Cornejo y Montero, dos socios políticos sin derecho a roce

La relación entre el gobernador y la vice se tensa con el paso del tiempo. Cornejo se fastidia, en privado, por muchas de las decisiones que toma la jefa del Legislativo. Montero resiste el poco margen que le dejan para hacer política y crecer. La remodelación de la Legislatura, las cercanas elecciones en Santa Rosa y hasta el conflicto entre Mendoza y La Pampa por el río Atuel, son los escenarios en donde saltan a la luz las diferencias de criterio. Claudia Najul, desde la conducción del bloque radical, la apuesta del gobernador para tener a tiro a la vice.

Como en una partida de ajedrez en donde los jugadores se miden antes cosas importantes discurre la relación entre el gobernador Alfredo Cornejo y su vice Laura Montero. El gobernador controlando y haciendo controlar los pasos de su compañera, tal como es su estilo, y la vice usufructuando al máximo posible de los espacios de poder con que cuenta para blindarse de la influencia y presencia omnisciente que ejerce la figura del gobernador sobre todo lo que toca y gira a su alrededor.

No son caprichosas aquellas aseveraciones -periodísticas o de los corrillos políticos-, que aseguran que tarde o temprano esa sociedad por conveniencia que conformaron ambos y que les permitiera alcanzar la tan ansiada gobernación se quebrará como ha ocurrido con la mayoría de los duetos que han conducido la provincia desde el 83 en adelante. Los quiebres y desajustes en los gobernadores y sus vice han sido moneda corriente, algunos más visibles y extrovertidos que otros en los que las formas, el cuidado y la prudencia se han impuesto por sobre las diferencias.

Para el caso de Cornejo y Montero las especulaciones en torno a cómo sobrellevarían ambos esa relación tan compleja y especial, han sido moneda corriente desde el mismo momento en que se conformó la fórmula. Cornejo y Montero se desconfían uno a otro. El gobernador ve detrás de la vicegobernadora a Julio Cobos, al actual senador nacional que siempre quiso tener lejos de Mendoza desde que se transformó en el candidato a la gobernación por el espacio pluripartidista Cambia Mendoza. Montero, por su parte, sigue convencida de que ella contaba con mejores condiciones propias para conducir la provincia que el actual gobernador. "Él llegó porque tenía estructura y poder partidario al que yo no podía hacer frente", dice de tanto en tanto la vice cuando la ocasión se lo permite.

En ese estado de situación se dividieron las tareas, conscientes ambos de sus pareceres tan distintos sobre mismas las mismas cosas. Montero tomó la legislatura como su coto para desarrollar y ampliar su perfil político. Más de una queja dejó en el camino cuando dispuso los nombramientos de la considerada planta política de asesores y cargos más apetecibles. Cuando los legisladores peronistas que venían de perder la provincia intentaron poner el grito en el cielo por el avance de Montero sobre sus dominios, se encontraron con varios radicales que se les cruzaron en el camino advirtiéndoles que hasta muchos de ellos, senadores especialmente, habían sido perjudicados porque la vice, haciendo uso de sus facultades, abrochó los cargos más trascendentes e influyentes con su propia tropa sin dejarles mucho margen de acción a los integrantes del bloque.

Cornejo no ve con los mejores ojos los movimientos de la vicegobernadora. Por caso, muchas de las decisiones políticas que toma desde la Legislatura han sido observadas por el Ejecutivo y discutidas con fastidio en la intimidad de las reuniones puramente políticas. Cornejo interpreta como un gasto inútil y una pérdida de tiempo sublime discutir, siquiera, la posible construcción o remodelación del edificio parlamentario que se ha dejado trascender desde la Vicegobernación y por supuesto que nunca estuvo de acuerdo en jugar políticamente fuerte en las próximas elecciones de Santa Rosa para elegir al reemplazante del ex intendente Sergio Salgado, actualmente preso acusado de cometer graves irregularidades en el manejo de los fondos de ese departamento del Este mendocino.

El gobernador entiende que el radicalismo perderá mucho más de lo necesario apostando fuerte en esa comuna que cree que seguirá siendo peronista pese a la caída en desgracia de Salgado. Pero Montero allí fue con todo lo que tenía, aportando conocimiento y recurso humano disponible para la concejal a cargo de la intendencia, la radical Norma Trigo, con el fin de recomponer el desorden generalizado desde lo administrativo aspirando a que un candidato radical apadrinado por su figura pueda hacerse del triunfo tanto en las primarias como en la general prevista para el próximo verano.

El eterno conflicto que la provincia tiene con La Pampa por las aguas del río Atuel ha sido quizás el último de los escenarios en donde la dupla que gobierna Mendoza también ha desplegado su sinnúmero de pareceres y diferencias. Montero se puso como objetivo explorar el tema y Cornejo, desde un papel secundario, permitió con reservas que la vicegobernadora hiciera su apuesta. En La Pampa mucho se criticó en las últimas horas el papel del gobernador sobre la fallida reunión que las dos provincias vienen de tener en Buenos Aires, en el salón Rojo del Palacio de Hacienda de la nación, detrás de un acuerdo cada vez más lejano.

Carlos Verna, el gobernador pampeano, acudió a la cita convencido de que se sentaría cara a cara con su par mendocino Cornejo. Pero al encuentro fue Montero y cuando la vicegobernadora rechazó la propuesta de Verna de crear un Comité de Cuenca del Río Atuel -idea que Cornejo también objeta de plano-, el pampeano se levantó del asiento y se retiró dando un portazo. Cuando llegó a su provincia declaró a los medios que una vez más Mendoza había faltado a su palabra y que los mendocinos no somos gente de confiar. Acusó a Cornejo de no asistir cuando había prometido estar y desautorizó a la vicegobernadora a quien no reconoció como interlocutor viable para buscar una solución a un litigio de décadas. No son pocos los que creen ver una movida de Cornejo para dejar fuera de juego a la vicegobernadora Montero.

Pero el hecho político quizás más trascendente en el sordo enfrentamiento de ambos se dio pocos días atrás cuando el gobernador dispuso nombrar al senador Alejandro Molero como candidato a presidir el Iscamen tras la renuncia de su titular, el peronista Raúl Millán, quien se fue acorralado por denuncias que dan cuenta de una serie de irregularidades en el manejo de los fondos de la institución que vela por la calidad y la sanidad animal y vegetal de la provincia.

A Cornejo le llevó varias horas de análisis decidir el enroque que tenía en mente, pero finalmente lo llevó a cabo. Un movimiento con alto voltaje político y plagado de señales. El gobernador siempre creyó que Molero debía ser su candidato. Pero Molero, como senador, tenía en sus manos la estratégica jefatura del bloque. Al irse Molero debía dejar en su lugar a alguien de suma confianza para controlar a Montero.

Cornejo desplegó toda la inventiva y creatividad a sus dotes de gran rosquero. Convocó a Ricardo Mansur, actual diputado provincial, ex intendente de Rivadavia y uno de los integrantes de los Territoriales del radicalismo mendocino y le ofreció la conducción del Iscamen. Pero Mansur rechazó el ofrecimiento previamente agradecerle al gobernador el gesto. Mansur aspira, en verdad, a estar entre los potenciales titulares de Irrigación para suceder a José Luis Álvarez, cuyo mandato finaliza el año próximo.

En el Ejecutivo mendocino aseguran que Cornejo conocía de antemano el deseo de Mansur de ir por Irrigación antes que por el Iscamen, hecho que puede ser incomprobable. Pero como sea, la jugada apuntaba a mostrarse generoso con un sector del radicalismo del que no es tan afín, como lo es Cobos por caso y, desde ya, la vicegobernadora Montero.

La película completa da cuenta de que en lugar de Molero, en la jefatura del bloque, se promovió a Claudia Najul. La senadora aceptó el reto y el desafío y cuando fue designada desplegó en una carta pública su orgullo y agradecimiento por la designación. Pero entre sus objetivos y metas tiene uno por demás trascendente: mantener el control de y para Cornejo sobre los movimientos políticos de la vice. Un fin complejo ante una jefa del Senado, como Montero, que ha desplegado allí todo, o el mucho, poder del que pueda hacer gala. Empoderada por el gobernador, Najul dio el sí, convenciendo a Cornejo con que no lo defraudará.


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