Esta semana se presenta en San Luis una meticulosa investigación periodística sobre el denominado "operativo de La Toma", ocurrido en 1976. La noche previa al comienzo de la primavera de ese año, un grupo militares y policías realizó una verdadera cacería por casas de jóvenes militantes peronistas en la tranquila ciudad minera del norte puntano. Los detuvieron y los trasladaron 82 kilómetros hasta la Jefatura de Policía de la capital y allí los torturaron. Algunos de los jóvenes fueron asesinados y desaparecidos."Primavera Rota" es obra de Oscar Ángel Flores, periodista de San Luis con más de 35 años de profesión tanto en la provincia como en el país. El autor habló con Sitio Andino sobre la extensa investigación periodística y cómo fue tomando forma el libro.
¿Cómo fue el proceso de investigación para el libro?
Arranca cuando yo tenía 23 años y era corresponsal en San Luis del diario El Puntal, un diario de Río Cuarto que se sigue editando. Nos abocamos a investigar los casos de desaparición de personas y detención de presos políticos, que muy tímidamente en el ?84, nos contaban acerca de los lugares donde habían sido detenidos o llevados. Cuando ya se hace más firme la posición de la justicia civil para quitarle todas las causas que tenían los militares, aparece la figura del juez González Macías. El juez llega a Mendoza con 40 años con la instrucción de la Cámara Federal de investigar los casos de San Rafael, San Juan y San Luis. Se traslada a San Luis y toma contacto con esta denuncia que ya había entrado a la justicia penal de San Luis, pero que había pasado a la federal. En 1986 el juez toma el caso de Graciela Fiochetti, una joven de 20 años oriunda de La Toma, que fue secuestrada junto a otros jóvenes militantes de la Juventud Peronista. Los otros eran Santana Alcaráz, estudiante de física de la Universidad Nacional de San Luis y el gringo Fernández, un muchacho campesino que era inspector de trabajo en el '73. En setiembre de 1976 son detenidos en lo que se conoce como el Operativo de La Toma, los traen a la jefatura central de Policía de San Luis, los torturan y los asesinan. Los cuerpos de Graciela Fiochetti y Santana Alcaráz son quemados con ácido y los arrojan a una fosa en Salinas del Bebedero, una localidad a 30 km de la ciudad. Yo tomo contacto con esta investigación de la justicia y así nace esta obra que tiene más de 30 años de seguimiento.
El operativo de La Toma sucede días después de La Noche de los Lápices. ¿Había también secuestro de estudiantes secundarios?
No, no hubo operativos contra estudiantes secundarios en San Luis, pero sí uno de los protagonistas de mi libro, que se llama Pedro Valentín Ledesma, había sido un estudiante muy comprometido con las causas sociales en la Escuela Normal Juan Pascual Pringles. En esa escuela era abanderado y fue el encargado de dar el discurso final en la Procesión Cívica, un acto muy importante en la ciudad. Allí, el dio un discurso muy fuerte ante militares, autoridades, policías y quedó marcado. Después de recibirse, cuando estudiaba pedagogía y era maestro rural, lo secuestraron y sigue desaparecido.
¿Por qué en La Toma?
Porque allí había un empresario, encargado de la explotación de piedra de mármol ónix y dueño de un avícola muy grande, que le deba trabajo prácticamente a todo el pueblo. Pero todos los obreros eran esclavos que estaban sometidos a condiciones infrahumanas. Uno de esos obreros fue el gringo Fernández, que es uno de los testimonios importantes en el libro. Cuando Fernández era inspector de trabajo, le tocó hacer inspecciones en esas dos plantas y denunció el trabajo esclavo. Fernández piensa que fue él quien fogoneó el operativo del 21 de setiembre del 76 porque el empresario tenía muy fuertes contactos con los militares.
¿Cómo se llama ese empresario?
Raúl Lamuraglia.
¿A Sandro Santana Alcaráz lo sacan de un aula?
Lo sacan de una clase de Física, en la mañana del 21 de setiembre. Los militares dijeron que Sandro escribió una carta, que nunca se determinó si era su letra, en donde él decía como estaba organizada la célula de guerrilleros Montoneros de La Toma. La pregunta que queda, y que está explicada en el libro, es cómo uno de las víctimas iba a llevar un papel con los nombres de los integrantes de una célula de Montoneros en el bolsillo. Es ilógico. Lo que demuestra el libro es que se trató de un armado de los militares para endilgarles una militancia que nunca tuvieron.
¿Quiénes fueron los condenados?
El jefe del Gada 16, Miguel Ángel Fernández Gez, el jefe máximo; el Teniente Coronel Esteban Carlos Pla, subjefe de Policía de 1976, a quien se le adjudica el asesinato de Graciela Fiochetti y Sandro Santana; los comisarios Víctor Becerra y Juan Carlos Pérez y el cabo Luis Alberto Orozco. En el libro están los resultados de las pericias del Cuerpo de Antropología Forense, que determinaron de qué manera mataron a Graciela, con qué tipo de bala y hasta con qué mano. Bueno, Plá era zurdo. Y según las pericias fue él quien le disparó en la nuca.