Ernst Ludwig Kircner fue uno de los máximos exponentes del expresionismo alemán. Aquí un poco del artista cuya obra fue prohibida por los nazis por ser considerada arte degenerado.
Seguro que lo ha experimentado: hay artistas cuya obra sólo produce el placer de ver algo bello y otros, cuya intensidad casi provoca al espectador. El caso del alemán Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) es el segundo. En sus obras hay explosión de color, de tonos que nada tienen que ver con la realidad, y acercarse a sus lienzos mueve algo por dentro. Uno puede experimentar, aunque sea sin intención, la tortura y el desasosiego que atormentó al artista durante toda su vida.
( ) De la ciudad asfixiante de espacios cerrados a la naturaleza idealizada que sólo existe en su cabeza. De los ángulos cerrados del expresionismo alemán (aquel que fue catalogado por los nazis de arte degenerado y del que él fue un exponente clave) a los colores muy ácidos que tampoco dejan que las escenas de las montañas sean del todo serenas.
"Desde el principio nos va a crear esa tensión entre un mundo de personas tremendamente angustiado, obsesivo y dramático; y un mundo natural, lleno de melancolía, pero también de una cierta esperanza y una mayor amabilidad", explica Pablo González Burillo, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, institución que ha organizado una muestra del pintor y que exhibe en su sede del Paseo de Recoletos de Madrid
Una retrospectiva fiel que sigue el recorrido vital de Kirchner: sus primeros pasos por la urbe, su crisis emocional que le encerrará en un psiquiátrico y el aire libre, siempre visto de una manera particular. "Construye un mundo muy interesante en el que mantiene unas claves personales muy claras, aunque es capaz de también irse acomodando a lo que está ocurriendo en la escena del arte internacional".
Detalle de "Mujéres bañándose".
Pasa del 'fauvismo' en el que pudo ser rival de Matisse a la vuelta a lo clásico en los años 20, como les ocurrió a otros vanguardistas contemporáneos suyos como Picasso, a los que sigue la pista. Su mirada, eso sí, no se detuvo sólo en la tradición europea, sino que también se fijó en artes más alejados como el africano o el procedente de Oceanía. "Mantendrá ese mundo subjetivo que cada vez se va haciendo más obsesivo, y que puede verse en sus autorretratos y en los retratos de gente muy próxima a él, como su mujer o sus pocos amigos".
Obsesión y tortura. Hitler va tomando posiciones en la Europa de entreguerras y Kirchner está seguro de que, igual que se ha anexionado Austria, el Tercer Reich también tomará Suiza, donde él vive. Mucho antes de que siquiera estalle el conflicto, Kirchner se suicida. "Y nos deja, que es lo que puede verse en esta exposición, una obra siempre muy intensa. Busca los grandes sentimientos y como expresarlos a través del color y la composición, pero siempre con elegancia.Evoluciona y cambia, sin dejar de ser siempre lo mismo". Un visión, recuerde, que provoca. Y la serenidad, si se tenía, desaparece.