Por Julio Bresso*
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Para el plan Empalme, la clave serán los tiempos y la capacitación
En el Día del Trabajador, el presidente Mauricio Macri planteó el denominado "Plan Empalme". La idea aparece como buena, novedosa y pretende, satisfactoriamente, una transición para el nivel excesivo de planes y subsidios.
Dichos planes, sin duda, tuvieron un sentido en el contexto del caos de nuestro país en los primeros años del siglo XXI, pero luego pasaron a transformarse en herramienta de la política imperante.
Lo más grave es que se forjaron al menos dos generaciones de personas que se desacostumbraron o directamente no tuvieron la posibilidad de trabajar. Las necesidades básicas eran cubiertas con los subsidios y, a lo sumo, con alguna "changa", que por supuesto se pagaba en negro.
Así la cosas, es realmente necesario hacer algo al respecto.
Es imprescindible crear fuentes de trabajo, y de hecho, la obra pública y la industria automotriz lentamente lo están promoviendo. Sin embargo, más allá de la buena idea del plan en cuestión, nos encontramos con, al menos dos problemas, más allá de los enunciados por los representantes de los empresarios y grupos de interés tanto políticos como sociales involucrados:
Los tiempos de la implantación real del mismo
La falta de capacitación de las personas que están fuera del mercado del trabajo hace varios años.
Las empresas han formado, mucha de ellas con muchísimo esfuerzo, a su personal. Los han capacitado en el día a día o en jornadas tanto internas como externas.
Han invertido tiempo y dedicación para mantenerse actualizados y mejorar sus estándares de calidad. La inserción de personal que hace mucho tiempo perdió la rutina del trabajo y del aprendizaje dificulta mucho su integración en las organizaciones.
Es cierto que no todos los puestos requieren profesionales, pero todos implican un mínimo de conocimientos y de actualización.
La implementación, por lo tanto, se hace difícil. Cuando una persona ingresa a una empresa, no empieza a producir el mismo día, requiere de un tiempo de aprendizaje de la tarea, de sus compañeros, de la cultura y subculturas que existen en la misma.
Los ejecutivos de RRHH y empresarios con los que hemos hablado, resaltan la problemática de la falta de formación laboral. Asumen la buena intención de la propuesta, pero sería necesario, proponen, algún tipo de formación básica previa que pueda brindar el Estado o hacerlo de manera compartida, de lo contrario los presupuestos de capacitación no podrían sustentarlos y el tiempo para comenzar a trabajar realmente se extendería demasiado en la realidad, sumado a la inserción en los grupos de trabajo ya constituidos y con cierto nivel de conocimiento.
Por otra parte, dentro de sus programas de Responsabilidad Social Empresaria,las empresas podrían incluir acciones de capacitación para cubrir este bache que trajo el sostener en el tiempo una medida de emergencia económica, devenida casi a un estilo de vida.
*El autor es profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.