Opinión

Un problema llamado Feria del Libro de Mendoza

Sin público, poco atractiva y con gastos millonarios: solo por siete espectáculos se pagaron casi 20 millones de pesos en la Feria del libro de Mendoza.

Por Walter Gazzo

“¡No sabía que estaba la Feria del Libro!”. Esta fue la frase más escuchada durante la semana pasada en los cafés del Gran Mendoza… y en muchos otros lugares también. Y es que la Feria del Libro de Mendoza pasó sin pena ni gloria por el Auditorio Ángel Bustelo que albergó a uno de los eventos más tradicionales que tiene Mendoza (y cualquier provincia).

Una feria de estas características es una verdadera fiesta de la cultura. Al igual que la Vendimia, hay gente que trabaja (o debería hacerlo) durante un año en el evento, pensando actividades e imaginando resultados.

Pero, por lo visto en las últimas ediciones, poco quedó de esa “fiesta” para el mundo cultural mendocino porque la Feria no logra llamar la atención. Y el primer yerro que se puede observar es la marcada falta de difusión que tiene.

Y la verdad es que es bastante extraño que esto suceda porque un evento que tiene destinado un presupuesto importante no puede desatender precisamente la convocatoria a través de la difusión.

Sin ir más lejos, este año el EMETUR (Entre Turismo de la Provincia de Mendoza) destinó la suma de $19.300.000 (pesos diecinueve millones trescientos mil) para la contratación de 7 (siete) reconocidos DJs para que animaran las noches de la Feria en el escenario exterior. Estamos hablando de Lisa Cerati, Anita B Queen, Bobby Flores, Uopa Nachi, Alejandro Lacroix, Omar algo anda mal y DJ Stuart. La verdad es que la grilla de DJs fue fenomenal porque tienen renombre internacional y desatan una verdadera fiesta en donde se presentan… menos en la Feria del Libro de Mendoza donde la noche que más gente hubo fueron 100 personas. La lógica funcionó a la perfección: si nadie sabe qué hay, no hay público.

Pero no solo DJs con fiesta sin público. También, pasaron presentaciones de libros sin sus autores; salas con público para contar con los dedos de una mano; cambios de lugares sin aviso (una típica, para ir buscando por todos lados la charla elegida); ni una cartelera informativa y muchos detalles más.

Los autores relevantes nacionales fueron escasos; los locales debieron lidiar con su propia difusión para acercar gente al espacio; los libreros tuvieron su momento vendiendo ofertas que ellos mismos generaron; y hasta presenciaron un escándalo repudiable que llegó el penúltimo día del evento.

Nada más que apuntar para esta edición de la Feria del Libro de Mendoza que se hizo solo para cumplir.

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