3 de diciembre de 2025
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Maestros de la pintura Argentina

Guillermo Roux: "El dibujo es una forma de conocimiento"

Por Sección Cultura

El dibujante, acuarelista y pintor Guillermo Roux falleció a sus 92 años, dejando un gran legado artístico. Fue considerado uno de los referentes del surrealismo del país. A continuación compartimos una entrevista que el Ministerio de Cultura le realizó en el 2020 donde conversó sobre la vocación, la inspiración, sus obras y proyectos.

Guillermo Roux nació el 17 de septiembre de 1929 en Buenos Aires. Hijo del uruguayo Raúl Roux, guionista y dibujante de historietas de vasta trayectoria en la Argentina.

En 1944 Guillermo Roux ingresó como dibujante en la editorial fundada en 1936 por Daniel Quinterno y decidió abandonar sus estudios secundarios para ingresar a la escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, donde fue alumno de Lorenzo Gigli y Corinto Trezzini.

Acuarela sobre papel. 

En 1953 realizó su primera exposición individual en la galería Peuser. En 1956 decidió realizar un viaje de estudios a Italia, donde vivió tres años. Trabajó restaurando frescos y mosaicos, estudió a los maestros del renacimiento y continuó con su producción. En 1960 regresó al país y se instaló por siete años en San Salvador de Jujuy, donde trabajó como maestro. Fue entonces que descubrió su interés por el arte contemporáneo y afianzó su oficio de pintor en la realización de pintura de paisajes.

En 1966, viajó a Nueva York. Realizó trabajos publicitarios e ilustraciones de libros y conoció la obra figurativa de Diebenkorn (1922-1993) y Hopper (1882-1967), en la que encuentra una profunda afinidad estética por sus referencias poéticas a la alienación humana del siglo XX.
Entre 1971 y 1972 realizó una serie de tintas que tituló "Muebles y personajes", que constituyeron el antecedente de sus grandes acuarelas, etapa que comenzaría en 1973. Con el tiempo, la acuarela se convertirá en su medio de expresión, que le permitirá lograr la síntesis de dibujo y color.
Realizó impactantes murales, entre ellos, Mujer y máscaras, expuesto en las Galerías Pacífico de la ciudad de Buenos Aires, La Ronda, en la entrada del Palacio Duhau y La Constitución guía al pueblo, su última obra monumental realizada para decorar el recinto de la legislatura de provincia de Santa Fe.
El reconocimiento y la proyección internacional de Roux se inician en la década del 70. En 1979 le fue otorgado el Premio "Dr. Augusto Palanza" por la Academia Nacional de Bellas Artes. En los 80 expuso en Nueva York y en la Bienal de Venecia (1982). En 1990 fue designado Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes.

-Guillermo, ¿cómo nace su vocación por la pintura?

-Mi padre era dibujante de historietas y lo único que mi interesaba era ver cómo dibujaba. Cuando tenía 10 u 11 años, mi padre me daba un pedacito de cartulina y dibujaba. Me gustaba mucho más que cualquier otra cosa. Me escapaba del Colegio Nacional porque me aburría muchísimo. Lo único que me gustaba era dibujar. Yo no era un alumno brillante, ni mucho menos. Mi padre decía: "estudiá o trabajá, vagos en casa no". Yo dije que si el trabajo es dibujo, entonces ese es el trabajo: dibujar. Así se definió todo, sin darme cuenta. Y sigo hasta los 91. Tiene sus cosas buenas y no tan buenas, porque uno se acostumbra a vivir en ese plano y descuida las cosas más prácticas de la vida. Afortunadamente, una de las posibilidades más lindas que tiene el dedicarse a esto, desde muy chico, es que la vida tiene un aspecto que lo ayuda a uno a soñar.

-¿Cuál fue su fuente de inspiración a lo largo de los años?

-Tengo varias vidas. Me siento un poco dominado por diferentes situaciones. Hay momentos en los que me gustan las cosas que yo vi cuando era chico; en otros me gusta el baile o las cosas más fuertes. Hay muchos aspectos del mismo hacer, van cambiando según los pedazos de vida que uno vive. Hay que seguir un poco la iniciativa del instinto, de lo que uno quiere. Lo que motiva son los días que uno vive.

Tuve la suerte de conservar un aspecto infantil, nuevo, que me hace ver las cosas como si recién las mirara. Conservar esa niñez o esa frescura, esa inocencia, creo que es fundamental porque uno aprende mucho. Ahora, de lo que se trata, es de desaprender, no saber tanto, hay que saber menos y jugar más. Todo juego es una forma de expresar un sentir, metafóricamente, un vivir. He conservado, en muchos aspectos, esa manera de vivir y de sentir. Yo creo que los mejores momentos han sido cuando he sido muy obediente a esos impulsos.

-¿Cuáles de sus obras le generaron mayor placer?

-En el momento que lo estoy haciendo el mundo es ese. En el momento que lo dejo de hacer es porque ya el mundo dejó de ser. Como las palabras, que se gastan. En política se repiten las mismas palabras desde hace 40, 50, 90 años, y termina por ser un lenguaje que, muchas veces, está lejos de la realidad porque no se han dicho palabras nuevas. Pobreza la oigo desde que nací. Muchas veces, en los discursos, oigo las mismas cosas, como si nada hubiera cambiado. Las palabras se repiten, ya no tienen sentido pero quedan como una muletilla. También las formas o los símbolos, a fuerza de verlas, pierden sentido o el sentido ya no es el mismo. El Obelisco era alto cuando las casas eran bajas, pero ahora quedó chiquito porque las casas de alrededor son muy grandes. Los sentidos de los símbolos, las palabras, necesitan ser renovados, actualizados.

-¿Qué consejo compartiría con las nuevas generaciones de artistas?

-No se puede negar que el mundo de hoy trae una cantidad de elementos, materiales, formas, que son muy diferentes a los de antes. No se pinta con pincel, el pincel no se usa, el lápiz se usa poco, el grafito se usa poco y antes era muy común. El dibujo es una forma de conocimiento, es conocer a través de la forma lo que estamos viendo. Hoy es un momento muy complejo, que requiere de los artistas un profundo conocimiento de la historia del arte. También haría falta que se supiera dibujar bien, que se comprendiera la geometría, que se entendieran las relaciones zonales del color, no para repetirlo si no lo sienten, sino como una base necesaria en lo que deben estar fundadas las nuevas formas de expresión.

El dibujo es una forma de conocimiento, es conocer a través de la forma lo que estamos viendo.

El artista debería tener una visión panorámica, muchísimo más amplia y profunda. Ahora hay otros medios, pero no eliminan el conocimiento que hay que tener de las cosas. Si hay geometría atrás del dibujo, es que el dibujo expresa el verdadero contenido. El mundo es geometría, triángulos, cuadrados, círculos. La representación es un adorno de la geometría. Todo lo que vemos es geometría, adornado por el color, la forma de expresión, la belleza de lo que se ve. La geometría es lo que estructura el mundo que vemos.

-¿Qué piensa acerca de su recorrido en el mundo del arte?

-Cuando comencé no había muchacho, no había artista, no había joven pintor, joven artista, que no pensara que con él la historia del arte cambiaría. Algunas veces ha ocurrido, pero, en general, el hombre ha hecho cosas tan maravillosas y tan superiores que lo único que puede hacer uno es aportar un granito de arena. La humildad o la forma de no considerar lo que se hace como una revelación secreta que se muestra, creo, es el resultado de haber vivido mucho. Cuando conocí a Quinquela Martín me estaba por ir a Europa y me dijo: "hace bien en ir, los jóvenes tendrían que ir porque ahí se le van a apagar los faroles y ahí vamos a ver la vocación".

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Fuente: Sitio web Ministerio de Cultura de la Nación. 


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