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Caso Soriano: definen la causa del novio
Daniel Lagostena es el único detenido por el crimen de Érica, la joven embarazada que desaparecida en 2010.
En ese sentido, dijo que los medios anunciaron que habían encontrado restos humanos en un campo de su padre pero luego no aclararon que "estaban pintados con barniz" y eran "para estudiantes de medicina".
Durante la audiencia, el fiscal Gerardo Loureyro y el abogado de la familia Soriano, Marcelo Mazzeo, solicitaron al juez que le dicte a Lagostena la prisión preventiva porque existen peligro de fuga y riesgo procesal de entorpecimiento de la investigación.
Por su parte, el abogado defensor, Gustavo Della Maggiore, contó a Télam que planteó que su cliente debe ser liberado "por falta de mérito ya que no hay elementos de cargo suficientes".
En caso de que el juez crea lo contrario, Della Maggiore pidió subsidiariamente que "se le dé una alternativa a la prisión preventiva, como una libertad vigilada o una morigeración con prisión domiciliaria".
Lagostena está detenido por el caso desde el pasado 30 de mayo a pedido del fiscal Loureyro y por orden del juez Vitale, quien le imputó los delitos de "homicidio simple en concurso real con aborto, en el contexto de violencia familiar y contra la mujer", pese a que el cadáver de la joven nunca apareció.
Érica Soriano (30), embarazada de dos meses y medio, fue vista por última vez el 20 de agosto de 2010, en Lanús, y la versión de su pareja es que al día siguiente ella se fue a visitar a su madre a Villa Adelina, en el norte del conurbano, pero nunca llegó.
En el expediente se determinó que la última señal con vida de la víctima se dio en el domicilio de Lanús de Lagostena, con quien mantenía una relación sentimental por de más complicada y conflictiva, según testimonios de familiares y amigos.
Para el juez, Erica nunca salió de su casa, como declaró su pareja, y presuntamente fue asesinada en ese lugar el 20 de agosto de 2010 entre las 22 y las 5.
En la chimenea de la casa se hallaron restos de una bombacha, por lo que se presume que el imputado quemó allí la ropa de su pareja, y una mancha de sangre debajo de una mesita ratona que se estableció que era de una mujer, pese a que había sido lavada.
Cerca de la medianoche, el ahora imputado comenzó a intercambiar mensajes con un sobrino, Brian Poublán (22), con quien hasta entonces no tenía un trato cotidiano ni habitual.
Los pesquisas probaron que entre el teléfono de Lagostena y el de su sobrino se produjeron seis comunicaciones y presumen que se dieron en el lapso durante el cual se deshicieron del cuerpo.
Con esta evidencia recolectada, el joven quedó imputado en la causa como sospechoso pero aún no fue detenido ni procesado.