En medio de una extraña calma camina el segundo semestre del año la política mendocina y, por ende, la provincia y su gobierno, desde ya.
En medio de una extraña calma camina el segundo semestre del año la política mendocina y, por ende, la provincia y su gobierno, desde ya.
Mientras la actualidad es dominada casi exclusivamente por la agenda nacional, con las investigaciones a Cristina Fernández por enriquecimiento ilícito y otros actos de posible corrupción que se le imputan a ella y hacia quienes fueron algunos de sus más importantes funcionarios; con el revuelo mediático dejado por la reunión entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli y con el interminable meneo y ruido de fondo que deja el judicializado ajuste de tarifas ordenado por la nación; el gobierno de Alfredo Cornejo se mueve sin mayores urgencias y hasta con sorprendente holgura y tranquilidad.
Tan es así, que el gobierno ha logrado destrabar un viejo plan de obras viales financiadas por la nación del que se viene hablando desde hace varios años con una promesa de inversión de más de 8 mil millones de pesos y, como resultado de un celo absoluto en el manejo de los fondos con que se cuenta, sumado al uso del crédito aprobado por la Legislatura para enfrentar la emergencia en seguridad, Cornejo avanza en el equipamiento de la Policía gambeteando sin mayor dificultad las denuncias que le llueven a la cúpula policial por demostrar tener mano dura y tolerancia cero con los históricos negociados de algunos efectivos con los fondos de los servicios extraordinarios por un lado, y una mirada laxa y tolerante sobre otras irregularidades, quizás menos explosivas, pero que tienen como protagonistas a personal del palo de la actual conducción de la fuerza, por el otro.
Pese a un notable incremento del mal humor social por la situación de estrechez en la que se vive, sin resultados económicos que festejar por parte del elenco de gobierno nacional sino todo lo contrario, Cornejo sabe que tiene por lo menos hasta fin de año para seguir profundizando las reformas y transformaciones que ha encarado sobre la organización y administración del Estado. El 2017 será otra historia. A partir del año próximo, su administración tiene que mostrar otro vuelo y dar señales de que la provincia comienza a enderezar su economía y salir de la espiral descendente que hoy tiene.
La caída en la que está inmersa la provincia la confirman los propios datos oficiales. Mendoza se encuentra en el top tres de las provincias más afectadas por la recesión, la pérdida de empleo y la escasa actividad de desarrollo de su producción. El gobierno de Macri acaba de dar a conocer sus primeros indicadores serios sobre la situación del empleo. En lo que va del 2016 se han perdido 96 mil puestos de trabajo. Y Mendoza refleja los peores datos, negativos, luego del Gran Buenos Aires y el Gran Paraná con una caída en el empleo del 0,3 por ciento. Buenos Aires reflejó 0,6 por ciento y Paraná un 6,2 por ciento. (Ver: http://www.sitioandino.com/nota/206207-datos-oficiales-cayo-el-empleo-privado-y-mendoza-esta-en-el-podio/ ).
A nivel global, la industria manufacturera, la construcción, el transporte, el comercio y los servicios financieros han sido los sectores más afectados por la pérdida de actividad y, por ende, de empleos, de acuerdo con los datos oficiales difundidos este jueves. Aquí en Mendoza los funcionarios, y también los referentes de las actividades económicas, abusan del argumento que se viene dando y extendiendo al ritmo del parate: que en tiempos de caída de la actividad y nulo crecimiento, Mendoza es la que más cae, incluso a nivel nacional y que en épocas buenas la provincia llega a mostrar mejores índices de actividad y desarrollo que el resto del país.
Como sea, el gobierno no parece estar tan atento a la situación que padece la provincia. Se dice, claro, que hay preocupación. Pero no aparece, sin embargo, una línea de acción y de trabajo visible al menos para experimentar otros rumbos y horizontes. La calma chicha es la constante y es esa ausencia de creatividad, o quizás cierto grado de temor a encarar posibles salidas de explotación y desarrollo económico con mala prensa, la principal amenaza hacia un gobierno que juega al límite con la paciencia de la población.
Con todos los frentes de conflicto, así y todo, dominados, el gobierno cierra una semana en donde lo que más lo ha incomodado y perturbado ha sido el del casino privado Cóndor de Los Andes, de la empresa KLP, la misma que regentea el Hotel Intercontinental. Cornejo daba anoche plazo hasta hoy a la mañana para que la empresa aceptara pagar 36 millones de pesos en efectivo, firmar un plan de pago por cerca de 60 millones de pesos en 36 cuotas y diera su visto bueno para que el compromiso se enviara a la Legislatura para que las cámaras ratifiquen el posible acuerdo. En caso de no llegar a un arreglo en esas condiciones, el gobernador decidía anoche el cierre de la sala de juegos despertando un nuevo conflicto, en este caso social y mucho más preocupante, con más de 200 empleados inmersos en la incertidumbre sobre su futuro.
El cambio de época se va extendiendo y con él aparecen las reacciones a favor y en contra en medio de un espacio político y social se podría decir, inédito. También en lo económico, porque para muchos lo que se está imponiendo con el modelo Macri es un camino de transición hacia un anhelado desarrollo. Claro que el opositor más férreo, aquel que comulgó bien o mal con el con el modelo que expiró en el 2015 la tiene más clara. Lo que hay, para este perfil férreamente crítico, es un liberalismo salvaje ya conocido por todos desde los 90. Otros prefieren esperar a ver qué pasa, con paciencia; una paciencia finita, claro está.
Sobre el modelo en ejecución, viene a cuento una anécdota, estrictamente real y reciente: tres hermanos se han encontrado luego de algún tiempo sin verse. Dos viven en Estados Unidos y el tercero en Mendoza. De los dos que viven en Nueva York, uno de ellos extraña con locura Mendoza y la Argentina. Extraña el café, los asados, la reunión con los amigos. Los dos dejaron Mendoza hace 25 años. Ahora los hermanos se han reunido por algunos días en la querida Mendoza. El que oficia de local no deja de atender su rutina diaria. Es más, a uno de los hermanos lo lleva al café de todos los días con los amigos y su hermano disfruta, pregunta, libera su curiosidad para que le cuenten, con ansiedad, cómo se está viviendo ahora en su provincia. Pero el otro hermano no se suma, no asiste al café ni tampoco se lo ve dedicando horas al esparcimiento. Por lo que el hermano anfitrión decidió enfrentarlo y sacarse la duda de su negativa y oposición a sumarse a esas habituales tertulias: ¿En serio querés que vaya al café con ustedes? ¡¿Al café?!, casi le gritó. No hermano querido, en el café se pierde tiempo. Vengo de una sociedad en donde aprendí a valorar el tiempo, hago negocios, vivo de eso. De ninguna manera puedo sentarme dos horas a perder el tiempo. Nadie me va a venir a rescatar cuando se me venga la mala. Vengo de un lugar en donde el 30 por ciento de lo que gano se lo lleva el Estado y es así, sin más vueltas y donde cada uno se las tiene que arreglar para salir adelante. Cuando el sistema funciona, como allá, el laburo y el no perder tiempo te termina premiando. Por eso, entre otras cosas, no vuelvo más que para visitarte.
Muchos creen ver que algo de lo que cuenta el mendocino que vive en Estados Unidos, el que no va al café, puede llegar a establecerse en el futuro reciente por estos lares . Para bien o para mal. Se verá.
