Lo que hay debajo de las tapas

Es mejor ver lo que no se ve y escribir sobre ello, que es lo que realmente angustia a los argentinos. Por ejemplo, que el Gobierno Nacional no encuentra aún el rumbo para salir del pantano en el que se metió con los aumentos de tarifas, entre muchas otras cosas.

Por Marcelo López Álvarez

Una semana más de gobierno se ha tachado en el calendario. Una semana plagada de noticias y hechos importantes que son prolijamente tapados con el diario inflado de denuncias tendientes a hacerle creer a una sociedad entera, que sus problemas son solo propios del pasado argentino. Hasta el Día del Bicentenario de la Independencia estuvieron a punto de echarle la culpa a nuestros congresales de 1816 de haber optado por la libertad de nuestra Patria.

Esto no quiere decir que no haya que investigar a fondo y condenar -en caso de que se comprueben- actos de corrupción. Los dólares que al final no eran voladores de López o los declarados ante la las autoridades y comprados en el mercado de cambios oficial de las cajas de seguridad de la hija de los ex-presidentes, aunque se debe admitir que es la forma más extraña de ocultar dinero proveniente de la corrupción: declararlo en la AFIP y pasarlo a dólares en el Mercado Oficial, no es la mejor imagen para mostrar por parte de cualquier fuerza política. Pero tampoco lo es (por más que se intente ocultar) las fortunas en dólares que viajan de banco en banco y sociedad en sociedad a través de paraísos off shore y financieras transatlánticas.

Por eso es mejor ver lo que no se ve y escribir sobre ello, que es lo que realmente angustia a los argentinos de a pie y no a los próceres de nuestra Independencia.

El Gobierno Nacional no encuentra aún el rumbo para salir del pantano en el que se metió con los aumentos de tarifas. No solo lo aplicó moviéndose con menos cintura política que un elefante en bazar ajeno, además su discurso de necesidad de recorte del gasto fiscal hace rápidamente agua con solo un pequeño historial de las medidas tomadas desde el 10 de diciembre hasta aquí.

Pero si esto fuera poco,esta semana se conoció que el Gobierno tiene en estudio un pedido de productores santafesinos y cordobeses de una nueva rebaja de cinco puntos a las retenciones de la soja, medida que tendría un costo fiscal cercano de 1.200 millones de dólares y cumpliría con la gradualidad anunciada por el Presidente en diciembre pasado.

El discurso de los hombres del Gobierno sigue dándose de bruces con sus medidas y refuerza la percepción (ya comprobada hasta por las encuestas que se manejan en la Casa Rosada) de gran parte de la ciudadanía de que se “gobierna para los ricos”.

En economía lo que se saca de un lado va a otro, nunca dos más dos es cinco. Por lo tanto lo que se le otorga como beneficio a los sectores más concentrados y poderosos de la economía: complejo agroexportador primario, mineras, bancos, y mucho más, a través del blanqueo a costo casi cero, alguien lo tiene que poner y por ahora, de no haber novedades pronto, lo ponen los sectores más vulnerables y pequeñas y medianas empresas vía ajustes salariales a la baja, tarifazo, destrucción del mercado interno, etc.

Las aspirinas para el cáncer anunciadas por el Gobierno, como la devolución del IVA a los alimentos de la canasta básica para beneficiaros de AUH y jubilados de mínima no aparece (a pesar de que ya fue votada por el Congreso) como tampoco hay noticias de la extensión de la AUH a los monotributistas de las categorías más bajas.Para reglamentar y firmar estas medidas, la lapicera del Gobierno parece quedarse rápidamente sin tinta. Hasta el intento de arreglo del desmadre de la tarifas se terminó trasformando en un beneficio para los que más tienen y consumen.

Pero tampoco ayuda la imagen de funcionarios desorientados. La frase de “vamos aprendiendo sobre la marcha” se repite demasiado a menudo, esta semana el titular del INDEC confesó que “no sabemos qué pasa” que la inflación no baja y por segunda vez desde que se levantó el apagón estadístico tuvo que dar números oficiales que desmienten, ya no solo el discurso de campaña, sino el actual. Hace unos días tuvo que admitir que el país había crecido en 2015 a pesar de lo que dice su Presidente y esta semana, que en 2015 se crearon casi 3 puntos porcentuales de nuevos empleos respecto a 2014 y confirmar que la generación de puestos de trabajo en blanco fue ininterrumpida desde 2004 hasta 2015, exceptuando 2009.

La desaparición del equipo económico de la escena de la discusión tarifaria también es llamativa, se supone o es parte del discurso del Gobierno, que la necesidad de los ajustes es fundamental para el futuro de la estructura económica del país.

Hasta un estudiante principiante de Lengua se asombraría con los últimos discursos presidenciales. La angustia patriótica, la referencia graciosa a un personaje público condenado por abuso a un menor, la nada misma en su encuentro con jóvenes a los que se capacitará para empleo y el cierre de la semana incluyéndose –utilizando la primera persona del plural- en el grupo de los que evaden y giran sus activos a paraísos fiscales “ya no vamos a tener que escondernos, ni protegernos” dijo en la Bolsa de Comercio al hablar del blanqueo, palabras que pueden sorprender o ser tomadas como un estudiado trabajo de marketing político.

Más allá del furor del marketing político, los trolls-centers y las noticias que tapan las otras, existe la necesidad de mostrar conducción más que desorientación. Existe ya un debate en el mundo político sobre si hay aprendizaje permanente o esto es parte de un discurso para desorientar el avance a paso firme de un plan bien marcado de gobierno que se ejecuta desde el 10 de diciembre sin prisa pero sin pausa. Las medidas tomadas, la disparidad de criterios para evaluar los costos que tiene cada una de ellas y también sobre quién caen las principales consecuencias, parecen ser una respuesta a este debate.

Te Puede Interesar