En el marco del Día del Trabajador, historias de vida de jubilados de Malargüe que revelan trayectorias marcadas por esfuerzo, sacrificio y vocación. Desde el anonimato, muchos forjaron comunidad y sostuvieron instituciones. Hoy, con la serenidad del deber cumplido, evocan recuerdos cargados de emoción, donde el trabajo fue también identidad, lucha y, en algunos casos, una forma de amor.
Día del Trabajador y los relatos que construyeron Malargüe desde el esfuerzo cotidiano
Relatos de jubilados revelan esfuerzo, sacrificio y vocación, con recuerdos que construyen identidad y comunidad en Malargüe.
Hay relatos que no suelen ocupar titulares, pero que sostienen la trama profunda de una sociedad. En Malargüe, vecinos y pobladores construyeron su destino entre oficios, madrugadas y sueños postergados, enfrentando vicisitudes propias de contextos adversos. Muchos de ellos, hoy jubilados, miran hacia atrás con nostalgia y orgullo, recordando no solo lo que hicieron, sino lo que dejaron en cada espacio que habitaron.
Historias de vida de trabajadores de Malargüe
Entre esas voces aparece Rosa Viltes, una mujer que dejó huella en LV 19 Radio Nacional Malargüe, donde trabajó durante 32 años. Su ingreso fue por concurso, un logro que la llenó de orgullo al convertirse en la única mujer en acceder de esa manera al medio. Allí desarrolló una extensa carrera que la llevó a ocupar la Jefatura del Departamento Comercial, e incluso a estar al frente del personal en reiteradas ocasiones. Su historia está atravesada por la constancia y la pasión, en una época donde abrirse camino no era tarea sencilla.
Antes de su paso por la radio, Rosa Viltes trabajó durante siete años en una casa de repuestos en el entonces incipiente Malargüe, en Gilpermalal. Ese empleo, poco habitual para mujeres en aquel tiempo, marcó una etapa clave en su formación laboral, consolidando una lucha silenciosa por la igualdad de oportunidades en la segunda mitad del siglo XX. Hoy, ya jubilada, conserva intacta la emoción de haber sido pionera.
Trabajadores jubilados del petróleo
La charla también incluyó el testimonio de Gustavo Turano, quien desde niño conoció el valor del trabajo. Sus primeros pasos fueron junto a su abuelo en la construcción, en San Rafael. Más tarde, mientras cursaba estudios nocturnos en una escuela técnica, sumó experiencias en la Bodega Suter y en una carpintería. Cada tarea fue moldeando un perfil que, con el tiempo, encontraría su rumbo definitivo.
A los 18 años, durante una visita a Malargüe, Gustavo Turano tuvo un encuentro fortuito que cambiaría su vida. En el yacimiento Puesto Rojas, mientras compartía mates con trabajadores petroleros, surgió la necesidad urgente de cubrir un puesto. Sin dudarlo, se postuló y comenzó en 1978 una extensa carrera en la industria hidrocarburífera. Ese camino lo llevó por distintos rincones del país, enfrentando condiciones extremas, desde el frío intenso hasta destinos marítimos lejanos.
Amor, vocación y servicio en una escuela de Malargüe
Otra historia que emociona es la de Etelvina Flores, nacida en San Juan pero profundamente arraigada en Malargüe desde hace 48 años. Fue celadora en la Escuela Maestro Emilio León desde su inauguración, hace más de tres décadas. Comenzó trabajando ad honorem hasta lograr su nombramiento, y durante años cumplió funciones en doble turno, sin descuidar la crianza de sus tres hijos, a quienes pudo brindar educación.
Etelvina Flores recuerda con cariño las jornadas escolares, los actos patrios y los momentos compartidos con alumnos y docentes. Entre anécdotas, menciona las tortas fritas que preparaba para la comunidad educativa, gestos simples que fortalecieron vínculos duraderos. Hoy, muchos de aquellos niños son padres que aún la saludan con afecto, reconociendo su entrega cotidiana.
Malargüe recibió siempre a trabajadores de otras ciudades
El recorrido también alcanzó a Orlando Juárez, electricista jubilado que llegó desde San Rafael y encontró en Malargüe un lugar para crecer junto a su familia. Su trayectoria incluyó trabajos en diversas empresas, donde debió adaptarse a los avances tecnológicos de su oficio, especialmente durante la década del ’80.
Como tantos otros, Orlando Juárez recuerda las duras condiciones climáticas en las que debía desempeñarse, jornadas con nieve, temperaturas bajo cero y largas madrugadas. Sin embargo, en cada desafío encontró una oportunidad para aprender y superarse.
En este Día del Trabajador, estas historias invitan a mirar más allá de lo visible. Son relatos donde el esfuerzo cotidiano se mezcla con una leve nostalgia romántica, esa que nace al recordar lo vivido con intensidad. Porque en cada oficio, en cada jornada, hubo algo más que trabajo: hubo vida.