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Indagan a Videla y otros dos jefes militares por el cuerpo de Santucho
El ex dictador, su jefe de Inteligencia, y el responsable de Campo de Mayo, debieron responder sobre el destino de los restos del ex jefe del ERP, abatido en 1976.
Por su parte, Videla declaró: "El destino del cuerpo fue analizado por la Junta, fue una decisión compartida, una especie de pacto de silencio. Ojalá hoy se pudiera revelar ese secreto. Las condiciones actuales son distintas y el problema de la veneración del cuerpo de Santucho hoy no tiene sentido".
El dictador coincidió con Riveros en que más allá del respeto a los familiares, la muerte de Santucho les causó íntimamente alegría, porque se había abatido al enemigo y en combate abierto. Si viera a alguien que le deja una flor a Santucho lo aplaudiría por el respeto que se merece, señaló.
El dictador ratificó la orden de desaparecer el cuerpo por lo que implicaba su figura, aunque aclaró que fue una resolución de la Junta (que compartía con Emilio Massera y Orlando Agosti), dada la trascendencia del problema.
Si bien admitió que la orden debió haberla recibido Riveros, aseguró no estar al tanto de que así hubiese ocurrido. "La lógica orgánica indica que debió recibirla, pero no fue una orden dada personalmente y tampoco por escrito", respondió Videla.
Riveros admitió que tenía capacidad para darle muerte a Santucho y hacer desaparecer su cuerpo, pero aseguró que no participó porque nadie pidió la intervención del Comando de Institutos Militares. La muerte de Santucho era para el Ejército un galardón. El personal militar se motivaba para detenerlo o matarlo porque era un adversario importante.
Lo hubiera cumplido con todo gusto, abundó, y anadió que tenía capacidades para cavar un pozo y enterrarlo o tirarlo.