11 de diciembre de 2025
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Hardy, Muni, De Niro, 10 intérpretes inolvidables para Al Capone

Por Sección Fotografía

Solo los mejores actores pueden forjar el mito del gángster más pop de Chicago, que ahora regresa con el rostro de Tom Hardy.

Tras la pista de 'Caracortada'. Una cicatriz en la cara, un sombrero fedora, un puro perenne en los labios y malas pulgas. Es fácil identificar a Al Capone, y más aún ahora que nos llega con el rostro de Tom Hardy, pero solo los mejores actores pueden forjar el mito del gangster más pop.

Edward G. Robinson en 'Hampa dorada' (1931). Imposible disociar la imagen de Robinson -brusquedad, gabardina y sombrero de fieltro- de la que Capone cultivó. Si bien Rico, el 'pequeño César' del filme que lanzó el género gangsteril, bebía de un predecesor: Sam Cardinelli.

Robert De Niro en 'Los intocables de Eliot Ness' (1987). Nadie como De Palma para hacer una presentación memorable con travelling cenital en una barbería. Nadie como De Niro para meterse en el papel de Capone contratando al mismo sastre para su vestuario, ropa interior incluida.

Rod Steiger en 'Al Capone' (1959). De Niro tuvo un referente muy claro con el trabajo del actor de 'La ley del silencio' en el primer biopic oficial de Capone, producido en cuanto el código Hays permitió películas de gangsters reales. Steiger exigió varias reescrituras de guion para no glorificar su figura.

Rocky en 'Bugs and Thugs' (1954). Friz Freleng introdujo al gangster bajito como antagonista de Bugs Bunny en 'Racketeer Rabbit' (1946). Ya en la siguiente década, junto a su esbirro el matón Mugsy, y ambos con la voz del inigualable Mel Blanc, consolidaron el sindicato del crimen de los Looney Tunes.

Jason Robards en 'La matanza del día de San Valentín' (1967). Roger Corman recreó uno de los episodios más sangrientos de Chicago en la película más cara del maestro de los presupuestos ajustados. La limitación que no pudo sortear: el estudio vetó que contratara a Orson Welles como Capone.

Stephen Graham en 'Boardwalk Empire' (serie, 2010-14). El actor inglés que mejor encarna gangsters italoamericanos fue la violenta mano derecha de Johnny Torrio, el padrino de Chicago, en sus negocios con ‘Nucky' Thompson (Steve Buscemi) en el imperio de juego y licor de Atlantic City.

Ben Gazzara en 'Capone' (1975). En plena racha de borracheras y obras maestras con Cassavetes -que tiene un cameo- Gazzara se vio envuelto en este 'miscasting' con prótesis dentales. Producción de Roger Corman para aprovechar la fiebre ‘padrina', solo hizo historia con el desnudo de Susan Blakely.

Jon Bernthal en 'Noche en el museo 2' (2009). Uno de los primeros trabajos del futuro Frank Castle fue vestirse de traje blanquinegro, con ametralladora a juego, y formar con Iván el Terrible y Napoleón el trío de secuaces del villano Kahmunrah en la saga museística de Ben Stiller.

Paul Muni en 'Scarface, el terror del hampa' (1932). No es que el escritor Armitage Trail se estrujara los sesos para distanciar mucho de Capone el nombre de Tony Camonte, el gangster protagonista de 'Scarface'. Titular la novela con el mismo mote del criminal real fue otro detalle que llamó la atención del magnate Howard Hughes, entonces a la caza de un taquillazo gangsteril. Durante una legendaria partida de golf, Hughes enterró el hacha de guerra que empuñaba contra Howard Hawks y le encargó dirigir una adaptación escrita por Ben Hecht, con quien mantenía una relación de mutua desconfianza. Tan tensa como la mandíbula de Paul Muni, quien, detectado en Broadway por un cazatalentos, se volcó en una interpretación icónica a la par con la creatividad técnica y narrativa de Hawks, capaz de ametrallar este auge y caída canónico como si fueran las hojas de un calendario.

Tom Hardy en 'Capone' (2020). Tras interpretar al presidiario Charles Bronson ('Bronson', 2008), al traficante Forest Bondurant ('Sin ley', 2012) y a los hermanos Kray, los gangsters gemelos del este londinense ('Legend', 2015), Tom Hardy solo podía subir en la pirámide del crimen organizado hasta Al Capone. No obstante, en vez de abordar al jefe criminal en su sobada historia de escalada al poder, la propuesta del director y guionista Josh Trank (que de auges repentinos y caídas estrepitosas sabe bastante en piel propia) consiste en un Capone más allá de lo crepuscular: directamente instalado en lo decrépito. Consumido por la neurosífilis, liberado de prisión pero recluido en una mansión de Florida llena de paranoia, caimanes y fantasmas de su violento pasado.

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