Las redes sociales dejaron hace tiempo de ser solo un espacio para compartir fotos o conversar a la distancia. Hoy influyen en la forma de relacionarse, construir la identidad y tomar decisiones, especialmente entre niños y adolescentes, quienes encuentran en estas plataformas un escenario donde la aceptación social puede convertirse en una necesidad constante.
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Retos virales en adolescentes, según la psicología: cuando el miedo a ser rechazado pesa más que el peligro
Desde mensajes violentos hasta agresiones físicas, las redes sociales y sus desafíos virales transforman cada vez más las relaciones personales, convirtiendo a niños y adolescentes en uno de los principales focos de preocupación.
En ese contexto, los llamados retos virales volvieron a encender las alarmas. Casos como la Ballena Azul, las amenazas de tiroteos escolares difundidas por internet y, más recientemente, el Juego del Desmayo o de la asfixia reflejan una realidad inquietante, y es que para algunos adolescentes, el temor a ser rechazados por sus pares puede llegar a pesar más que la percepción del peligro. ¿Qué explica este comportamiento desde la psicología?
Retos virales mortales: por qué los adolescentes arriesgan su vida, según la psicología
En diálogo con Sitio Andino, el psicólogo Walter Motilla (Mat. 1645) explicó que este tipo de conductas no puede atribuirse a una única causa, sino que responde a la combinación de factores biológicos, psicológicos, sociales y tecnológicos. "No hay una única explicación", resumió.
Al ser consultado sobre qué ocurre en el cerebro de un adolescente cuando participa en un reto viral, el especialista señaló que durante esta etapa se produce una profunda reorganización cerebral.
Las áreas vinculadas con las emociones, la búsqueda de novedades y el sistema de recompensa funcionan con gran intensidad, mientras que aquellas encargadas de controlar los impulsos, evaluar riesgos y proyectar consecuencias todavía están en desarrollo. "El adolescente no es irracional, pero sí mucho más sensible a los estímulos emocionales y sociales que un adulto", explicó.
A ello se suma un proceso propio de la adolescencia, como la necesidad de responder quién se es y dónde se pertenece. Si décadas atrás esa búsqueda encontraba respuestas en clubes, actividades artísticas o espacios comunitarios, hoy buena parte de esa construcción identitaria transcurre en las redes sociales.
En ese contexto, Motilla considera que los retos virales funcionan como una especie de "rito iniciático moderno". Ya no se busca únicamente el reconocimiento de un grupo cercano, sino también el de una comunidad virtual prácticamente ilimitada: " Muchas veces el adolescente percibe el peligro, pero en ese momento pesa más el temor a quedar excluido que el propio miedo al daño físico", afirmó.
Cuando la aprobación vale más que el riesgo
Otro de los interrogantes es por qué un adolescente puede participar en un desafío potencialmente mortal aun siendo consciente de sus consecuencias.
Motilla explicó que conocer racionalmente un riesgo no siempre implica actuar en consecuencia. Como ejemplo, recordó que muchas personas continúan fumando o utilizando el celular mientras conducen, a pesar de conocer los peligros. En la adolescencia, esa distancia entre el conocimiento y la conducta suele ser todavía mayor.
Cada muestra de aprobación genera una respuesta inmediata en el sistema de recompensa del cerebro. No se trata solamente de acumular "me gusta", sino de sentirse visto, aceptado, admirado o incluido: " La necesidad de reconocimiento siempre existió, pero las plataformas digitales la amplifican como nunca antes", sostuvo.
A esto se suma un fenómeno frecuente durante la adolescencia conocido como ilusión de invulnerabilidad: "No niegan el riesgo. Simplemente sienten que las tragedias les ocurren a otros", explicó.
También influye el funcionamiento de los algoritmos, diseñados para captar la atención del usuario mediante contenidos que generan un fuerte impacto emocional.
Según Motilla, esa dinámica termina construyendo una falsa sensación de normalidad. Si un adolescente consume de manera reiterada desafíos peligrosos, puede llegar a percibirlos como conductas habituales o socialmente aceptadas, cuando en realidad responden a una selección realizada por un algoritmo.
"Las redes sociales no generan por sí solas estas conductas, pero sí pueden potenciar vulnerabilidades preexistentes y acelerar los procesos de imitación", advirtió.
Cómo pueden acompañar los padres sin invadir
Respecto del rol de las familias, Motilla advirtió que muchos padres quedan atrapados entre los extremos de controlar absolutamente todo o no intervenir en absoluto: "Ninguno de los dos caminos funciona", afirmó.
Cuando la relación con la tecnología se limita únicamente al control, el adolescente aprende a ocultar mejor aquello que hace. En cambio, cuando existe un vínculo basado en la confianza, aparecen oportunidades para dialogar antes de que surjan situaciones de riesgo.
El especialista recomienda que los adultos se interesen genuinamente por el universo digital de sus hijos, como conocer qué contenidos consumen, quiénes son sus referentes y qué desafíos circulan en las plataformas.
En ese sentido, marcó una diferencia importante entre exigir el teléfono por desconfianza y acercarse con interés para comprender ese mundo digital. Según Motilla, los adolescentes aceptan con mayor facilidad los límites cuando primero se sienten escuchados y comprendidos.
También aconsejó evitar respuestas impulsivas. Si un hijo comenta que vio un reto peligroso y recibe únicamente un castigo o un sermón, probablemente la próxima vez prefiera guardar silencio: "La meta es que el adulto sea la primera persona a quien acudir frente a una situación de riesgo, y no la última", remarcó.
Qué señales no deben ignorarse
Aunque no existe un perfil único, el psicólogo mencionó algunos indicadores que merecen especial atención.
Entre ellos señaló un mayor secretismo con el teléfono celular, el consumo compulsivo de contenidos extremos, la participación reiterada en desafíos virales, cambios bruscos en los horarios de conexión y una necesidad excesiva de obtener aprobación en las redes sociales.
También recomendó observar cambios emocionales, especialmente cuando un adolescente siente que solo tiene valor si publica contenido o depende constantemente de la aprobación de los demás.
En algunos casos pueden aparecer signos físicos, como marcas en el cuello, dolores de cabeza, mareos, ojos enrojecidos o episodios de pérdida de conocimiento, síntomas que nunca deben minimizarse.
Sin embargo, Motilla insistió en que la prevención comienza mucho antes de la aparición de esas señales: "Empieza cuando un adolescente siente que tiene un lugar donde puede hablar sin miedo a ser juzgado", sostuvo.
En una época en la que la visibilidad y el valor personal parecen confundirse entre muchos jóvenes, el profesional considera que el principal desafío recae sobre las familias y la sociedad.
"La tarea de las familias y de la sociedad es ayudarlos a comprender que su valor no depende de una pantalla, de un algoritmo ni de la cantidad de personas que aprueban una publicación. Cuando un adolescente encuentra ese sostén interno, disminuye enormemente la necesidad de poner en riesgo su vida para sentirse visto", concluyó.