miércoles 22 jun 2022
Estado de Sitio

La economía en la Revolución de Mayo

Por Marcelo López Álvarez

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24 de mayo de 2022 - 07:30

 A 212 años de la popularmente conocida como Revolución de Mayo que marca uno de los primeros hitos en el camino independentista de América es notable cómo, a pesar de los dos siglos transcurridos, las similitudes de situaciones económicas, procesos y hasta actitudes se repiten cíclicamente en el ADN argentino.

Se puede tener una interesante mirada retrospectiva de aquel momento que trajo, como primera transformación, el cambio del patrón de importaciones dominado hasta entonces por productos sofisticados y caros para dar paso a otro tipo de productos más cercanos al consumo de lo que hoy llamaríamos sectores populares que tenían valores más bajos de importación. Esos grupos de consumo estaban integrados por los trabajadores de las pocas actividades que se podían considerar industriales en aquella época, la construcción, los vendedores ambulantes, milicianos y parte de los esclavos, Recordemos que en aquel momento la población de ese Buenos Aires no superaba los 50 mil habitantes.

No solo se cambió el contenido de las exportaciones, sino que además cambiaron las formas, un claro ejemplo fue el sector textil que dejó de exportar tejidos sofisticados de seda y lana, para pasar a telas más económicas de algodón que garantizaban masividad y economía en las confecciones, proceso que se pudo dar a partir de la apertura del comercio a Gran Bretaña al terminar con el monopolio español.

Pero la apertura a otros horizontes no cambio la voracidad, y la Inglaterra que comenzaba a transitar los últimos 30 años de la Revolución Industrial vió, en los procesos independentistas, la posibilidad de lograr mediante la política y el comercio, lo que había fracasado por la fuerza con las Invasiones Inglesas; la materia prima del sur.

Así los ingleses no solo abarataron la provisión de los tejidos, sino también abrieron el juego a artículos que no llegaban como la porcelana, ferretería, vajilla y cuchillería entre otros artículos manufacturados de bajo costo a partir de la Revolución Industrial.

La profusión de los cambios en el comercio y la economía se produjeron a partir de que aquel primer Gobierno de corte independiente desarticuló el corredor comercial de todo el periodo colonial que hacía que la actividad económica del Virreinato del Río de la Plata dependiera de las minas de plata y oro (sobre todo la primera) del Bajo y Alto Perú hoy Bolivia y Perú.

A lo largo de esa ruta se fueron creando poblaciones (pequeñas economías regionales) que cultivaban, realizaban artesanías, criaban mulas, vacas y caballos, aguardiente, algún tipo de vino y textiles, para cubrir las necesidades de los pequeños poblados y fundamentalmente de los viajeros y caravanas que transportaban las riquezas del Norte hacia Buenos Aires y su puerto.

Con el tiempo esas pequeñas economías regionales a medida que crecían las guerras por la Independencia y el Alto Perú continuaba bajo la dominación española, giraron su mirada hacia Buenos Aires y los negocios que podía traer el conflicto independentista.

Por estos días escuchamos mucho quejarse de la presión fiscal, pues en aquella época no era muy distinto, quejarse de impuestos y articular el contrabando como una de las principales actividades era cosa de todos los días.

Por 1780 la Real Ordenanza de Intendencias le dió más poder a las ocho gobernaciones intendencias del Virreinato con la justificación de facilitar el cobro de los impuestos. En aquella época lo recaudado quedaba para uso de cada jurisdicción salvo una pequeña parte que se giraba a la urbe del gobierno central. Era lógico, no había home banking pero si cuatreros e indígenas que hacían riesgosamente innecesario centralizar las recaudaciones.

Hay que tener en cuenta que las primeras leyes similares a la coparticipación se promulgaron en la década que va de 1930 a 1940.

Pero volviendo a aquellos años los principales impuestos eran dos, el almojarifazgo y la alcabala. Nombres que rápidamente remiten a la cultura española arabe. El primero era similar a los actuales derechos de importación y exportación (sí las famosas retenciones) y oscilaban entre el 2 y 15% . En tanto la alcabala gravaba las ventas generales, los ingresos brutos de nuestros días.

Además se cobraba el diezmo a la producción agropecuaria que tenía afectación específica a sostener nosocomios, asilos y la iglesia y el decimo real (que en una epoca fue el quinto real por era el 20%) que lo tributaba la explotación minera y fue la gran fuente de riqueza del Virreinato del Alto Perú y de escasa relevancia en el territorio del Virreinato de la Plata donde si pesaban los derechos de importación y exportación.

Además se cobraba el derecho de sellos, muy similar al actual, y dos impuestos al salario que abonaban funcionarios y sacerdotes. La Annata o Media Annata que se imponía sobre la totalidad o la mitad de los primeros salarios recibidos por los funcionarios al asumir y la Mesada Eclesiástica que equivalía a una doceava parte del ingreso anual de los clérigos.

En la primera década desde la Revolución de Mayo el 75% de lo recaudado provenía de la Aduana, y el resto por sellados y patentes. Las patentes eran anuales y abarcaban desde el expendio de bebidas y alimentos hasta la tenencia de un perro.

Los más gravados eran las industrias en aquellos años saladeros y graserías, a lo que se sumaba lo recaudado por la lotería creada en 1812, se creó un juego de lotería como fuente de recursos permanente del erario público.

Los esfuerzos por financiar la revolución incluyeron los intentos de tomar la Hacienda de Potosí que fueron fácilmente rechazados por las tropas españolas. De allí a la toma de los primeros endeudamientos solo pasaron meses. Así si bien todos tenemos a Rivadavia como el primer tomador de deuda externa, lo cierto es que ya había practicado como Secretario de los Triunviratos en 1813/14 en la toma de los primeros empréstitos forzosos para solventar la falta de recursos propios o sea el déficit y comenzaron a circular las primeras cuasi monedas, en aquellas épocas vales de aduana y pagarés que emitían los comerciantes que eran trocados por otras mercaderías o pagares.

Se podría escribir muchísimo más sobre las condiciones que además potenciadas por las guerras en busca de la Independencia fueron creando condiciones de inestabilidad permanente que derivaron en la necesidad de declarar la independencia plena en 1816 como alternativa política a intentar recuperar el control de una Nación incipiente, que también atravesaba las primeras crisis económicas que se volverían cíclicas o mejor dicho permanente en nuestra historia.

Para conocer más sobre la economía en aquel mayo de 1810 dialogamos con el Doctor en Historia e investigador del Conicet, Martín Wasserman 


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