El miedo es el sufrimiento que produce la espera de un mal, sentenció Aristóteles. Y los mercados parecen palpitar por estos días precisamente eso, como una sombra que se cierne sobre el ánimo. No es que hayan faltado malas noticias últimamente. Por el contrario, el desgaste de la puja partidaria en Estados Unidos y la amenaza de la humillación crediticia, sumada a una Europa cada vez más impotente frente a la ferocidad de los ataques especulativos vienen desafiando el estoicismo de los inversores que aún no habían decidido dar un paso al costado y vender.
Pero ayer ganó el temor. Ese escalofrío que hace esperar lo peor. Y el dramatismo de la rueda trajo un extraño deja vu de la crisis del 2008. Hace casi tres años atrás, empezaba la cuenta regresiva para la quiebra de Lehman Brothers, un 15 de septiembre que quedaría en los anales de la historia de Wall Street como uno de sus capítulos más negros. Y una prueba de este ánimo sombrío fue la brutal suba que registró ayer el llamado índice del miedo o VIX, una medida de la aversión al riesgo de los inversores. Con un salto del 36% el indicador alcanzó 31.78, recuperando un nivel que no tocaba desde julio de 2010. El avance el VIX supone además su mayor alza desde fines de febrero de 2007 cuando se disparó nada menos que 64%, un máximo en 21 años.
Así y todo, las reminiscencias del 2008 aún son algo prematuras. Incluso en días como éstos en los que el double dip parece un destino inexorable y un default desordenadoen Europa se agita en el aire de los recintos bursátiles. Si bien es cierto que un nivel del VIX superior a 30 es toda una alerta, hay que recordar que en el momento más álgido de la crisis subprime el termómetro del miedo llegó a tocar 90, tres veces más que en la actualidad.
El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son, decía en su época Tito Livio. Habrá que ver si esta vez el miedo tiene razón.