Pautas Eneras, el primer libro de Rodolfo Braceli que fue quemado en la Mendoza de 1962, fue presentado en el Le Parc en su tercera edición. Un encuentro henchido de emoción y memoria que contó con la presencia de Luisa Kuliok y Darío Grandinetti.
¿Cuánto poder tiene la palabra que es capaz de despertar temor e impericia en las mentes débiles? ¿Puede acaso el fuego resucitar el fuego? Hace 50 años, un Rodolfo Braceli, repleto de juventud, publicaba en su Mendoza natal, y por medio de la Biblioteca Pública General San Martín, el primer libro con su firma titulado: Pautas Eneras.
Grandinetti, Braceli y Luisa Kuliok en la Sala Roja del Centro Cultural Le Park.
Obra poética que fue prohibida y posteriormente quemada por orden de quien ejercía el Ministerio de Gobierno en 1962, en el marco de una provincia intervenida tras el derrocamiento en el país de Arturo Frondizi. Seis meses luego de que la censura y las llamas quisieran borrar su rastro, un tal Gildo DAccurzio, editor e imprentero, fue quien como esos imprescindibles héroes rescató el libro de entre las cenizas y dio luz a una segunda edición.
Mucho tiempo pasó de aquella experiencia que podría haber marcado en detrimento de su destino de literato y periodista a un Braceli que luego escribiría más de 20 títulos y se convertiría en una de sus plumas más destacadas en la Argentina contemporánea. Pero lejos de apagarse, el fuego se encendió.
Esto es lo que se vivió ayer en la Sala Roja, del Centro Cultural Julio Le Parc cuando se presentó, esta vez en Democracia, la tercera entrega del libro. Una encuentro con gusto a resarcimiento, que puso en primer plano a la memoria como el motor de la esperanza. Y a la llama viva, como aquella que concibe e impulsa y, que por ende, nunca muere.
Dario Grandinetti fue uno de los actores que teatralizó los textos de Braceli.
Acompañado para la ocasión con la presencia de dos actores de raza, como Dario Grandinetti y Luisa Kuliok y la interpretación musical de Patricia Gangemi y Juan Emilio Cucharelli, Braceli le propuso recorrer a los presentes que colmaron el recinto, el relato y su sentir por el hecho represivo de entonces y la conmovedora teatralización por parte de los invitados de algunos de los poemas contenidos en la obra y escritos que se despertaron a partir de ella.
Pero lo que quedó en el ambiente cargado de emoción fue el recuerdo y el reconocimiento a nombres y hombres de la cultura, que son como dice el escritor oriundo de Luján de Cuyo: madera santa para los clavos literarios. La pasión dentro y fuera del ring de Nicolino Locche y el recuerdo de la tenacidad de las Madres de Plaza de Mayo, como resistencia infinita también formaron parte de la propuesta escénica que caló hondo en la necesidad de conmemorar los verdaderos fuegos que arden para que la indiferencia no lo arrastre todo.
En aquellas Pautas Eneras están las semillas de mis otros libros, dijo Braceli durante el encuentro que al finalizar provocó los aplausos sentidos del público. Versos iniciadores, que medio siglo después siguen vivos.