10 de abril de 2026
{}
Columna Política

Macri y Cornejo, ¿comunican mal o no tienen más por hacer y por decirnos?

A falta de resultados concretos en las gestiones de ambos jefes de Estado, uno en la provincia y otro en la nación, se polemiza sobre el estilo y las prácticas de comunicación en torno a lo que sus gobiernos hacen y no hacen. Qué tienen en común y qué no. Cornejo evita exponerse y se refugia. Macri se muestra afable y explota un estilo en apariencia extrovertido y alejado de las temidas conspiraciones.


Tanto el gobierno de Alfredo Cornejo en Mendoza, como el de Mauricio Macri en la nación poseen cosas en común. La crisis que heredaron, que les dejó un Estado casi devastado, y las pocas posibilidades de levantarlo rápidamente por varios factores, entre ellos la desconfianza y compromiso de los empresarios locales, y la misma desconfianza de los inversores extranjeros que ven al país, y por ende a Mendoza, como una tierra de oportunidades pero conducidos por gobiernos voluntariosos aunque carentes de ideas y de medidas que garanticen reglas claras, justas y por sobre todo una voluntad inquebrantable de mantener políticas que perduren en el tiempo, aunque en la inmediatez no les proporcionen beneficios directos y cheques que se puedan cobrar de inmediato por ventanilla.

Cornejo, sin un programa definido en materia de comunicación pública amplio, sino más bien entregado a ser él mismo el encargado de decirles a los mendocinos cómo se encuentra la situación de la provincia, sus planes, sus estrategias descritas en primera persona, ha extendido la idea de que por varios años los mendocinos no podrán soñar más que con sólo ordenar la casa.

Deja trascender que como se vendió tanto humo en el pasado reciente, el abocarse a describir por caso una planificación a largo plazo para hacer más eficiente la matriz económica de la provincia, definir entre todos un perfil más funcional y moderno, podría ubicar a su gobierno, y a su propia persona, en el rincón más gris de la historia de la provincia en el que han quedado ubicados sin lugar a duda sus más recientes antecesores.

Aunque el gobernador hace intentos, de tanto en tanto, por demostrar que también tiene en mente algo de la Mendoza grande que se necesita, aunque más no sea para seguir contando con un proyecto de todos, esos resultan vacuos y poco alentadores a la vez, por el solo hecho de estar atados a una mera enumeración de programas ya conocidos y que siempre se han frenado por falta de recursos o por una ausencia total de convencimiento para militarlos. Hace tiempo que no se piensa una Mendoza que no sea la que sigue empantanada en la mediocridad que envuelve a todo el país.

Uno por cultivar el secretismo y la obsesión por el manejo de la información y de todas las variables que dan sustento a la agenda política, por caso Cornejo; y otro por definir objetivos generales y darle aire a decisiones polémicas, arbitrarias y discutidas de las que luego se tiene que rectificar, por caso Macri, lo cierto es que ambos gobiernos comparten falencias que atribuyen a errores de comunicación.

Las dos gestiones están atravesando el umbral del tiempo que la sociedad, en general y gran medida, les ha dado para que logren ubicarse y por sobre todas las cosas ordenar el disparate administrativo y por qué no irregular y manchado de actos corruptos que recibieron. Y se acercan al espacio de las demandas plenas que les hará la misma sociedad sin beneficio de apelar o de culpar a las cargas que se colgaron, como lastre, en diciembre pasado. Se acercan, en verdad, a los tiempos de conflicto real con reclamos directos por gestión y resultados.

El gobierno de Macri quizás no haya cometido serios o graves problemas de comunicación a lo largo de estos primeros siete meses. Sino todo lo contrario. Quizás comunicó lo que tenía que comunicar, lo que puede interpretarse como errores lisos y llanos y poco en concreto. El gobierno de Cornejo sólo parece haberse limitado a comunicar, también, lo único que tiene. Y si sus funcionarios no brillan, evitan en general el contacto directo con los medios, como suele hacerlo el propio líder del gobierno, quizás sea porque no hay más de lo que se muestra.

Dice Edward Bernays, en su conocido libro Propaganda, cómo manipular la opinión pública en democracia: “Si el político de hoy actúa con lentitud cuando trata de asumir los métodos que son de uso corriente en el mundo de los negocios, quizás se deba a que tiene un acceso franco a los medios de comunicación de los que depende su poder. El periodista lo busca cuando necesita noticias. El político, por su parte, a menudo puede censurarlas efectivamente, ya que está en su mano facilitar la información o retenerla. De modo que el periodista, pese a ser independiente, depende todos los días del año y año tras año de ciertos políticos que le proporcionan las noticias, por lo que se ve obligado a trabajar en buena armonía con sus fuentes”. Y agrega: “El líder político debe ser un creador de circunstancias y no sólo una criatura sujeta a procesos mecánicos de estereotipia e impresión mecanizada”.

El austríaco Bernays (nació en Viena en 1891 y murió en los Estados Unidos superando los cien años en 1995) se transformó en algo así como el padre de las relaciones públicas del tiempo moderno. El libro Propaganda que acaba de volver a ser editado hace pocas semanas, fue escrito hacia fines de la década del 20, en los albores de la Gran Depresión. En el capítulo destinado al liderazgo político, afirmó: “la propaganda no sirve de nada al político a menos que este tenga algo que decir y que el público, consciente o inconscientemente, quiera oírlo”.

.

Las Más Leídas

La agresión ocurrió en la manzana 24 del barrio San Martín, en el oeste de la Ciudad de Mendoza. 
Reinas de la Vendimia: el gasto extra que afrontan las soberanas por vivir en el interior.
Video: iba en contramano por la Lateral del Acceso Este, chocó y, herida, le robaron
Murió Michael Patrick, actor de Game of Throne tras una dura enfermedad
El Gobierno nacional va por la ley de inviolabilidad de la propiedad privada: qué cambios propone. Foto: Senado.