Luego de un letargo prolongado, el precio minorista de la carne bovina ha pegado un salto importante en los dos primeros meses de 2019. De acuerdo al relevamiento que realiza el IPCVA en supermercados y carnicerías de distintos puntos del país, particularmente del Gran Buenos Aires, la carne bovina aceleró su ajuste de precios, pasando de una variación del 2,8% mensual promedio en el último cuatrimestre de 2018 al 8,3% en enero y al 15,2% en febrero, destaca un informe del Ieral de la Fundación Mediterránea.
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El "efecto carne vacuna" acelera la inflación y enciende las alertas
Considerando una inflación general del 2,9% en enero (IPC INDEC) y suponiendo una la tasa de inflación del 3,5% en febrero, se tiene que la carne habrá subido en términos reales un 5,2% en enero y un 11,3% en febrero, siendo esta última la mayor variación desde diciembre de 2015.
De los guarismos anteriores puede deducirse que en este arranque de 2019 la carne bovina tiene que estar "aportando" más a la inflación respecto del año pasado. Por ejemplo, si se toma como referencia el IPC GBA, donde el producto pondera con el 5,5% de la canasta, y se utilizan los relevamientos del IPCVA, surge que la carne bovina venía incrementando el costo de vida a un ritmo de entre el 0,1% y el 0,2% promedio mensual en los últimos dos años (2017 y 2018).
En el 2019 este impacto pasó a ser, transcurridos los dos primeros meses, del 0,5% en enero y del 0,8% en febrero.
Se considera como contribución "neutral" aquella que surge de la participación del producto en el costo de la canasta y la inflación mensual, la neutralidad implica precios relativos constantes; por ejemplo, si en algún período la contribución "efectiva" se ubica por encima de la "neutral", esto significa que el producto se ha encarecido en términos reales (ha subido por encima de la tasa promedio) y que por ende ha presionado la tasa de inflación al alza, lo contrario si el aporte "efectivo" se ubica por debajo del "neutral", el producto se ha abaratado en relación a otros, presionando en forma descendente la tasa de inflación.
Durante varios períodos de los últimos dos años, por caso, el tercer cuatrimestre de 2016, el segundo cuatrimestre de 2017 y el tercer cuatrimestre de 2018, la contribución "efectiva" de la carne al incremento del costo de vida fue menor a la "neutral", y el producto se rezagó respecto de otros precios de la economía; esta situación es la que se está revirtiendo claramente en lo que va de 2019, con precios de la carne creciendo muy por encima de los promedio.
El impacto del incremento del precio consumidor de la carne bovina sobre el costo de vida mensual se puede poner luego en perspectiva de la tasa de inflación mensual. Durante 2017 y 2018, la carne explicó entre el 2,2% y el 6,7% de la inflación mensual, tomando los dos casos extremos. La línea de neutralidad en este caso es del 5,5%, que no es otra cosa que la participación de producto en la canasta. En enero de este año, la carne explica el 16,1% del incremento del costo de vida y en febrero, suponiendo una inflación general del 3,5%, habría explicado el casi el 24%.
Recomposición de la hacienda
Por detrás de la suba de precios de la carne está la recomposición del valor de la hacienda. En el 2017 la hacienda para consumo interno, caso del novillito o la ternera, perdieron entre el 7% y 8% de su valor real (medición punta a punta), tendencia que continuó un poco más moderada en el 2018, con ajustes de entre el 3% y 5%. La ecuación económica de la ganadería se vio muy debilitada por este ajuste de precios, que en realidad fue mayor, si se incluyen el fuerte aumento de costos de alimentación por salto cambiario y los efectos de la sequía, ambos fenómenos que se conjugaron el año pasado.
Este año los precios del novillito, para tomar una categoría como referencia, acumulan una suba real del 13,5% en enero y del 14,5% en febrero (para una inflación general del 3,5%), es decir un reacomodamiento de precios relativos del 30% en 2 meses. El nivel de precios en el que se ha ubicado el novillito en lo que va de este año es "relativamente alto" en la medición a precios constantes, superando al nivel medio de los dos años previos. En la medición en dólares, el precio es mayor al del año pasado, pero se ubica bastante por debajo de los valores 2010/2017.
El hecho que la hacienda se ubique en un buen nivel, en relación a otros precios de la economía, es un elemento que hace pensar que el fenómeno de reacomodamiento de precios habría llegado a su fin o que estaría muy cerca de ello. En la medición en dólares, los valores lucen relativamente bajos pero debe recordarse que a diferencia de 2016 y 2017, hoy se pagan derechos de exportación (8% proxy) y que los reintegros a la exportación son más bajos actualmente que en los dos años previos. Además, las exportaciones están ya en un nivel muy importante, lo que exige mucha competitividad de costos para seguir ampliando participación de mercado y/o conquistando nuevos. Finalmente, el consumo interno sigue todavía débil, seguramente responderá en forma contractiva a la última suba de precios y no será fácil que pueda absorber muchos más incrementos de valores.
Precios rezagados
Precios de hacienda que se rezagaron respecto de la inflación general durante 2017/2018 explicaron precios rezagados de carne a nivel consumidor final. En lo que va de 2019, el mercado está corrigiendo ese fenómeno, empezando por la revalorización de la hacienda.
En los dos primeros meses del año, los precios de los animales acumulan una suba del 38% (novillito), mientras que los de la carne del 25%. Esta corrección de precios relativos llega en un momento inoportuno, en plena lucha del Banco Central por ubicar a la inflación en un sendero decreciente.
En términos cuantitativos, el mes de febrero habría sido más afectado que enero; se estima que el aumento del precio de la carne habría incrementado el costo de vida (para una canasta de consumo como la que utiliza el IPC GBA de INDEC) de este mes en 0,8 puntos porcentuales, casi un cuarto de la inflación (3,5%) que, de acuerdo a los adelantos, habría marcado febrero.
El fenómeno de corrección probablemente esté en su fase final. El precio de la hacienda se ubica ya en un buen nivel en relación a otros precios de la economía (en perspectiva histórica). A su vez, el consumo interno seguramente responderá en forma contractiva a los últimos aumentos y, por el lado de los exportadores, no parece haber mucho más margen para seguir convalidando reacomodamientos de precios.