La reforma de la Constitución: entre el resentimiento y la falta de confianza
De los asuntos políticos más trascendentes que dan volumen al debate entre oficialismo y oposición en Mendoza, es el de la reforma de la Constitución el que parece haberse extinguido, saliendo aparentemente de la agenda política. El otro, vinculado con la fecha en la que los mendocinos iremos a votar para renovar parte de la Legislatura provincial y los concejos deliberante, sigue en manos de la exclusiva decisión que debe tomar en breve el gobernador Alfredo Cornejo: el rumbo sólo brinda dos caminos a tomar, o posterga los comicios provinciales para el primer trimestre del 2018, o bien acompaña el cronograma nacional ya fijado por la Justicia Electoral del país, en agosto las PASO y octubre las generales.
El primero de los temas, el del intento de reforma de la Constitución con el agregado de permitirle a Cornejo jugar una chance de reelección en el 2019, parece haber salido ya de la agenda. Pero sólo parece, porque puede que se reactive por una propuesta que, en reserva y hermetismo, analizan algunos de los intendentes peronistas con quienes comisionados de Cornejo venían negociando el operativo reforma y que se desmoronó hace una semana cuando todo el PJ, en apariencia unido, anunció que no daría su aval para avanzar en ese objetivo encontrando un motivo, el de la negativa la reforma acompañada con críticas a la gestión del oficialismo, que le permitió ocupar el centro de la escena protagónica en medio de una crisis de conducción y de liderazgos fuera del poder, histórica.
La razón por la que no hay que decretar la muerte del proyecto de reforma se basa en que el oficialismo cornejista podría volver con la intentona desde el año próximo, pasadas las elecciones. Pero hay una posibilidad, remota, tenue como el calor y la luz de la llama de una vela, pero opción al fin que barajan al menos un par de intendentes del peronismo. Se basa en una nueva alternativa que le acercarían al gobernador para revivir el proyecto, proponiendo fijar la fecha para llamar al plebiscito en donde se le pregunta a la ciudadanía si está de acuerdo o no para reformar la Carta Magna en los primeros meses del 2018, fuera del cronograma electoral y fuera de la elección de diputados como manda la norma.
Es poco probable, hay que decirlo, que Cornejo y los suyos acepten el convite porque ya no confían en los interlocutores. Pero la propuesta sobrevuela y flotará en el ambiente y clima en donde se desarrolla la relación gobierno-oposición que, efectivamente se ha resentido. Un interlocutor del gobierno, con diálogo cotidiano con el gobernador, confesó algunas horas atrás que no hay credibilidad con ninguno de los protagonistas de la realidad del peronismo hoy en la provincia: "Años atrás uno podía tener una conversación reservada con los referentes de peronismo, empezando por los intendentes; ahora nos reuníamos y a las pocas horas trascendía parte de lo que conversábamos y encima en público decían todo lo contrario de lo que habíamos hablado. Eso nos pasó con los intendentes", dijo el vocero.
Parte del fracaso en este intento por reforma la Constitución, hay que decirlo también, se le debe atribuir al propio Cornejo y su estrategia desplegada. El gobernador siempre escondió el debate y su interés por explorar su posible reelección. Afirman que quienes lo animaron fueron los hombres más cercanos que al advertir la crisis en la oposición no dudaron en convencer al gobernador que los dejara avanzar en la idea. Cuando ya se habían embarcado en la aventura, con un Cornejo más o menos convencido, se falló en la comunicación y en la aparición sorprendente de un cierto costado conservador del gobernador. No se animó a plantear de cara a la sociedad que iría a buscar la reelección, de forma abierta, como le pidió públicamente uno de los caciques del peronismo, Jorge Omar Giménez, de San Martín, quien por los micrófonos de Radio Andina apuró al gobernador a que expresara en público sus intenciones y que ellos, así, le darían apoyo, dejando en manos de la ciudadanía en definitiva elegir a Cornejo por un período más o no. La movida se sustentaba en que Giménez y otros pocos en el peronismo avizoraban y lo siguen percibiendo hoy que no podrían llegar al 2019 con un candidato alternativo que encantara a los votantes.
Como sea, la pequeña luz de esperanza sobre la reforma está encendida y puede que juegue su chance en pocos días más, cuando se enfríen las consecuencias encendidas que generó en Cornejo el no del peronismo de la semana pasada.
Por ahora, el gobierno ha dejado trascender que endurecerá su posición ante el peronismo y que ya no será tan fácil acordar o negociar cuestiones de la coyuntura de gestión habitual. Se verá más adelante si esto es así o no. Lo que sí aparece como inevitable, son las consecuencias que provocará la fecha de llamado a elecciones que definirá Cornejo en unos días. Seguro que buscará no sólo lo que más le convendría al su gobierno y a sus candidatos, sino por sobre todas las cosas, provocarle el mayo daño posible a sus adversarios peronistas y a los intendentes, especialmente, con los que más resentido está.