10 de abril de 2026
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El "ítem aula" y su explosión en la nación

La bala de plata que usó el gobierno mendocino para ordenar una situación anómala que se arrastraba por años en el sistema de educación pública, desembarcó con fiereza en el escenario nacional. Tras un año completo de su aplicación, se registran entre 5 y 7 mil ausencias menos mes contra mes. Las faltas disminuyeron un 40 por ciento promedio. ¿Es una medida extorsiva o simplemente un caso de sentido común?

El famoso "ítem aula", naturalizado ya en Mendoza luego de la fuerte resistencia que tuvo de parte del gremio docente mendocino más de un año atrás, se transformó en una de las claves que alimentaron el duro enfrentamiento, nacionalizado más por lo que aporta al debate político que por sus efectos concretos, entre el gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal y los sindicatos docentes con su referente más notable a la cabeza, Roberto Baradel.

Lo que resulta llamativo de todo el entuerto que vemos a diario producirse en la provincia más importante y desordenada del país es la resistencia a los cambios, que se basan en razones obvias y de sentido común, de aquellos sectores que nunca visualizaron ni registraron, claro está, que buena parte de la ciudadanía a estas cuestiones, como las del "ítem aula" por ejemplo, las tenía -y las tiene- internalizadas en el contexto en el que se mueven las relaciones comunes.

Dicho de otro modo: a ningún trabajador sensato del ámbito privado, en general y de acuerdo con los sectores claro está, se le ocurriría siquiera buscar formas o métodos para eludir la responsabilidad de presentarse diariamente a cumplir con su responsabilidad basada en el principio de que "el trabajo dignifica", por caso, sin evaluar, al menos, las consecuencias negativas directas que le caerían encima. Entre ellas, las de perder la dignidad en la peor de las situaciones.

El problema de la gobernadora Vidal, entre tantos y serios, es que inició su cruzada imitando el caso mendocino en medio del conflicto, cuando la guerra a todo o nada que libran gobierno y sindicato, ya estaba declarada. Vidal, jugada por jugada, avanzó en el conflicto con la andanada de la puesta en valor del "ítem presentismo", el equivalente mendocino al "ítem aula". También sabe que será difícil ganarle la pulseada a los gremios nucleados detrás del líder Baradel, pero el mensaje de la guerra que está librando está más afuera del conflicto que adentro. Casi un calco de la estrategia que ordenó cumplir Alfredo Cornejo más de un año atrás cuando eligió a los estatales, a todo el sector, como el adversario ideal para fidelizar el acompañamiento que había recibido del resto de la sociedad que lo había votado.

Ayer, en una reunión del consejo de ministros de Educación que se desarrolló en Salta, el caso mendocino sobrevoló las deliberaciones que estaban convocadas para analizar en detalle los resultados del Aprender 2016. A Jaime Correas, el director de la DGE mendocina, le tocó exponer la experiencia y cuando al caer la tarde, ya en Buenos Aires, continuó atendiendo a medios porteños curiosos por e desarrollo del método y por conocer las razones por las cuales en Mendoza los paros nacionales de los docentes sólo han tenido entre un 1 y un 4 por ciento de acatamiento. Una isla en el medio del mar bravío.

El sentido común, que está volviendo a ser en alguna medida el componente que está aglutinando los reclamos de la sociedad que no se expresa en los espacios públicos, apareció con fuerza en la comunidad educativa de los colegios de la Universidad Nacional de Cuyo que no tienen clases normales desde el inicio del ciclo lectivo porque sus docentes se adhieren a las medidas de fuerza nacionales. Los padres de estos colegios, en especial los del Departamento de Educación Docente (DAD), han puesto sobre las cuerdas a las autoridades de la UNCuyo, que administra la escuela, para que idee alguna medida que permita la reactivación normal de clases mientras los docentes y ellos discuten los salarios. En la universidad no se descuentan los días de paro y tampoco existe un "ítem aula", y es la provincia la que financia, vía subsidios, el pago de los sueldos. La queja ya golpea, por esa razón, la Casa de Gobierno. Desde la administración de Cornejo responden que sólo se aporta la plata y que es la universidad la que tiene que rendir cuentas por ello. Pero a los colegios de gestión privada, que también subsidia la provincia, se les viene impuesto desde mucho tiempo atrás la condición de un presentismo mínimo para garantizar el envío de los fondos. Los padres de los colegios universitarios comienzan a exigir lo mismo. Otro síntoma del sentido común que la sociedad comienza a hacer valer ante los funcionarios, sin distinción de ámbitos, nacional o provincial.

Se puede estar más o menos cerca, ideológicamente hablando, del gobierno de Cornejo. Se puede ser de derechas o de izquierdas, liberales o conservadores, radicales o peronistas, pero lo que no se puede negar es la efectividad de la medida transformada en la estrella nacional.

Por el "ítem aula" y cuando se ha cumplido un año entero de su aplicación, las ausencias disminuyeron un 40 por ciento. De 100 docentes que faltaron a sus clases durante el 2015, en el 2016 la cifra bajó a 60. Mes contra mes, de acuerdo con datos oficiales, entre 5 y 7 mil docentes han dejado de ausentarse.

La pregunta es, apelando al sentido común, si es cierto que hoy se presentan ante los chicos enfermos como, con seguridad absoluta, afirma el sindicato que los representa. Está claro que no y por supuesto, considerando desde ya los casos puntuales. Pero entre 5 y 7 mil casos parece ser un número serio como para asegurar graciosamente cualquier cosa.

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