La evolución de la actividad económica en el cierre del 2025 volvió a mostrar las contradicciones y desigualdades dejar al descubierto una característica persistente del actual ciclo: la mejora existe en los datos agregados, pero su composición sectorial revela un patrón profundamente desigual.
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Actividad económica 2025: crecimiento desigual y recuperación concentrada por sectores
El cierre de 2025 mostró crecimiento de la actividad económica, pero concentrado en pocos sectores y con escaso impacto en el empleo y el mercado interno.
Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el INDEC, en diciembre la economía mostró una suba interanual del 3,5% y un avance mensual del 1,8%. Sin embargo, el análisis desagregado expone una recuperación sostenida por pocos sectores y con escaso impacto sobre el entramado productivo y el empleo.
El agro como sostén coyuntural
El principal motor del crecimiento fue el sector agropecuario. Tras el derrumbe provocado por la sequía de 2023, la normalización climática y la recuperación de la cosecha, en particular del trigo, generaron un efecto estadístico relevante y un incremento real de los volúmenes exportables.
Este rebote permitió compensar parcialmente las caídas registradas en otros rubros más vinculados al mercado interno. No obstante, el agro volvió a confirmar su rol de sostén coyuntural: su impacto permanece concentrado y no produce un derrame inmediato sobre la industria ni sobre los servicios intensivos en empleo.
Otro de los sectores con desempeño destacado fue la intermediación financiera. El mayor dinamismo respondió al contexto de tasas elevadas, al reordenamiento de carteras y al aumento de operaciones financieras.
Se trata, sin embargo, de un crecimiento que no refleja mayor producción de bienes ni expansión del consumo. En términos de generación de empleo y actividad real, su incidencia es sensiblemente menor que la de sectores como la industria manufacturera o la construcción.
La industria, el eslabón más debilitado
En el extremo opuesto se ubicó la industria, que volvió a cerrar el año con cifras negativas. La caída del consumo, la retracción de la demanda interna y las dificultades para sostener los niveles de producción continúan afectando a uno de los sectores clave de la economía.
La industria no sólo tiene un peso significativo en el producto, sino que cumple un rol central en la generación de empleo y en los encadenamientos productivos. Su persistente retroceso evidencia que la recuperación no es homogénea y que el tejido productivo mantiene señales claras de fragilidad.
Lectura oficial y controversias estadísticas
Pese a esta dinámica dispar, el presidente Javier Milei celebró públicamente los datos del EMAE, interpretándolos como una validación del rumbo económico. Sin embargo, la lectura oficial contrasta con el análisis detallado de la serie estadística y con la situación que describen numerosos actores económicos.
Uno de los aspectos más controvertidos del informe fue la revisión de toda la serie anual, que elevó el crecimiento de 2025 hasta el 4,4%. Esta práctica, cada vez más frecuente, volvió a despertar cuestionamientos sobre la transparencia y consistencia de las estadísticas oficiales.
El organismo ya había sido criticado el año anterior cuando ajustó al alza meses previos para evitar que se configurara técnicamente una recesión, definida por dos trimestres consecutivos de caída.
El FMI y las metas en tensión
La revisión adquiere mayor relevancia en el marco de la negociación con el Fondo Monetario Internacional. El Gobierno busca exhibir una economía en expansión mientras enfrenta dificultades para cumplir metas centrales del acuerdo, como la acumulación de reservas y el resultado fiscal primario.
A medida que el crecimiento estadístico se corrige al alza, el margen para alcanzar los compromisos fiscales se reduce, alejando al ministro de Economía Luis Caputo de uno de los objetivos clave pactados con el organismo.
Las dudas del Fondo no se limitan al nivel de actividad. También alcanzan a la calidad de la información oficial, en particular tras la suspensión de la difusión de la inflación medida con la nueva canasta de consumo.
Según trascendidos, el FMI exige un cronograma concreto para su implementación y garantías adicionales sobre la credibilidad de las estadísticas, un punto sensible en el marco de la negociación por eventuales dispensas.
Arrastre estadístico, mercado interno y deterioro social
El crecimiento de 2025, además, aparece fuertemente condicionado por el denominado “arrastre estadístico”. Buena parte de la expansión anual se explica por el nivel relativamente alto alcanzado hacia el final de 2024, lo que eleva el promedio del año siguiente aun cuando la economía se mantenga estancada.
En la medición punta a punta, el desempeño fue mucho más modesto y no logró revertir el deterioro de las actividades vinculadas al mercado interno.
La composición sectorial refuerza esta lectura. Mientras la agricultura y la intermediación financiera explicaron la mayor parte del avance, sectores clave para el empleo, como la industria y el comercio, cerraron el año con caídas.
Esta combinación ayuda a explicar por qué la mejora estadística no se traduce en una percepción de recuperación en amplios segmentos de la sociedad.
En este contexto, la insistencia oficial en destacar la “estabilidad macroeconómica” convive con un escenario de cierres de empresas, despidos y pérdida de poder adquisitivo. La reducción de la inflación, otro de los pilares del discurso gubernamental, se apoya en anclas recesivas y transitorias, más cercanas a una desinflación forzada que a una estabilización sólida.