ver más
°
Argentina

Argentina y el más crudo invierno

La semana vino dura. Argentina se debate nuevamente en medio de una crisis política, económica y social que lamentablemente tiene precedentes
Por Myriam Ruiz

“No sentía esta tranquilidad desde que era chica”. Me lo dijo mi amiga de toda la vida, con la que fuimos juntas al jardín y hasta nos mudamos para estudiar en la universidad. Se fue a vivir a España, con toda la angustia que eso conlleva. Se fue a “intentarlo”. Y cuando en estos días me contaba esa vivencia yo pude entenderla certeramente. Allá ellos están poniendo todo lo suyo intentando vivir mejor, algo que nuestra Argentina les ha negado por décadas; aquí, nosotros en el peor de los inviernos ajustándonos el cinturón y esperando que un Presidente desolado nos diga hacia dónde ir.

La semana no pudo ser peor (o tal vez sí). A todo lo ya conocido se sumó el silencio de Alberto Fernández. Un silencio sobre las cosas que preocupan a los argentinos y que contrasta con el discurso siempre dominante de una vicepresidenta que aún no acepta su lugar en el binomio.

Silencio sobre los precios y el faltante de mercadería; silencio sobre los sueldos que desaparecen a medida que el mes avanza; silencio sobre las mesas cada vez más vacías; sobre las malas políticas en Salud y Educación que en Mendoza se hicieron sentir con paros y banderazos; silencio sobre las fábricas que están dejando cesante a cientos de empleados ante el cierre a las importaciones y la incertidumbre económica.

Justamente, los empresarios a los que entrevistamos en la semana coincidieron en ese concepto: incertidumbre. Así, el tembladeral del peso frente al dólar llevó a que no haya listas de precios para insumos y herramientas, o que directamente no vayan a llegar envases que se importan desde el exterior lo cual en Mendoza está frenando a toda la cadena productiva de conservas y dulces.

Pero además esta semana hubo neumáticos que no se vendieron; máquinas y herramientas que no fueron vendidas en ferreterías; cemento que no fue entregado porque el precio se actualizaba día a día. Hubo comercios que el lunes pasado no abrieron sus puertas por no saber a qué precio vender y también hay exportadoras esperando insumos que necesitan para cerrar la cadena productiva y a la vez poder hacer frente a las nuevas reglas de importaciones.

El clima económico es pésimo pero no mucho peor que el clima social.

Argentina parece no haber aprendido de crisis traumáticas como la del 2001 y gobierno tras gobierno siguen sin activar el corazón productivo que realmente genera empleo, y ocupándose solo de sumar planes sociales y puestos de empleo público como únicas medidas de gobierno.

La sensación de que “esto” ya lo hemos vivido pesa fuerte en los corazones. Sobre todo para los millones que seguimos teniendo esa bendita esperanza en que el país cambiará, que un día todos tendremos trabajo y que eso nos permitirá pensar en lujos pequeños como poder hacer ese viaje especial de vacaciones o llegar a la soñada casa propia.

Mientras, la desesperanza mira la realidad como un anciano mira la tele, tal vez sabiendo que la cuenta regresiva ya comenzó.

Te Puede Interesar