señala que la mejora de determinados indicadores financieros, como la reducción del riesgo país, tampoco se trasladó con la misma intensidad al mercado inmobiliario. A diferencia de los activos financieros, las propiedades responden más lentamente a los cambios económicos y su cotización depende también de los alquileres, los ingresos familiares, la disponibilidad de financiamiento y las expectativas.

En estas condiciones, el sector enfrenta una dificultad que podría prolongarse durante 2027. Los economistas no identifican factores que permitan anticipar una reducción importante de los costos de construcción en dólares. Para recomponer la rentabilidad sería necesario, por lo tanto, que los precios de los inmuebles comenzaran a recuperar parte de la diferencia acumulada.

El crédito hipotecario perdió impulso

La otra posibilidad de reactivación de la construcción privada está vinculada con el financiamiento de viviendas. Los préstamos hipotecarios comenzaron a recuperarse a mediados de 2024, después de años de escasa actividad. Sin embargo, ese crecimiento perdió dinamismo a comienzos de 2026 y recién en agosto aparecieron indicios de una posible reactivación.

El Gobierno nacional anunció, además, un mecanismo de depósitos ajustados por UVA provenientes del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para mejorar la capacidad prestable de los bancos y ampliar el financiamiento para la primera vivienda. Pero pese a estas iniciativas, el volumen de crédito hipotecario argentino continúa siendo reducido en comparación con otros países.

Desde la perspectiva de las familias, la decisión de endeudarse depende principalmente de la relación entre la cuota hipotecaria y el alquiler de una propiedad equivalente. En los últimos dos años, el aumento de los alquileres y la reducción de las tasas nominales favorecieron esa comparación.

Pero existen obstáculos importantes. La debilidad de los ingresos y la incertidumbre económica desalientan compromisos financieros de largo plazo, especialmente cuando se trata de préstamos cuya devolución puede extenderse durante décadas.

A ello se suma un deterioro de la calidad crediticia. Según los datos del Banco Central incluidos en el informe, la morosidad del sistema alcanzó el 7,7% de los préstamos, aunque en el segmento hipotecario se mantuvo considerablemente más baja, en torno al 2,1%.

La obra pública en Mendoza marca la diferencia para el sector de la construcción

La obra pública marca la diferencia en Mendoza

La inversión estatal constituye el otro componente decisivo para explicar el comportamiento de la construcción. El fuerte recorte de la obra pública nacional, iniciado a fines de 2023, fue uno de los principales responsables de la contracción sectorial. Aunque posteriormente varias provincias comenzaron a recuperar parte de sus inversiones, el gasto del Gobierno nacional continúa en niveles reducidos.

Mendoza presenta una particularidad: dispone de los recursos del Fondo de Resarcimiento, que comenzaron a utilizarse para financiar obras hacia fines de 2025.

Ese financiamiento permite sostener proyectos provinciales y explica parcialmente por qué la construcción mendocina muestra una evolución más favorable que la observada en buena parte del país.

De acuerdo con el relevamiento del IERAL, la inversión pública provincial se ubica, en términos reales, alrededor del 89% del nivel registrado en el tercer trimestre de 2023. En otras jurisdicciones la recuperación fue mucho menor, con indicadores que permanecen próximos al 39% de aquella referencia.

Las perspectivas nacionales para 2027 ofrecen señales moderadamente favorables. El proyecto de Presupuesto presentado al Congreso contempla un incremento de las obras ejecutadas por el Gobierno nacional y mayores transferencias de capital a las provincias respecto de lo efectivamente gastado durante 2026.

Sin embargo, esas transferencias continuarían en niveles bajos. Incluso medidas en valores nominales, quedarían por debajo de las correspondientes a 2025, una diferencia que se amplía cuando se considera la inflación.

Una recuperación que todavía depende de varios factores

Para Mendoza, el Fondo de Resarcimiento podría continuar funcionando como un sostén relevante de la actividad durante 2027, especialmente si la inversión nacional mantiene su debilidad.

La construcción privada enfrenta un horizonte menos definido. Su recuperación dependerá de que los desarrolladores vuelvan a encontrar márgenes de rentabilidad suficientes para iniciar proyectos y de que el crédito hipotecario alcance una dimensión capaz de impulsar la demanda.

El sector consiguió detener buena parte de la caída, pero aún no recuperó su capacidad de expansión. Mendoza llega a esta etapa en una posición relativamente mejor que el promedio nacional, apoyada principalmente en la inversión provincial. No obstante, la consolidación de una recuperación sostenida todavía depende de condiciones económicas y financieras que el mercado inmobiliario no ha conseguido reunir.

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