En pocas horas más, el gobernador Alfredo Cornejo develará el nombre de quien propondrá para ocupar la presidencia del Departamento General de Irrigación en remplazo de José Luis Álvarez, el peronista que cumple hoy su último día de gestión en el lugar al que accedió de la mano del por entonces gobernador Francisco Pérez, el 28 de marzo del 2012.
Los nombres en danza, como suele ocurrir, se cuentan de a montones. En la línea de los posibles aparecen Alejandro Gennari, actualmente a cargo de la Unidad de Cambio Rural del Ministerio de Agroindustria de la nación; el secretario de Servicios Públicos del gobierno de Cornejo, Sergio Marinelli; el diputado nacional radical Luis Borsani y el diputado provincial también radical, Gustavo Villegas.
Gennari es, de los posibles, el hombre al que todos apuntan como el ideal para ocupar el cargo que deja Álvarez, pero carga con varios inconvenientes que en las últimas horas le hicieron perder algunos casilleros, entre ellos el hecho de que su nombre circuló abiertamente como "el número puesto" para ocupar el cargo de "gobernador del agua" desde por lo menos un mes atrás, lo que literalmente lo dejó "emparrillado" lo que significa en la jerga política que de tan promovido, de tan seguro pasó a ser incinerado por las operaciones en contra y porque, entre otras cosas, Cornejo perdió el factor sorpresa en el anuncio, una condición clave con la que se mueve en este tipo de circunstancias tan especiales el actual gobernador.
Pero también aparecieron otras razones de peso que habrían hecho que Cornejo desestimara su promoción para el manejo del agua. Se trata del actual lugar que Gennari ocupa en el Ministerio de Agroindustria que conduce Ricardo Buryaille, apetecido por la interna entre radicales y macristas que se mueve dentro del ministerio. Los millones de dólares que Gennari administra en la Unidad de Cambio Rural para promover el desarrollo de algunos sectores específicos de las economías regionales han sido motivo de varias disputas sordas entre los sectores políticos que ven allí una posibilidad de ampliar sus espacios de poder dentro de la coalición gobernante. En caso de que Gennari dejara ese lugar, seguramente el radicalismo perdería el espacio que alcanzó merced a las gestiones que hiciera en su momento Ernesto Sanz, el radical más influyente en el gabinete nacional sin contar con cargo alguno.
Sanz y Cornejo evaluaron que, de salir Gennari, difícilmente podrían remplazarlo con otro hombre de confianza para ambos por lo que las chances de Gennari se fueron desvaneciendo en los últimos días.
Además, lo que no es menor, Gennari en Buenos Aires formará un tándem mendocino con el recién llegado a la vicepresidencia del Banco Nación, Enrique Vaquié. Desde allí, se ilusionan en Mendoza, con Sanz a la cabeza, se diagramará lo que se supone un fuerte poder de lobby a favor de los intereses provinciales cuando las urgencias y las necesidades obliguen a la provincia a golpear puertas en Buenos Aires.
Cornejo dijo ayer que hoy daría a conocer el nombre del propuesto para Irrigación, cuyo pliego debe pasar por la aprobación del Senado. En las últimas horas se hablaba que priorizaría un funcionario de su absoluta confianza política más que el de un perfil técnico como se especulaba. En ese sentido, Marinelli parece ser el indicado y quien más cerca está de la designación.
Pero lo trascendente de todo, es que quien se haga cargo del DGI, tendrá sobre sus espaldas el desafío enorme de recuperar la confianza en un organismo central para la provincia que en los últimos años perdió en credibilidad y en autoridad para reglar el uso del agua en una provincia en donde ese recurso es el más central y vital de todos.
Si bien Álvarez se va dejando una situación mucho más cómoda que la que recibió en el 2012, implementando un balance hídrico provincial, poniendo en funcionamiento el voto electrónico para la elección de los inspectores de cauce, impermeabilizando cerca de 80 kilómetros de cauce, recuperando en parte el Carrizal y dejando en marcha la construcción de unas 40 hectáreas de reservorios de agua en la cuenca del Río Mendoza, pocos pueden olvidar aquellos hechos de corrupción que conmovieron al departamento durante la gestión de Eduardo Frigerio, secundado por quien fuera su asesor Jorge Villalón.
La Corte todavía analiza el planteo de casi una decena de conocidos empresarios, muchos de ellos agitadores de la farándula social y televisiva del país, que cuestionan la decisión de la provincia de negarles el acceso a pozos de perforación de donde extraerían agua en zonas vedadas, para desarrollar emprendimientos inmobiliarios y de entretenimientos exclusivos.
Aquellos pozos fueron habilitados durante el 2010, en plena gestión de la dupla peronista Frigerio-Villalón. Fueron 20 perforaciones que se permitieron en Alto Agrelo, una zona en donde las aguas subterráneas se encuentran en medio de crisis que se arrastra desde varios años. Frigerio otorgó permisos precarios, de acuerdo con una denuncia presentada por legisladores de la oposición en su momento, de forma irregular a todas luces. Se cree que por cada pozo los empresarios pagaron cerca de 100 mil dólares de coima por cada uno de ellos.
Entre los inversores figuraba Marcelo Tinelli y otros empresarios vinculados con medios de comunicación. Nunca hubo una investigación a fondo para que se determinaran las responsabilidades. Pero antes de que Frigerio llegara al Jury de Enjuiciamiento, dejó el cargo renunciando dos días antes de que Francisco Pérez se hiciera cargo de la provincia, el 10 de diciembre del 2011.
La estela dejada por aquel escándalo todavía sobrevuela la administración de Irrigación y su imagen de organismo rector absoluto e impoluto del agua en Mendoza, nunca fue recuperada.