La Fiesta de la Vendimia celebró 90 cosechas con un despliegue que rescató un guión lineal y previsible. Bajo la dirección de Pablo Perri, la celebración que se presentó en el Teatro Griego Frank Romero Day apostó a la seguridad narrativa, pero deslumbró con una arquitectura técnica imponente: 500 drones y el rescate de la mística de Abelardo Vázquez
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Vendimia 2026: una puesta de vanguardia para un guión lineal que no quiso arriesgar
El domingo, se realizó el Acto Central de la Vendimia, en el Teatro Griego. El espectáculo dirigido por Pablo Perri, contó con la participación de 750 artistas.
Fiesta de la Vendimia: el peso de la memoria y la "trampa" de la nostalgia
Desde el inicio, la puesta dejó clara su intención. La apertura del Acto Central fue, quizás, el momento más logrado desde lo emotivo: una evocación mágica de vendimias pasadas que, a través de las pantallas, invitó al público a un viaje por el tiempo, destacando incluso, la figura de la primera reina nacional, Delia Larrive Escudero, representante de Godoy Cruz. .
Pero allí apareció el primer contraste: la fuerza de las imágenes y de esos personajes históricos fue tan arrolladora que terminó por opacar a los 750 artistas en escena. Durante los primeros minutos, el espectador no miraba el escenario; miraba el recuerdo, dejando a los bailarines en un segundo plano difícil de remontar.
La arquitectura técnica: el verdadero motor
Si el libreto no quiso arriesgar, la producción técnica hizo todo lo contrario. El Frank Romero Day se transformó en un laboratorio de tecnología de punta. La incorporación de 500 drones dibujando en el cielo mendocino -desde la figura de San Martín hasta una cosechadora- le dio a la fiesta una jerarquía internacional.
Este despliegue se fusionó de manera orgánica con la herencia de los grandes maestros. El homenaje a Abelardo Vázquez devolvió la épica a los cerros, y la vigencia de las cajas lumínicas demostró que la artesanía sigue siendo el alma de la fiesta. Fue en esa "arquitectura técnica" donde la obra encontró su verdadera voz, compensando un guión que por momentos se volvía "chato".
Mención especial merece el despliegue de los 55 músicos en vivo, quienes con una ejecución impecable reafirmaron la excelencia y el prestigio de las figuras locales, convirtiéndose en el latido constante del Teatro Griego.
A este marco sonoro se sumó un vestuario vibrante; un estallido de colores que no solo vistió a los artistas, sino que terminó de dotar de identidad y vida a cada escena.
Luces y sombras de una puesta correcta
Hubo momentos de altísima factura estética, como el cuadro del Tango y la fuente de agua, donde la sensualidad y el movimiento se fundieron en una de las escenas más celebradas.
El General San Martín volvió a ser el salvoconducto de la noche. Cuando el espectáculo parecía aplanarse en su propia linealidad, la aparición del Libertador inyectó la mística necesaria para despertar al Teatro Griego.
Con la fuerza de los granaderos y un malambo que se adueñó por completo de la escena, la figura de San Martín no solo salvó la narrativa de la decadencia, sino que devolvió la épica a los cerros, recordándonos que la Vendimia también es un acto de soberanía y coraje
Por el contrario, hubo apuestas que no terminaron de entenderse, como la aparición de la Virgen dentro de una esfera, un recurso que resultó confuso y rompió el clima de fe que tan bien habían construido las pantallas con las imágenes de los viñateros.
Los protagonistas, los espíritus de Guillermo Cano y Frank Romero Day, cumplieron su rol de narradores, aunque en la inmensidad del montaje tecnológico sus figuras por momentos se diluyeron.
Fue recién en el cuadro final donde se pudo apreciar la verdadera magnitud de los 750 artistas en escena, un cierre a pura potencia que logró que el público se levantara de sus gradas para aplaudir de pie una ejecución que, aunque segura, fue impecable.
Pablo Perri salió airoso de su segundo desafío. Demostró crecimiento, solvencia y buen un manejo de la puesta técnica, respecto a su debut, en el 2024. Sin embargo, "90 cosechas de una misma cepa" confirma una tendencia: la de una Vendimia que se apoya en el impacto visual para no tener que explicar las debilidades de su libreto.
Fue un espectáculo logrado y efectivo, que cumplió el sueño de su director y el deseo del turista, pero que todavía nos debe ese riesgo artístico que convierta a la historia en algo tan inolvidable como los drones que brillaron en su cielo.