Muchas veces hay gestos solidarios, y pocas veces hay testigos dispuestos a contarlos. Hasta que alguno se anima y se conoce; generando una repercusión inmediata en este tiempo de inmediatez comunicacional.
Muchas veces hay gestos solidarios, y pocas veces hay testigos dispuestos a contarlos. Hasta que alguno se anima y se conoce; generando una repercusión inmediata en este tiempo de inmediatez comunicacional.
Justamente en las redes sociales, donde a veces sólo se descargan iras, odios y reproches, ahora se viralizó un hecho llamativo por dos razones: porque un niño no pidió dinero sino útiles para la escuela, y porque un comerciante se los regaló. Sucedió este jueves en el centro de San Rafael.

A media mañana un niño de no más de 11 años, ingresó a un librería envuelto en su campera y con su mochilita en la espalda, desde una vereda que comenzaba a recibir la copiosa lluvia que bañó la jornada.
Tímidamente desde la puerta sólo alcanzó a pedirle al dueño si podía darle algún lápiz o algo para la escuela. Fueron al depósito, eligieron cuaderno, lápices, tijera y algunas cositas más... lo necesario como para que su responsable pretensión de aprender, le resultara más fácil con los elementos adecuados.

El comerciante, vio que en la bolsita se desparramaban los colores, y le preguntó casi de compromiso, porque la idea ya la tenía: ¿querés una cartuchera? Obvio. ¡Mirá si iba a decir que no el nene!
Después de atarse los cordones, el pibe encaró a la puerta de salida, pero se acordó de lo más importante y se dio vuelta para decir: "¡Gracias, señor!" Todo lo vio un cliente que estaba en el local y escribió en su face: "por casualidad del tiempo presencié un hecho que alienta a seguir empujando para el lado correcto.

El dueño de librería Dino dejó entrar en su local a un niño que pedía... no plata, no comida... entró a pedir útiles para poder ir a la escuela..."Y todo lo demás que ya hemos contado, pero con un detalle interesante que revela ese cliente, Pablo Peñaloza: "Tuve que expresarle mi admiración y reconocimiento... en un lugar donde habrán pasado más hechos como este, sólo que esta vez yo lo presencié".
SITIO ANDINO fue hasta el local. El encuentro fue primero con Dino, un tipo a quien el que suscribe conoce desde 1981 y puede dar fe de acciones similares, en anonimato absoluto y perdidas en el tiempo. Nos contó que fue su hijo, Mauricio el que regaló la bolsita de útiles.
Nos costó, pero lo convencimos de que esas imágenes no podían quedar sólo en la memoria de las cámaras de seguridad, sino que debían difundirse como un simple convite a que todos hagamos algo similar, la vez que podamos, aunque no haya testigo, aunque no trascienda.
"Cuando duermo la siesta, desconecto las redes; y cuando desperté y las habilité, no podía creer la repercusión que tuvo esto; ni sabía que alguien lo había visto", nos reveló Mauricio. Sucede quizá muchas veces hechos como este, pero no son noticia, porque nadie las cuenta. Alguien lo reveló, valía la pena mediatizarlo.

