“¿Qué quieren, que trabajemos de 8 a 5 de la tarde por la misma plata que nos pagan?”, interpelaba Soledad Biotti, una mujer de 28 años, madre de tres hijos, beneficiaria de alguno de los planes sociales que hay en la Argentina, durante una marcha que tuvo lugar en CABA en las últimas semanas. Su pregunta desató una ola de indignación en redes al salir, editada y sesgada, en los medios. La respuesta completa de la mujer –que no se mostró- fue detallar que perdió a sus padres a los 9 años, vivió en un internado, no terminó el secundario y nunca pudo tener un trabajo en blanco.
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Trabajo vs planes: ¿perdimos la cultura del esfuerzo?
Remarco esta realidad, porque si queremos dejar atrás la “cultura planera”, como la llaman ahora, y avanzar al pleno empleo, pues tenemos que saber que en el medio habrá años de transformación que deberá comenzar con la educación y capacitación fuerte en oficios y nuevas habilidades.
Dicho esto, miremos ahora a la Argentina desde la perspectiva de los millones de personas que cada día se levantan a trabajar. Pueden ser parte de pymes o de grandes multinacionales; pueden vestir traje para ir a la city o calzarse la chupalla para salir a labrar la finca; pueden desarrollarse en pequeños pueblos del interior o trabajar en las grandes ciudades; pero en todos los casos conocerán a alguien que les ha dicho que no puede recibir esa propuesta de trabajo porque “puede perder el plan”.
“Se perdió la cultura del trabajo” es la frase tal vez más escuchada desde la crisis del 2001 hasta la fecha. En la salida de ese, que fue el peor momento vivido en la historia argentina respecto de destrucción de empleo y pobreza, Eduardo Duhalde creó los planes Jefes y Jefas de Hogar para asistir a 2 millones de familias que habían quedado sin empleo. Esos planes se fueron diluyendo con los años, muchos encontraron trabajo y otros fueron encolumnándose en nuevo asistencialismo: la AUH, planes para desocupados, etc, hasta convertirse en esta realidad tremenda que tenemos hoy.
Sergio Massa anunció esta semana que comienza un proceso para controlar a quiénes llegan esos planes, e ir convirtiendo a una parte de ellos en empleo genuino.
Para que tenga real incidencia y dentro de unos años hablemos de la transformación de la Argentina, hay que revisar un par de temas urgentes antes: por un lado preguntarnos qué posibilidades genuinas de trabajo tienen hoy los millones de argentinos de estratos más vulnerables que durante años han quedado fuera del sistema laboral y, antes, del educativo.
Por el otro, qué posibilidad real tienen hoy las empresas de ir conteniendo a toda esa masa de gente y brindarles un empleo remunerado y en blanco.
Argentina no crece desde 2011, más de una década estancados en el mismo lugar, con los mismos problemas, con gobiernos que no han tenido la capacidad de impulsar a la economía, promover las exportaciones, resignificar la educación desde la capacitación en oficios, nuevas habilidades y conocimientos.
Actualmente, un conjunto significativo de la población económicamente activa (que está en edad de buscar empleo y tiene la intención de hacerlo) no tiene ni va a tener una vinculación activa con el mercado de empleo formal, porque la estructura productiva no alcanza a crear la cantidad de puestos necesarios para absorber a toda esa población (alrededor de 13,5 millones, según el informe de Indec de marzo 2022).
O sea, las empresas tampoco tienen hoy la fortaleza para asumir a esos millones de personas dada la fragilidad de la economía nacional. Hoy hay un 40% de informalidad en el mercado laboral.
Además, a los Gobiernos les ha convenido tapar con empleo público los peligrosos récords de desempleo de la Argentina. Millones y millones de personas trabajan hoy en oficinas públicas.
¿La cultura del trabajo? Sin dudas que estamos fallando en eso también. Tener la cultura de saber que sin trabajo no sos nada implica una actitud honesta y productiva, además de tener el deseo de progresar. En esto, los principales transmisores son las familias y luego la escuela, desde la primaria hasta la universidad.
Y me despido con esto. Alexandra Carballo Frascá, de la Fundación Cultura de Trabajo que se mueven en el conurbano bonaerense, explicó en una reciente entrevista que “Hay gente con y sin ganas de trabajar en todos los estratos sociales. Puede suceder con personas muy humildes como en familias acomodadas. La falta de cultura de trabajo existe también entre las familias de clase media y alta”.